La fuerza de una lágrima

Hace tiempo me topé con una frase que escribió Alain de Botton y que hasta el momento sigue resonando en los rincones de mi consciencia. Dice así:

No lloramos porque algo es triste. Lloramos porque es mas hermoso de lo que esperábamos que fuese. 

 

Así que nos movemos a punto de lágrimas a fin de soportar, de corregir un desequilibrio. Una disonancia cognitiva entre lo que esperábamos que fuese y lo que terminamos encontrando, para darnos cuenta que lo que encontramos fue mas conducente a nuestras necesidades que lo que pensamos que estábamos buscando en esa serendipia de melancolía, en esa experiencia extática. Cuando sentimos que una experiencia es inesperadamente mucho mas conmovedora de lo que creíamos.

Esto es tan majestuoso, tan intrigante y tan misterioso. Esos momentos en donde nos movemos a punto de lágrimas que definen nuestras vidas, preñados de significado, esos momentos de éxtasi revelador, de importancia extática.

Pienso que es algo increíble y me encanta cuando la música lo hace, cuando las películas lo hacen, cuando el amor lo hace, cuando los recuerdos lo hacen. Cuando sientes la piel de gallina y un frío gélido baja por tu espina dorsal. Si, esos momentos…

No lloramos porque algo es triste. Lloramos porque es mas hermoso de lo que esperábamos que fuese.

Historias

Escuchar una historia es sumergirse en una realidad fabricada por alguien mas. Las historias son herramientas que usamos para experimentar catarsis. Las historias son tecnología cognitiva que coloniza nuestro cerebro ayudándolo a crear y a distinguir patrones en nuestras vidas. Las historias nos ayudan a comprender la trayectoria del narrador, de ponernos en sus zapatos y experimentar, o tratar de sentir lo mismo que sintió en ese momento de su vida. Nos ayuda a conocer a otras personas. Es abrir nuestro libro interno y permitir que lean las paginas de nuestra mente y corazón.

Las historias son importantes, son poderosas y nos enseñan mas sobre nosotros mismos que cualquier otra forma de reflexión personal. Joseph Campbell habla sobre el héroe de las mil caras, siempre es el mismo héroe porque nos enseña las mismas lecciones, creando un mapa para que podamos transformar cada experiencia en una experiencia significativa. Nosotros estamos embebidos en nuestra propia historia. Somos actores y directores a la vez. La raza humana, quienes realmente somos, es una historia, somos los narradores y nuestra conciencia nos recuerda esto cada vez que experimentamos un momento de iluminación. Es algo nato, es algo fuerte, algo poderoso, rapsódico, extático. No seriamos nosotros mismos sin esto. Finalmente tratamos de comprender lo que sucede y siempre llegamos a la misma conclusión: El héroe de las mil caras somos nosotros.

La vision de algo mas

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Hace poco estuve pensando en como a veces tratamos de forzar los momentos, de capturar algo que aun no aparece en la foto. Y al final creo que cuando forzamos esas situaciones, hablamos sin querer, hablamos sin sentir, actuamos sin desear, y nos damos cuenta que nuestro intento de sentir “el momento” no fue mas que una idea o sentimiento frustrado.

¿Entonces que hacemos?

Tenemos que estar dispuestos a destruir nuestras mascaras, a mostrar la locura que reside en nuestro interior sin miedo a ser juzgados. Existe una tristeza en este éxtasi. A veces las cosas bellas nos hacen sentir tristes porque nos dan una pista, una excepción, una visión de algo mas. Es por esto que el amor nos llena simultáneamente de melancolía. Por eso a veces me siento nostálgico por algo que ni siquiera he perdido, porque puedo ver su transitoriedad.

¿Y como respondemos a esto? ¿A caso tenemos que amar mas fuerte? ¿Abrazar mas duro? ¿O seguimos el camino budista de cero apego? ¿Tratamos de pretender que no nos importa nada ni nadie?

Yo no puedo aceptar eso. Creo que la mejor frase que representa mi forma de pensar es esta que fue escrita por Dylan Thomas:

No voy a entrar tranquilamente en esa buena noche, pero en su lugar voy a tener rabia contra la muerte de la luz.

Pienso que desafiamos la entropía y la impermanencia. Creo que nos abrazamos el uno al otro un poco mas fuerte y tratamos de decir: No te dejare ir. Voy a extender el momento para siempre, voy a dilatar el tiempo del ahora y voy a hacer que encaje en un cuadro, foto, poema o canción. O al menos eso voy a intentar…

Las ideas importan

Torre

Solía pensar de mi mismo como un simple lingüista astuto, pero ahora me doy cuenta que en realidad soy un replicador de memes. Un meme, como estoy seguro que a todos ustedes les han dicho, es la unidad mas pequeña de una idea que aun tiene coherencia. Los memes son a las ideas como los genes son a las proteínas. –Terence McKenna

¿Que es un “meme”?

Citando de wikipedia, un meme es, en las teorías sobre la difusión cultural, la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente.”

Con la evolución cultural, pasamos de intercambiar en los genes lo que eran buenas ideas, a intercambiar “memes”, que podrían ser buenas ideas. A lo largo de la historia hemos incautado ideas de individuos por todo el mundo a la velocidad de la luz. Han pasado de cerebro en cerebro y han trascendido de generación en generación. La única forma para que una idea sobreviva es si esta es copiada en múltiples cerebros, escrita en un libro o guardada en ceros y unos en discos duros. Mientras avanzamos en el tiempo, los memes se vuelven mas críticos para la supervivencia humana. Esto nos convierte a nosotros en jugadores cruciales de lo que va a pasar en el futuro. Somos los replicadores de ideas que pueden transformar el mundo. Hemos usurpado la evolución biológica con este tipo de evolución cultural. La membrana de la mente que cubre el planeta actualmente, es aquella en la cual las ideas son literalizadas a través de la tecnología, a través de la información, a través de todas las cosas que la humanidad ha creado como fuerza geológica. Por eso es que las ideas importan. Por eso es que importa que opines, importa que te levantes, importa que hables aunque todo el mundo este en tu contra, importa que luches contra todos tus miedos para ser escuchado.

Así que te pregunto: ¿ Cuales son las ideas que tu vas a propagar por el mundo? ¿Que vas a dar a cambio? ¿Que vas a replicar? ¿Con que vibras vas a difundir? ¿Que vas a transmitir a futuras generaciones? ¿Cuales son las magnificas visiones que tu vas a circular en la esfera de la información, en la esfera de la mente?

Esto es algo que todos nosotros deberíamos de pensar cada vez que escribimos un tweet, un estado en Facebook, compartimos o publicamos algo. Nosotros somos coautores de la historia del futuro.

