La Cueva

El río era grande, muy grande. Mucho más de lo que te puedes imaginar. Si lo recorrieras a lo ancho, tendrías que nadar dos días para llegar al otro lado. Si quisieras recorrerlo de principio a fin, tendrías que navegar por cien días sobre sus turbias aguas en forma de serpiente. Así era el río que recorría las montañas del este, peligroso e impredecible, incluso para las tribus que habitaban en lo más alto del mismo. Cuentan que cuando las sirenas de agua dulce están tristes, suben a llorar a las cuevas de la montaña, creando corrientes que destruyen todo a su paso. Aunque como dicen, ha de ser solo una leyenda… ¿o no?

Era una noche fría, con lluvia y Tom no podía borrar aquellas palabras. Toda la madrugada paso leyendo el antiguo diario de su padre mientras escuchaba las gotas caer en su vieja casa de la colina. El día de mañana tiene que zarpar y lo único que lo prepara mentalmente son las palabras de la página 36:

… No recuerdo el cómo ni el dónde, pero mi encuentro con Viajero fue algo que jamás espere. Me contó la historia de las sirenas de la cueva mientras bebíamos en la taberna del viejo Steve. Sus ojos transmitían tanta confianza que me perdí en su historia. No se si era demasiado viejo por sus experiencias o demasiado joven por sus rasgos, pero sus palabras eran verdad, lo sé, y Dios sabe que es así…

Aquel día de verano, Tom observo como su padre agarro su caballo, empaco su vieja capa, una cuerda, una brújula, su peculiar sombrero y partió hacia un muelle que nadie conocía. — ¡Ya vuelvo mi querido Tom! Recuerda tener lista la cena para el domingo. — dijo mientras se subía al caballo. — Si, padre. Que el sol y la luna vayan contigo. — respondió Tom, sin saber que sería la última vez que vería a su padre. — Que se queden contigo, mi querido hijo. Pues creo que de este viaje no volveré — se dijo el padre de Tom a si mismo mientras cabalgaba directo hacia su muerte.

Las gotas seguían cayendo, una por una y Tom no se despegaba del diario. El estofado ya se había enfriado y no había dado ni un bocado. Página 37:

Si, sé que logré entender bien. Viajero se refiere al muelle que está a 2 días al noreste de la taberna. Lo vi un par de veces cuando era niño, pero fue destruido, de eso estoy seguro. No debí beber tanto la noche anterior. Ya no sé si aquella conversación fue un sueño o realidad. Pero aquellos ojos…, tanta certeza, tanta verdad…

Ya eran medio día. Tom se levantó, tomó una taza de té y empezó a preparar su equipaje. Después del incidente de su padre, dejó sus estudios y se dedicó a la vida de marinero. Aprendió a navegar en alta mar y desde que encontró el diario de su padre, buscó toda la información que pudo acerca de la cueva. No iba a cometer el mismo error de su padre, y de eso estaba seguro. Ya con su equipaje en la espalda, Tom se dirigió a aquel viejo muelle.

Al llegar, vio a su pequeño bote amarrado a un árbol que se encontraba al costado del río. El Viejo Argón, así se llamaba aquel pedazo de madera que había construido con sus propias manos. Al subir, reviso cada centímetro del navío. Paso ajustando as velas, reviso el ancla, la pequeña cocina y corto con su cuchillo la soga que lo mantenía en la orilla. Una ráfaga de viento empezó a mover al Viejo Argon y mientras Tom maniobraba, vio las grandes curvas de agua que le esperaban en su viaje cien días. — Que el sol y la luna me acompañen — suspiró.

 

 

 

 

 

Un escrito en mí

Luna

Sumergido en el aire frío de la ciudad, camino y veo a una anciana recostada en una pared.

Arropada con un trapo, sosteniendo un plato en su mano temblorosa, mendigando por dinero…

Trata de sonreír pero me hiere infinitamente. Nadie la nota. 

Yo sí, pero paso de largo…

 

Se escucha a una madre llorar. Su mundo ha cambiado pues su único hijo ha muerto,

Le pregunta a Dios: ¿Por qué?

Su hija llora,  ya no puede comer,

Ya no puede dormir… 

 

Una chica obesa entra al restaurante,

Viste exageradamente, con un reloj blanco y un collar azul en su cuello.

El terrible olor de su perfume se impregna en mi nariz,

Desde que entra, es víctima de múltiples burlas y miradas.

Se sienta y sonríe a sí misma, pues va a cenar sola…

Eso la hace aún más hermosa.

 

Cansado de la rutina diaria de esclavitud, salgo y paso por un callejón.

Veo a un perro peleando con un niño por un pedazo de carne que hay en la basura.

El perro me trata de morder, y el niño corre. 

Como desearía tener algo que compartir. 

 

Me siento en una banca y veo un periódico a mi lado.

Mientras leo como almas inocentes fueron despojadas de su vida en esta ciudad asesina, un niño pasa frente a mí, me ofrece lustrarme los zapatos.

Me trago el enojo y me encantaría decirle:

“Mijo, deja de trabajar. ¡Olvida todas las reglas! No existe el miedo en los sueños. Diviértete y encuentra aldeas perdidas en las gotas de lluvia…”

 

Veo a un padre e hijo peleando frente a su casa.

El padre le acaba de comprar un auto por su cumpleaños.

Su hijo lo desprecia y le insulta, pues no era el que él quería.

Veo como los ojos del padre se llenan de tristeza…

 

¿Cuándo dejaremos de decir: “Se tú mismo”, si no sabemos quienes realmente somos?