Vela

Un caso de optimismo

Atardecer en la Ciudad de Guatemala

La naturaleza humana es compleja. Incluso si tenemos inclinaciones hacia la violencia, también tenemos inclinación hacia la empatía, a la cooperación, al autocontrol. – Steven Pinker.

Actualmente vivimos sumergidos en una sociedad a la cual yo llamaría: pesimista. No existe día alguno en la que no escuche o lea que la situación en Guatemala, y el mundo en general, va en declive. No los culpo, pues actividades cotidianas como salir a la tienda o estar esperando en un semáforo, nos generan cierto pánico a ser victimas del crimen. Este tipo de preparación inconsciente, la cual nos hace dejar los celulares y las billeteras cuando salimos a la esquina, es una respuesta al peligro que creemos que existe. Pero no es casualidad. Este tipo de respuestas se la debemos a una parte del cerebro que se ha desarrollado por miles de años, la cual es encargada de activar alarmas en los momentos donde tenemos que huir o neutralizar la amenaza. Esto ha sido biologicamente selecto, ya que nos ha ayudado a sobrevivir en el tiempo. Vivimos en una era donde los medios de comunicación se basan en el principio: Si sangra, manda. Pueden entender porque seguimos las noticias de ultimo momento en las redes sociales o porque nos pegamos a la televisión viendo las noticias mas negativas, creando algún tipo de retroalimentación pesimista.

Ahora bien, los invito a ver un poco mas de cerca, a mover la cortina, y podrán ver algo mas tranquilizador. Según el trabajo de Steven Pinker, autor del libro: “The Better Angels of our Nature”, ha realizado una tremenda investigación acerca del mito de la violencia. Según en su charla de TED, la civilización ha ido mejorando por cientos de años. Hoy, la probabilidad de morir en las manos de otra persona, en una escala global, son las mas bajas en la historia de la humanidad.

Gapminder” y el trabajo de Hans Roseling, un estadista que ha mapeado cada nación en la tierra por cada indicador de calidad de vida y muestra que cada país esta mejorando, incluso los mas pobres, como el nuestro. Hace poco estaba leyendo en “The Economist” como la violencia sí se ha logrado reducir en Guatemala. Del 2009 al 2013 pasamos de 46.3 asesinatos por cada 100,000 habitantes a 34.0. No digo que sea algo de estar orgullosos pero es algo positivo. Hay muchísimos indicadores mas que muestran como Guatemala ha mejorado en las ultimas décadas y no estoy diciendo esto porque yo sea un optimista. Cuando vemos la foto completa, podemos ver a la maquina de la civilización humana utilizando sus herramientas para enfrentar los problemas de la humanidad. En el 2010 las Naciones Unidas citó a el celular como una de las mejores herramientas e inventos para salir de la pobreza. Estos solo son algunos ejemplos, ¡hay muchísimos mas! Y los invito a que ustedes mismos hagan sus investigaciones para sacar sus propias conclusiones.

Pienso que el mundo va por un buen camino. No es utopía como diría Steven Johnson, pero se inclina por allí.

Bandera de Guatemala

Un escrito en mí

Luna

Sumergido en el aire frío de la ciudad, camino y veo a una anciana recostada en una pared.

Arropada con un trapo, sosteniendo un plato en su mano temblorosa, mendigando por dinero…

Trata de sonreír pero me hiere infinitamente. Nadie la nota. 

Yo sí, pero paso de largo…

 

Se escucha a una madre llorar. Su mundo ha cambiado pues su único hijo ha muerto,

Le pregunta a Dios: ¿Por qué?

Su hija llora,  ya no puede comer,

Ya no puede dormir… 

 

Una chica obesa entra al restaurante,

Viste exageradamente, con un reloj blanco y un collar azul en su cuello.

El terrible olor de su perfume se impregna en mi nariz,

Desde que entra, es víctima de múltiples burlas y miradas.

Se sienta y sonríe a sí misma, pues va a cenar sola…

Eso la hace aún más hermosa.

 

Cansado de la rutina diaria de esclavitud, salgo y paso por un callejón.

Veo a un perro peleando con un niño por un pedazo de carne que hay en la basura.

El perro me trata de morder, y el niño corre. 

Como desearía tener algo que compartir. 

 

Me siento en una banca y veo un periódico a mi lado.

Mientras leo como almas inocentes fueron despojadas de su vida en esta ciudad asesina, un niño pasa frente a mí, me ofrece lustrarme los zapatos.

Me trago el enojo y me encantaría decirle:

“Mijo, deja de trabajar. ¡Olvida todas las reglas! No existe el miedo en los sueños. Diviértete y encuentra aldeas perdidas en las gotas de lluvia…”

 

Veo a un padre e hijo peleando frente a su casa.

El padre le acaba de comprar un auto por su cumpleaños.

Su hijo lo desprecia y le insulta, pues no era el que él quería.

Veo como los ojos del padre se llenan de tristeza…

 

¿Cuándo dejaremos de decir: “Se tú mismo”, si no sabemos quienes realmente somos?

Deja de decir: “entiendo cómo te sientes”…,

Nadie puede entender cómo se siente otra persona.

 

Veo a una pareja en un hospital.

La esposa acaba de dar a luz a dos gemelas.

Una de ellas muere en el parto mientras la otra esta grave, en intensivo.

El esposo, que apenas se alimenta, le da alientos de esperanza a su devastada esposa.

Se guarda sus lágrimas para el mismo.

Sin dinero, endeudado y con una bebe a punto de morir, los médicos aun osan en sacarle más dinero.

El acepta pues no tiene otra opción.

 

Cae la noche y camino hacia mi hogar.

Con la luna sobre mi cabeza, me sigo preguntando:

¿Alguna vez el ser humano va a cambiar?

¿Cómo seguirá esta triste realidad?

 

Muchos aun oran a un aparato de tortura puesto en la pared. Muchos aun lo llevan en el cuello.

Gente haciéndose rica, vendiendo puñados de fe a cambio de dinero.

Muchos se encierran en ese mundo perfecto de salidas, comida y seguridad,

Otros solo rezan y duermen, pidiendo sobrevivir un amanecer más.

 

Me acuesto, cierro los ojos y pienso:

Todos los días camino acompañado de mi propia sombra.

No soy nadie para criticar a los demás…,

Solo soy un puñado de sueños, espejos, esperanza y humo.

Mas allá de nuestras limitaciones

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Me encanta pensar sobre la condición humana y nuestro viaje en la historia. Pienso que una de las características de nuestro viaje en la vida es el deseo de expandir lo que podemos ver. Conscientes de nuestras limitaciones perceptivas, ingeniamos soluciones para mejorar estas mismas y así superarnos y experimentar un tipo de éxtasis intelectual. Todas esas herramientas que creamos nos permiten de cierta forma percibir otras dimensiones mas allá de lo que nuestros sentidos usualmente pueden detectar.

Solo podemos experimentar un momento antes de que este desaparezca y con herramientas como la cámara, el iris digital, de repente podemos extender nuestros ojos, pausar el momento y tenerlo en un estado único del recuerdo. Literalmente inmortalizamos lo mas elusivo que conocemos, lo que llamamos el “ahora”.

Marsala, pizza y un callejón en Roma

Roma

Era una noche lluviosa, muy lluviosa. Las gotas caían, la gente corría y los faroles alumbraban aquellos oscuros y viejos callejones romanos. No me había percatado que siempre que llego a un nuevo destino, llego de noche, cuando el sol esta durmiendo. Me gusta pensar que es para no hacer ruido y así despedirme de la misma forma de aquellas personas que se vuelven tan importantes en tan poco tiempo. Dicen que la vida esta hecha de victorias, derrotas y amor, despedidas y alguna que otra canción. Espere bajo el techo de la estación Roma Termini con la esperanza de encontrar mi posada con facilidad y así descansar del largo trayecto que había realizado unos días antes. De los lugares a los que he ido, no ha existido ocasión en la que no me haya puesto nervioso al pisar el suelo que estoy a punto de explorar. Viajar solo significa que no tienes a nadie cuando llegas. Nadie a quien acudir, nadie con quien compartir tu preocupación de estar perdido, nadie que te acompañe entre andenes y callejones, nadie con quien buscar el mercado local o el lugar mas barato para comer; y ese peso queridos amigos, vale por dos. No podía darme el lujo de comprar una sombrilla ni una capa para la lluvia, así que decidí sentarme un rato a buscar la dirección a la antigua, con un mapa y un lapicero. “Si pude usar google maps pero al no tener SIM, tenia que pegarme a un punto Wifi y bajar mapas. Digamos que no tuve mucha suerte con encontrar wifi abierto”.

Via Marsala, Via Marsala. Esta vez tenia que ser fácil, la calle se encontraba justo frente a mi nariz. Oh Via Marsala, si tan solo no me hubiese confiado aquella noche…A eso de las 8:20p.m la lluvia había disminuido un poco, lo suficiente como para caminar sin empapar mi ropa y mi mochila. Salí de la estación con las direcciones en la mente: “4 cuadras a la izquierda de la estación, 1 giro a la derecha, 2 cuadras, 1 vuelta a la izquierda y allí tendría que estar el callejón con el 9-B del hostal”. Las primeras 4 cuadras fueron fáciles, nada del otro mundo. Giré a la derecha y todo seguía bien, tal y como lo había planeado. Caminé las dos cuadras en línea recta y cuando estaba a punto de girar a la izquierda me di cuenta que no había nada mas. Solo una antigua y desolada iglesia, a oscuras en aquel callejón. ¡¿Como podía ser posible?! ¡Repase las calles, los nombres, las distancias y sabía que este tenia que ser el camino! Regrese a la intersección, dos cuadras atrás, y la lluvia se dejo venir con aquella intensidad que no te imaginas, como si se burlase de mi, evitando a que llegase a mi destino. Corrí hacia la tienda mas cercana y me resguarde en la parte de afuera. No pasaron ni diez segundos cuando el dueño de la tienda salio a regañadientes a decirme que me largase de allí, o al menos eso entendí yo por el gesto de sus manos, pues de italiano no se nada. Me dirigí rápido hacia la próxima tienda que encontré, una de alfombras y telas y que al parecer el dueño era hindú. Al verme en la parte de afuera, el hindú salio rápidamente a decirme que le comprara una sombrilla. Al negarme, me grito que si no iba a comprar algo, que me fuera de allí inmediatamente.

Me considero muy positivo con la raza humana. Pienso que somos muy capaces y que cada vez mejoramos como especie. Pienso que nos espera un futuro inimaginable, y no de la forma negativa. No es utopía, aunque se inclina por esas vías. Lastimosamente estas situaciones, y las que estoy por contar, me hicieron odiar a aquellas personas en ese momento. Aun no entiendo como es posible que exista ese tipo de gente…

Intente regresar a la estación pero me di cuenta que ya me encontraba perdido, no reconocía el lugar y la lluvia no cesaba. Logre ver un edificio que se encontraba en mantenimiento y me escondí de la lluvia debajo de unas estructuras de madera que se encontraban al lado de la acera. No me cubrían del todo pero era mejor que estar deambulando bajo el aguacero. 3 minutos, no para. 8 minutos, pruebo mi celular aun sabiendo que no tiene SIM, necesitaba creer en algo. 15 minutos, me siento en el barandal. 43 minutos…, aun no para. Un policía paso a la par mía y le pedí ayuda, preguntándole en ingles y en español si me podía ayudar con la dirección. Con mala cara se acerco, le entregué el papel arrugado y mojado y con 2 segundos de “medio” ver el papel, me dijo:

– I’m sorry, i don’t know…

Y con la misma cara de amargura me entrego el papel y siguió su camino. No lo podía creer, esto iba de mal en peor y mis ánimos ya estaban por los suelos. La noche empezaba a darle la bienvenida a las 10 y yo seguía escondido debajo de un trozo de madera en una esquina que no conocía. Ya exhausto, sediento y hambriento, la lluvia dejo de ser mi enemiga. Decidí regresar a la callé principal y seguir buscando, aunque llegase empapado, no me podía dar por vencido. Luego de caminar veinte minutos encontré la estación. No me preocupe por entrar, decidí seguir con lo que ya había empezado. Seguí la calle y tomé el mismo recorrido, solo que esta vez me tomaba unos 3 minutos en cada semáforo para identificar algún punto por si me perdía, iba saber como regresar. Luego de cruzar por aquí y por allá, ¡llegue al bloque de números que necesitaba encontrar! Caminé colina arriba y encontré el famoso y pequeño hostal al que llamaría hogar por unas semanas. Entré empapado, me registre y mientras esperaba, un italiano me dice:

– Oye, ¿de donde eres?

– Buenas noches, soy de Guatemala…

– Ahh… ¿Mexico?

– No, Guatemala, abajo de Mexico.

– Ah, la misma mierda. 

No se que cara puse al escuchar ese comentario pero todo mi odio y cansancio estuvieron a punto de romperle algunos dientes y de restregar su calva y deforme cabeza en el pavimento. Me encontraba a punto de responder la estupidez que había salido de su boca hace unos segundos cuando se disculpo y se fue rápidamente sin decir nada. Me encanta mi país y aunque esta repleto de problemas, siempre he levantado y levantare su nombre en donde sea que me encuentre. No como algunos vende patrias que yo mismo me he topado en el extranjero, negando sus orígenes, fingiendo que son de países vecinos con tal de no aceptar que son de Guatemala. Si existiese algún infierno, ese tipo de personas tendrían guardado un lugar muy especial. El recepcionista me entrego las llaves de mi habitación, la cual iba a compartir con 7 personas mas, y se disculpó por la actitud del dueño, ese calvo de cabeza deforme que acababa de insultar a mi patria hace unos minutos atrás. Tomé mis llaves, me dirigí a la habitación y mientras guardaba mis cosas,del baño salió una mujer, que sin saber, se convertiría en una persona muy especial para mi. Pero esa historia es para otros tiempos. Esa noche la vida me enseño a que las cosas siempre pueden salir mal, por mas que uno quiera controlar la situación, a veces simplemente no se puede. Tenemos que aprender a adaptarnos y a ver las cosas de otra manera, con otra mascara, pues al final somos nosotros los héroes de las mil caras.

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La consumación perfecta con la perfección misma

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Lo que esperamos conseguir en el amor es lo que fallamos en conseguir con Dios. Cuando nos enteramos que Dios esta muerto, necesitamos algo mas en que creer.

En el amor, somos como el mar, somos como el viento. Somos nuestra propia salvación. Ella se transforma en un sol que baña de amaneceres nuestras mañanas. Lo que al final buscamos es la trascendencia, la terminación, la realimentacion de la condición humana, la inmortalidad del momento. Cuando nos enamoramos, es un sacrificio, es una oración. Damos de nosotros mismos y esperamos recibir un rayo de luz que nos salve de nuestra condición animal para ser dioses, pues al final lo que queremos es dejar nuestra animalidad atrás y convertirnos en seres simbólicos.

El amor es encontrar a tu mejor amiga u amigo, aquella persona con la cual puedes explorar, conversar y compartir de la vida. Al final, todos estamos sangrando, todos estamos heridos. En el contexto romántico, pienso nos atraen las personas que también están heridas porque pensamos que si las salvamos, a cambio nos salvamos a nosotros mismos. Ernest Becker cita al amor como la consumación perfecta con la perfección misma, en donde buscamos reflejarnos en los ojos de la otra persona y ser salvados. Pero aquí es donde entra la maldición de la condición humana, la realización trágica de que NO podemos salvar a aquellos que amamos. Eso significa que si ni siquiera podemos salvar a aquellos que amamos, ¿como nos vamos a salvar a nosotros mismos?

Esta es una de las tragedias de la existencia del ser humano. Es la película de amor que te hace llorar en el cine. Es la canción que empaña tus ojos y te eriza la piel. Es la letra que te saca una o dos lagrimas. Es ese reconocimiento de algo que existe, de algo que sentimos y que deseáramos que no existiese. Existe belleza en esa tragedia pero primero tenemos que conocer la tragedia misma. Por eso escribimos, cantamos, pintamos, exploramos…,para enmarcar ese precioso momento y recordarnos a nosotros mismos que existimos, que sentimos y que aquí estamos.

Puede ser que el deseo de encontrar la salvación en alguien mas sea un error. Puede ser que la respuesta este en nuestra propio ser, en nuestra creatividad. Mientras tanto…,seguiré buscando.

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Los buses de los símbolos extraños

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No recuerdo la fecha ni la hora, pero si el lugar. Recuerdo muy bien el avión que se encontraba a punto de aterrizar en aquel lugar desconocido, absorbido por la oscuridad de la noche y una cabina de pasajeros vacía. Recuerdo que eramos unas 30 personas en aquella bestia metálica, producto del gran ingenio humano. Salí del aeropuerto y un frío congelante me envolvió,  dándome la bienvenida a aquel país que desconocía. Pregunte a un taxi si me podía llevar al centro pero con los precios que andaba disparando, decidí tomar el bus, pues no podía darme el lujo de gastar dinero que no tenia. Entré de nuevo al aeropuerto “el cual no albergaba ni una sola alma ademas de los trabajadores”, y pregunte en información que me ayudaran con instrucciones de como tomar el bus. Si fuera maestro y la muchacha que me atendió fuera mi alumna, le pondría -100 en servicio al cliente, -50 en interés, -60 en simpatía y un gran 100 en mal servicio. Después de sacarle un poco de información con cuchara y de lograr que me diera un mapa, me dijo que tomara el bus en la parada de afuera y que luego de unos 30 minutos que me bajara a tomar el tren. ¿Suena fácil, no? Sales, tomas el bus, cuentas de minuto en minuto hasta llegar a 30 y te bajas a buscar un tren que supuestamente te llevara a tu destino. Si la vida fuese sencilla como a veces parece no existirían historias ni canciones ni éxitos que celebrar.

Salí del aeropuerto, caminé hacia la parada y me senté a soportar los -6°C que acompañaban la noche. A lo lejos note el bus, pues su pantalla LED alumbraba mas que el sol en las mañanas. Me puse de pié, tome mis maletas y me prepare para subir. Estuve a punto de entrar cuando atrás vi otro bus pero con símbolos totalmente distintos en la pantalla LED. Luego vi otro mas atrás con símbolos distintos al segundo bus y supe de inmediato que no era solo una parada de bus de aeropuerto, de aquellos que te llevan siempre a la ciudad, esta era distinta pues cada bus tenia un destino distinto. Me senté de nuevo, tomé el mapa e intente memorizar los símbolos de aquel idioma extraño que jamas en mi vida había visto y que jamas entenderé. Primer bus: no, este no es. Segundo bus; no, este tampoco. Tercer bus: puede ser pero ese símbolo no se parece del todo a este. Cuarto bus: Mm… tiene una combinación del primero y el tercero, pero no es el que ando buscando. Cabe decir que ya llevaba unos 40 minutos sentado, viendo buses pasar sin saber cual tomar. La preocupación empezó a abrazarme y poco a poco fui teniendo un poco mas de miedo que el minuto anterior. Pasó por mi cabeza tomar cualquier bus pero no podía darme el lujo de perderme y tener que dormir en alguna banca a -6°C con todo mi equipaje. Luego de unos minutos mas, logre memorizar el nombre de la ciudad al 100%. Con eso en mente, logre distinguir el bus entre todos los que pasaban y lo tomé. Aun no entiendo porque pero una sensación de tristeza se apodero de mi ser. Para mi los buses siempre serán como ventanas temporales del alma, donde reflexionas y ves pasar recuerdos y anhelos frente a tu nariz, pegados en aquellas ventanas. El paisaje tampoco me ayudaba mucho, la sombra de la noche bañaba aquella arquitectura gótica del lugar, la gente parecía estar de mal humor, cansada de la rutina del día a día. No pude contenerlo y mis ojos se empañaron, sumergidos en recuerdos y en el presente al mismo tiempo.

Buenas noches, ¿Esta ocupado el asiento?

Hola… No, para nada. Puedes sentarte. – Quité la maleta para que se pudiese sentar.

Muchas gracias! No eres de aquí, ¿verdad? ¿de donde eres?

Soy de Guatemala. Vengo solo como turista. 

Guatemala ehh… Que exótico! Vienes de muy lejos! 

Jaja, si, mas o menos…

Por cierto, mi nombre es Clara. 

– Mucho gusto Clara, yo soy Rodrigo. 

– Encantada! Disculpa mi ingles pero hace mucho que no lo practico.

Jaja y tu disculpa el mío porque en mi país el ingles no lo hablamos mucho.

No, no para nada! Te entiendo de maravilla. Dime, a donde te diriges? 

Mm.. pues según la pagina de internet del hostal, tengo que llegar aquí. – Le muestro el papel que había impreso cuando reserve la habitación.

Ah, conozco el lugar. Esta cerca del centro. ¿Sabes como llegar? 

– Pues la verdad es que no. Solo se que tengo que tomar un tren en 10 minutos y buscar el centro. 

– No, no! te tienes que bajar en la siguiente estación, tomar el metro y cambiar de linea después de unas cuantas estaciones. 

– ¿Estas segura? Que ahorita mismo preparo mis cosas para bajarme.

– Si, pero no te preocupes, yo te llevo.

– ¡¿De verdad?!

– Jaja mira como te ha cambiado esa cara larga que traías hace un rato. Sera un placer llevarte a tu hostal! Tal vez pasamos a comer algo en el camino! 

– Claro! como no! No tienes idea de lo agradecido que estoy Clara. Muchas gracias!

Y así nos bajamos del bus y tomamos el primer metro con dirección a la ciudad. Cambiamos de linea, llegamos al centro y caminamos por la ciudad riendo y platicando como si fuésemos amigos de toda la vida. Pasamos a una pizzeria tradicional, pedimos una de la casa y pasamos el resto de la noche entre trozos de pizza, cerveza y agua mineral. Poco antes de la media noche seguimos cuesta arriba y llegamos a mi hostal. Intercambiamos contactos para quedar algún otro día para tomar un café o unos tragos y nos despedimos, sin saber que jamas nos volveríamos a ver. A unas cuadras de desaparecer, se volteó y con una sonrisa me gritó:

-¡Bienvenido a Praga!

 

 

 

Miedo a perdernos el momento

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En este mundo donde muchas señales compiten por nuestra atención, somos esencialmente inundados por información y posibilidades. Sufrimos un tipo de ansiedad gracias a la paradoja de la elección, al vértigo de la libertad, es ese miedo a perdernos el momento. Siempre y cuando no elijamos algo, todo lo demás queda posible. Siempre y cuando no nos comprometamos, literalmente residimos en un multiverso de posibilidades. Cuando nos comprometemos con algo colapsamos todas las otras posibilidades y nos encontramos a nosotros mismos en el desierto de lo real. Ese estado mental que tenemos antes de comprometernos, es el estado en donde todo puede pasar. Por eso existe y sentimos esa ansiedad, porque sabemos que no podemos tenerlo todo. Si sufrimos del miedo a perdernos el momento, solo muestra que tenemos una intuición de que hay algo más grande, algo que ya experimentamos anteriormente. 

Y aquellos que fueron vistos bailando, fueron considerados locos por quienes no podían escuchar la música. – Nietzsche

En ese estado, como agentes conscientes, es cuando tenemos que resolver la tensión entre querer darnos cuenta de nuestro potencial como individuos para pararnos con dignidad y resistir el tirón de la conformidad. ¿Cómo evitamos caer en el trance zombificado que nos hace seguir a otros ciegamente, como ovejas en un rebaño o como un hamster en su rueda? Personalmente pienso que podemos resolver esto si tomamos el salto de fe, si respondemos “la llamada” de la que Joseph Campbell habla. No existe ningún mapa o manual para que vivamos nuestras vidas. La “realidad” es solo una palabra y no deberíamos de usarla sin comillas a su alrededor. Todos podemos crear nuestra propia realidad pero es solo cuando tomamos el llamado, cuando trascendemos y destilamos nuestro pensar, cuando tomamos la escalera y miramos lo que hay detrás de aquellos muros que no nos dejan ver aquellas visiones extáticas. Somos simples larvas que aún no se han convertido en mariposas. 

No olvidemos la frase de Jack Kerouac: “La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.”

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El actor de las mil caras

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Este es un aspecto de la situación humana básica: somos simultáneamente diosesgusanos. – Abraham Maslow

Algo en lo que he estado pensando últimamente es que los personajes son una mentira vital. Somos una casa hecha con cartas en base a redes conectadas de significados, experiencias, culturas y estereotipos. Representaciones artificiales de quienes somos mientras navegamos en este mundo. Construimos autoestima, construimos fundaciones para que nos podamos representar y parar con dignidad. Nos adaptamos y no solo a la situación, si no que a las personas también. Exageramos y atenuamos nuestras historias cuando estas siempre esconden mas de alguna verdad. Sin darnos cuenta somos cambiantes en los círculos a los que pertenecemos, pues el deseo de pertenencia es subconscientemente mas fuerte de lo que creemos. Allí es donde nos enmascaramos, allí es donde cambiamos y allí es donde fingimos. Todos somos el actor de las mil caras pero finalmente todo es una mentira. La verdad es que somos comida para gusanos. El hecho de que vamos a morir nos inspira en nuestras mayores experiencias, en nuestros mayores éxtasis, como un piquete, como una quemadura. El hombre es noble aunque este condenado. El hombre es noble aunque sea comida para gusanos. Allí se esconde nuestra belleza, allí se esconde nuestra tragedia y allí se esconde el deseo de auto trascendencia que tanto anhelamos.

 

En busca del helado divino

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Era una lluviosa mañana en la que antaño fue la gran ciudad politeísta, hogar de héroes, científicos y filósofos, origen de leyendas, historias y canciones. Era Atenas, la ciudad de los dioses. Allí me encontraba, perdido en las calles de Makrigianni con el museo de la Acrópolis en mi horizonte, sin saber leer ni hablar griego, en búsqueda del templo de Zeus Olímpico, pues de allí se suponía que saldría el tour gratuito para el Partenón, emblemático templo dórico que se ha conservado a lo largo de tantos años, desde el 432 A.C y que se distingue fácilmente entre la bulliciosa y urbanizada ciudad de Atenas.

Jadeante, logre unirme al grupo del tour exactamente cuando estaba a punto de comenzar. El guía, a quien desafortunadamente no le recuerdo el nombre, era un historiador espartano con mucha energía y pasión al contar el pasado de su país. Nos dio un recorrido por las atracciones principales de la ciudad, pasando por el teatro de Dioniso, el templo de Atenea Niké , la acrópolis de Atenas, el templo de Hefestión para concluir en el mercado aledaño, repleto de gente, restaurantes y tiendas. Después de comer un par de auténticos Gyros en una calle en la que apenas cabía gente, decidimos regresar al hostal. Para ese entonces, ya habíamos armado un grupo con gente dispuesta a salir a conocer las calles de Atenas. En la vida siempre se encuentra uno con personas con quienes nos llevamos mejor que con otras, con las que hacemos “click”, como si el momento estuviese escrito en algún libro divino para que sucediese en el momento correcto. El grupo era así: Una neozelandesa, dos rusos, una suiza, un camboyano y yo.

Al llegar al hostal, platicamos un rato con el historiador para que nos recomendara lugares para visitar, de aquellos que tienes que ir de turista, los que no te puedes perder y que supuestamente quedaran guardados en tu mente por toda la eternidad.

– Si quieren una autentica aventura, alquilen un carro y busquen a Marcello, en la ciudad de Nauplia (Nafplio), y probaran el mejor helado artesanal que jamas hayan probado. La ciudad esta a unas 2 horas y pueden visitar muchos lugares mas en el camino. Cuando vengan de regreso, pueden aprovechar a visitar uno de los teatros mas antiguos de Grecia (Saca un papel y empieza a escribír los nombres de los lugares a los que tenemos que ir).

La combinación de helado, teatro y carro enganchó a los demás casi de inmediato. Sin dudarlo, fuimos a la tienda de alquiler mas cercana y apartamos el carro para el día siguiente. Ya que eramos 6 no salio muy caro, aunque yo hubiese preferido viajar en bus, claro. La mañana siguiente allí estábamos, listos para emprender nuestro viaje por carreteras que no conocíamos, con GPS en los celulares, ya que el carro no tenia, y el nombre “Marcello” apuntado en un papel. Yo maneje los primeros 40 minutos hasta que llegamos a la primera salida. Paramos a comprar provisiones y luego me dedique a platicar y a disfrutar el viaje en la parte de atrás del carro. Eso de manejar en Atenas es muy similar a Guatemala, la gente hace lo que se le da la gana con tal de avanzar primero, los motoristas conducen como se les da la gana y todos bocinan al son del trafico, como si eso fuese a mover los carros por arte de magia.

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Después de pasar por varios lugares turísticos, llegamos a las antiguas murallas de uno de los castillos mas importantes de Grecia, Acrocorinto. El castillo se encuentra en la cima de una montaña con vista al golfo de Corinto y con un templo dedicado a Afrodita en el lugar mas alto.  Según la leyenda, esta montaña pertenecía a Helios, quien después de una disputa con Poseidón tomó la parte elevada, según el veredicto de Hecatonquiro Briareo.

Decidimos subir hasta el templo de Afrodita, lo cual nos tomo mas o menos 40 minutos. No había absolutamente nadie, solo nosotros admirando la belleza del templo y del golfo de Corinto en el horizonte, imaginando como fueron las incontables batallas que se dieron en el lugar. Después de un tiempo en Acrocorinto, sabíamos que era hora de completar nuestra misión, ¡Encontrar a Marcello!

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Nauplia, ciudad originalmente egipcia, conquistada por Argos y con mas de 2000 años de antigüedad. Se encuentra en el golfo Argólico y su nombre deriva del hijo de Poseidón y Amimone, Nauplio. Al llegar a la pequeña ciudad lo primero que noté fue un castillo prominente en la parte elevada de la misma, rodeado de una gran muralla, como si gritase al mar que allí estaba el para proteger su tierra de aquellos que se atreviesen a entrar sin permiso. A eso del medio día, el calor y la brisa del mar nos invitaban a descansar frente al castillo, bajo la sombra de aquel sin numero de árboles de naranjo, pero no llegamos a descansar, llegamos a encontrar a Marcello, el famoso heladero. Aparcamos el carro en las diminutas calles de Nauplia y empezamos la búsqueda. Nos dirigimos al puerto principal y empezamos a preguntarle a la gente por Marcello. Todos lo conocían pero nos daban direcciones “dediles”, por lo que siempre parábamos en lugares escondidos de la ciudad, sin encontrar a Marcello. Después de 1 hora de constante búsqueda, encontramos a un local que hablaba ingles. Luego de contarle nuestra historia, decidió llevarnos él mismo a la famosa heladería de Marcello. Allí se encontraba, una pequeña tienda con colores peculiares sin ningún cartel en la parte de afuera que indicase que allí dentro vendían el helado hecho por los mismos dioses griegos. Entramos y en la cocina “que estaba a la vista de todos”, se encontraba un señor que ya rascaba los 60 años, moldeando y trabajando helado con una concentración que solo le pudo dar la diosa Hestia cuando emprendió su profesión de heladero. Concentrado en su trabajo, no dijo ni una sola palabra hasta haber terminado.

– Saludos mis amigos, ¿En que les puedo ayudar?

¡Buenas! Disculpa pero, ¿acaso tu eres Marcello?

– Ese mismo, pero ya no el de antes. Los años pegan, quiera uno recibir o no el golpe Jaja ¿Que los trae a la pequeña ciudad de Nauplia? 

– Bueno, como te lo decimos… Allá en Atenas nos recomendaron viajar hasta acá con tal de probar tu helado. Dicen que es digno de historias y canciones. Quien nos recomendo venir fue: (El nombre del historiador que no recuerdo).

– Jaja venga que no es para tanto. Nací en Italia y llevo mas de 45 años haciendo helado. Viaje por muchos países para tratar de dominar el arte y decidí quedarme en esta bella ciudad. Todos los ingredientes los compro yo mismo en el mercado y mi única ayuda es mi aprendiz, quien se encuentra ahora mismo en la parte de atrás. Por cierto, me alegra escuchar que él espartano se encuentra bien.

– Wow, ¿45 años haciendo helado? Disculpe don Marcello pero yo creo que mejor empiezo a probar todos los sabores que usted tiene aquí. 

– Jaja, ¡Vengan! Pasen y prueben todos los sabores, para que después puedan decidirse por uno en especial. 

Y así nos adentramos en su pequeña tienda, llena de bolsas e ingredientes, desordenada y con aquel aire nostálgico de un verdadero inventor. Nos dio de probar cada uno de los sabores que tenía, incluso su mas famoso: “Frutas del Mar”, que era una combinación de frutas cítricas con un toque de zarzamora de montaña y té verde que el mismo inventó. El sabor era indescriptible, la mezcla de ingredientes era perfecta y para un simple mortal como yo, era lo mas delicioso que había probado jamas en mi vida. Solo con ver el color del helado se me hacia agua la boca, por lo que decidí comprar el vaso mas grande y mezcle mas de 4 sabores a mi gusto. Con los helados en la mano, nos despedimos de Marcello, quien nos dio la bendición de los dioses, justo antes de seguir con su trabajo. Terminamos de comer nuestro helado en silencio, admirando el mar, las murallas del castillo y la belleza de la pequeña ciudad de Nauplia.

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Como luz de inverno

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Estas últimas semanas han sido muy peculiares. He conocido a muchas personas, he hecho lo que más disfruto frente a multitudes, he construido, he convivido, explorado y he vivido sin tomarle importancia al ayer o al mañana.

La vi entre la multitud, como estrella reflejada sobre el mar. Sus rizos bañados en oro y verla sonreír me iluminaron con su luz.

Últimamente he sentido la necesidad de viajar y de explorar de nuevo, de conocer gente y de perderme en lugares desconocidos. Dicen por allí que una vez vives fuera de tu realidad, nunca vuelves a la normalidad. Las ideas y las experiencias estiran la mente y esta jamás vuelve a su estado original.

Me intente resistir a su calor pero fue imposible, su intensa luz encandilaba mi razón. Me gustaría que otra vez la ilusión rozara su corazón.

Peleo con la adaptación hedónica todos los días. Trato de combatir la rutina y las familiaridades del día con actividades que me hagan crecer. Estudio coreano al menos 1 hora al día, avanzo en los libros que actualmente estoy leyendo, sigo el curso de enseñanza del idioma español en Coursera, me pongo al día en temas científicos, escribo canciones, escribo en el blog…etc. No me gusta sentir que hoy se absolutamente lo mismo que ayer. ¡Tengo que avanzar!

Mírame y la alborada de mañana sera tuya. Con tus cabellos grabaré en dorado nuestros nombres, fijos en el resplandor del amanecer.

“Lo convoco y así aparece. Como lo imagino, así se vuelve”. Al fin pude entender esa frase. El poder de nuestra mente y deseo de realizar algo es mas poderoso de lo que creemos. Siempre he dicho, haz lo que amas, nunca dejes nada a medias y lo demás vendrá detrás, sin necesidad de que lo esperes. Recuerda, la caída libre aguarda a los valientes.

¡Ven! Montemos las nubes juntos mientras la oscuridad desaparece. Encuéntrame en aquel lugar donde el mar saluda a la tierra y tendrás tu canción, aquella que te prometí cantar…

Una salida, una carta y un adiós

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Fue un viernes de invierno, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. El viento helado nos daba los buenos días acompañado de un cielo despejado y un sol que ya se había cansado de calentar, pero que estaba allí por compromiso. Allí iba yo, caminando hacia la estación 신기역 “Singiyeok” como lo hacía cada mañana, solo que esta vez sabía que era diferente. Era mi ultimo viernes con el equipo completo de la universidad y la escuela. Aunque no era mi ultima clase, pues aun faltaban 2 semanas adicionales, algunos amigos de mi equipo tenían pensado viajar indefinidamente y no les iba a ser posible acompañarme en el ultimo tramo del intercambio.

안녕하세요! Annyeonghaseyo!

– ¡Buenos días! 

– Oh, ¿hablas coreano? ¿De donde eres?

– No, no, para nada. Solo se un par de cosas básicas. Soy de Guatemala, por cierto. 

¿Guatemala? Ohh! Mayas y café! Dicen que el clima es bueno por allá! 

Jaja sí, el café es igual de bueno que el clima. 

– ¿Y que te trae por acá? ¿Quieres una brocheta? ¿Has probado los 꼬치 어묵 “Kkochi Eomuk”? Mira que las estoy empezando a preparar.

Wow, ¡son muchas preguntas! jaja Bueno, dame 3 que casi no he desayunado. Estoy aquí por un intercambio. Vivo a unas cuadras de aquí. 

¿Intercambio? ¿Vas a la universidad entonces? Casi no veo extranjeros por esta parte de Daegu. Sabes, ¡hace muchos años viaje con mi esposa a muchos países! Pensé en quedarme en Japón pero decidí regresar… Ohh como extraño esos tiempos. 

Si, voy a KNU y doy clases de cultura latinoamericana en una escuela por las tardes. ¿Y que países visitaste en esos años? 

“Y-O SE UUN PO-CO D-E ESPAÑOOL”, ¿Que tal? ¿Lo dije bien? jaja visite México hace 15 años. Luego viaje por Europa y el continente asiático y en el 2008 decidí abrir mi negocio, aquí en corea. ¿Te gusta el picante? Toma, ¡aquí hay salsa! 

– Jaja ¡Lo hablas perfecto! 감사합니다 por las brochetas, estaban muy ricas. Aquí esta lo de las 3 brochetas. 

¿Ya te vas? Bueno, antes te recomendaría que te llevaras este té especial. Lo he preparado yo y es tradicional de corea. ¡Se que te va a encantar!  

Mmm… Bueno, por que no. Dame uno. 

– ¡Cuidado que esta caliente! Que tengas un buen día y espero que pases de nuevo por aquí a comer mas brochetas.

 감사합니다! ¡Hasta pronto y gracias de nuevo! 

Después de haber llenado el estomago con 3 brochetas de pescado remojadas en sopa, seguí mi camino a la estación. De vez en cuando suele suceder que algunas personas tratan de entablar una conversación conmigo, ya sea en el tren o en alguna tienda. Cuando son jóvenes pienso que es para practicar su ingles, y cuando son mayores creo que es solo por mera curiosidad. En fin, nos reunimos de nuevo en el mismo lugar, a la misma hora para tomar el mismo tren y así llegar a la escuela. La nostalgia era palpable en el ambiente. Las miradas fijas al suelo y las sonrisas forzadas me recordaban que el final estaba cerca. Fue la clase mas larga que jamas he dado. Lo único que quería era salir y poder compartir una vez mas con aquellas personas que facilitaron mi vida en aquel mundo extraño, aquellos que se volvieron mi familia, y sobretodo, quería volver a ver aquella sonrisa de la mujer con labios sabor a miel.

A eso de las 6, el sol terminaba de bañar con sus rayos la famosa torre de Daegu, inconfundible desde la lejanía de mi ventana del 5to piso de aquel salón que fue mi hogar por un tiempo. La peculiar canción “¡Si! Canción y no timbre”, retumbo por los salones a las 6:00p.m indicando la hora de salida. La cena indicada para la noche era 족발 (Jokbal), que consiste en pata de cerdo cocinada en salsa de soja, acompañada de otros platillos coreanos tradicionales. Caminamos hacia el restaurante, dejando la melancolía atrás, pues esta noche no estaba invitada a cenar. Era la primera vez que probaba 족발 ¡y lo disfrute mucho! Acompañamos la noche con un poco de Soju, opiniones e ideas de como mejorar el programa. Ya pasadas las 9, sabiendo que iba a ser la ultima noche juntos, decidimos ir a un bar a seguir platicando. Encontramos uno en internet y nos dirigimos con determinación a cerrar con broche de oro la noche del viernes.

Después de acabar con el plato de cortesía y de la primera botella de Ron Zacapa Centenario, no me pregunten como pero lo conseguí jaja, una mesera se acerco a nuestra mesa y… ¡Empezó a hablar en español!  Llevaba 1 mes sin escuchar ni utilizar mi querido y adorado idioma. Cuando la escuche fue tan sorprendente que me lleno de regocijo. Era estudiante de español y llevaba 2 años estudiándolo en la universidad. Después de intercambiar contactos para quedar otro día y así ayudarla a practicar, mi equipo decidió ir por la segunda botella. Podrán empezar a imaginar esa mezcolanza de cerveza, soju, ron y tequila. Todo esto siempre acompañado de un par de piezas de pollo para picar. El reloj ya anunciaba la media noche y las historias seguían, de aquellas secretas que solo se cuentan a ciertas personas y se guardan para uno mismo. El ultimo tren de la noche ya había pasado así que no teníamos prisa de irnos, por lo que mi equipo decidió comprar una de Jack Daniels para finalizar. A este punto el mundo ya se movía como si estuviese sobre un trompo que se encuentra a punto de caer. Cuando la razón decidió se esfumo en ciertos amigos, supe que era suficiente. Tomamos nuestras cosas y salimos a buscar los taxis de regreso. La amiga con la que tome el taxi se bajo al cabo de 10 minutos, mientras que yo tuve que esperar un poco mas para llegar a mi casa.

Me baje con el mundo girando a toda velocidad y me dirigí al 7 Eleven mas cercano en búsqueda de cafe, pensando que me iba a ayudar con los síntomas del buen festejar. Con cafe en mano, supe que no podía llegar a mi casa en ese estado. Busque la banca mas cercana envuelto entre los -5ºC que hacia esa noche, me senté a beber mi cafe mientras me perdía en mis pensamientos, pues con el solo hecho de abrir los ojos mi mundo se derrumbaba en tambaleos y terremotos. Allí estaba, acostado en una banca con frío en un pueblo que se encontraba a miles de kilometros de mi país y lo único que tenia en mente era a ella, la mujer con labios sabor a miel. Sabía que ese día ella se iba y que jamas la volvería a ver. Desanimado y con un par de lagrimas en los ojos, me puse de pie y tome el camino final para ir a casa.

– 안녕하세요?

– Buenas noches…..

– Wow! donde estabas? Son las 3 de la mañana… Imagine que te fuiste de fiesta.

-Pues algo así…

– Haha ¡¿estas borracho?!

– Nah, ¡para nada!

– Ja, a mi no me engañas. Vamos por un cafe mejor! 

– De tomar uno vengo y no creo que me haya hecho algún bien. 

– Venga, igual salgamos un rato así se te pasa. 

– OK! 

Esa noche mi hermano Coreano había salido de fiesta así que cuando regrese, el estaba entrando también. Al ver mi aspecto creo que pudo suponer parte de lo que había pasado, pues después de tantas semanas de vivir allí, lo consideraba mi hermano, de aquellos de verdad que casi nunca, o nunca, se pueden encontrar. Salimos por otro cafe y le conté todo. En la misma banca donde me quebré esa noche, me dijo que le enviara un mensaje a ella, que tenia que hacer hasta lo imposible con tal de verla una vez mas. Desesperanzado, le envié medio testamento por mensaje “que por cierto, no me gusta escribir mucho por Whastapp o Line”, y nos sentamos a beber cafe y a esperar. A eso de las 4:30am decidimos volver y en el camino, mi celular brillo con la notificación que esperaba ver. Fue como si toda la energía regresase a mi en un instante y la tristeza se borrara en un abrir y cerrar de ojos. Su avión salía pasado el medio día así que tenia unas horas para descansar e ir a verla a la estación de tren, por ultima vez. Regresamos a la casa y lo primero que hice fue tomar una hoja de papel y mis manos y mi corazón hicieron el resto. Escribía y escribía y el tiempo se detenía pues tenia que ser perfecta porque era la única y la ultima carta, la que esperaba que pudiera recordar siempre.

3 horas después ya me encontraba de pie, tomando un baño con el mundo aun girando pero a menor velocidad. Tome el tren y con el corazón palpitando a mil por hora, pase los próximos 50 minutos pensando y reflexionando en lo que iba a decir. Pues esto es lo malo de viajar. Conoces gente con la que te encariñas y te identificas pero sabes que de la noche a la mañana te tienes que ir y probablemente jamas los volverás a ver. Ese sentimiento de alegría, nostalgia y tristeza es de las cosas que me hacen sentir humano. Llegue a la estación y la vi. Sus tibias manos y su sonrisa me transportaron de nuevo hacia aquel lugar en el que quería estar. Toda tristeza que se había apoderado de cada rincón de mi ser había desaparecido. Solo éramos ella, yo en el anden, escondiendo lagrimas tras sonrisas pues ambos sabíamos que iba a ser la ultima vez que nos íbamos a ver. Después de los 30 minutos dilatados por la poesía del momento, sonó la voz que no queríamos que sonase. La notificación que el tren estaba proximo a llegar. Con los ojos empañados nos despedimos, le di su carta y prometimos volvernos a ver, sabiendo los dos que jamas iba suceder pero lo queríamos creer, al menos en ese momento.

Y así fue como regrese de nuevo a casa para incorporarme a las ultimas semanas de trabajo. Esta vez fue distinto, pues en lugar de sentirme triste y destruido, iba feliz… Pues logre ver esos ojos y sonrisa sincera una vez mas, un recuerdo que guardare siempre, por toda la eternidad.

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