Deja de decir: “entiendo cómo te sientes”…,

Nadie puede entender cómo se siente otra persona.

 

Veo a una pareja en un hospital.

La esposa acaba de dar a luz a dos gemelas.

Una de ellas muere en el parto mientras la otra esta grave, en intensivo.

El esposo, que apenas se alimenta, le da alientos de esperanza a su devastada esposa.

Se guarda sus lágrimas para el mismo.

Sin dinero, endeudado y con una bebe a punto de morir, los médicos aun osan en sacarle más dinero.

El acepta pues no tiene otra opción.

 

Cae la noche y camino hacia mi hogar.

Con la luna sobre mi cabeza, me sigo preguntando:

¿Alguna vez el ser humano va a cambiar?

¿Cómo seguirá esta triste realidad?

 

Muchos aun oran a un aparato de tortura puesto en la pared. Muchos aun lo llevan en el cuello.

Gente haciéndose rica, vendiendo puñados de fe a cambio de dinero.

Muchos se encierran en ese mundo perfecto de salidas, comida y seguridad,

Otros solo rezan y duermen, pidiendo sobrevivir un amanecer más.

 

Me acuesto, cierro los ojos y pienso:

Todos los días camino acompañado de mi propia sombra.

No soy nadie para criticar a los demás…,

Solo soy un puñado de sueños, espejos, esperanza y humo.

Marsala, pizza y un callejón en Roma

Roma

Era una noche lluviosa, muy lluviosa. Las gotas caían, la gente corría y los faroles alumbraban aquellos oscuros y viejos callejones romanos. No me había percatado que siempre que llego a un nuevo destino, llego de noche, cuando el sol esta durmiendo. Me gusta pensar que es para no hacer ruido y así despedirme de la misma forma de aquellas personas que se vuelven tan importantes en tan poco tiempo. Dicen que la vida esta hecha de victorias, derrotas y amor, despedidas y alguna que otra canción. Espere bajo el techo de la estación Roma Termini con la esperanza de encontrar mi posada con facilidad y así descansar del largo trayecto que había realizado unos días antes. De los lugares a los que he ido, no ha existido ocasión en la que no me haya puesto nervioso al pisar el suelo que estoy a punto de explorar. Viajar solo significa que no tienes a nadie cuando llegas. Nadie a quien acudir, nadie con quien compartir tu preocupación de estar perdido, nadie que te acompañe entre andenes y callejones, nadie con quien buscar el mercado local o el lugar mas barato para comer; y ese peso queridos amigos, vale por dos. No podía darme el lujo de comprar una sombrilla ni una capa para la lluvia, así que decidí sentarme un rato a buscar la dirección a la antigua, con un mapa y un lapicero. “Si pude usar google maps pero al no tener SIM, tenia que pegarme a un punto Wifi y bajar mapas. Digamos que no tuve mucha suerte con encontrar wifi abierto”.

Via Marsala, Via Marsala. Esta vez tenia que ser fácil, la calle se encontraba justo frente a mi nariz. Oh Via Marsala, si tan solo no me hubiese confiado aquella noche…A eso de las 8:20p.m la lluvia había disminuido un poco, lo suficiente como para caminar sin empapar mi ropa y mi mochila. Salí de la estación con las direcciones en la mente: “4 cuadras a la izquierda de la estación, 1 giro a la derecha, 2 cuadras, 1 vuelta a la izquierda y allí tendría que estar el callejón con el 9-B del hostal”. Las primeras 4 cuadras fueron fáciles, nada del otro mundo. Giré a la derecha y todo seguía bien, tal y como lo había planeado. Caminé las dos cuadras en línea recta y cuando estaba a punto de girar a la izquierda me di cuenta que no había nada mas. Solo una antigua y desolada iglesia, a oscuras en aquel callejón. ¡¿Como podía ser posible?! ¡Repase las calles, los nombres, las distancias y sabía que este tenia que ser el camino! Regrese a la intersección, dos cuadras atrás, y la lluvia se dejo venir con aquella intensidad que no te imaginas, como si se burlase de mi, evitando a que llegase a mi destino. Corrí hacia la tienda mas cercana y me resguarde en la parte de afuera. No pasaron ni diez segundos cuando el dueño de la tienda salio a regañadientes a decirme que me largase de allí, o al menos eso entendí yo por el gesto de sus manos, pues de italiano no se nada. Me dirigí rápido hacia la próxima tienda que encontré, una de alfombras y telas y que al parecer el dueño era hindú. Al verme en la parte de afuera, el hindú salio rápidamente a decirme que le comprara una sombrilla. Al negarme, me grito que si no iba a comprar algo, que me fuera de allí inmediatamente.

Me considero muy positivo con la raza humana. Pienso que somos muy capaces y que cada vez mejoramos como especie. Pienso que nos espera un futuro inimaginable, y no de la forma negativa. No es utopía, aunque se inclina por esas vías. Lastimosamente estas situaciones, y las que estoy por contar, me hicieron odiar a aquellas personas en ese momento. Aun no entiendo como es posible que exista ese tipo de gente…

Intente regresar a la estación pero me di cuenta que ya me encontraba perdido, no reconocía el lugar y la lluvia no cesaba. Logre ver un edificio que se encontraba en mantenimiento y me escondí de la lluvia debajo de unas estructuras de madera que se encontraban al lado de la acera. No me cubrían del todo pero era mejor que estar deambulando bajo el aguacero. 3 minutos, no para. 8 minutos, pruebo mi celular aun sabiendo que no tiene SIM, necesitaba creer en algo. 15 minutos, me siento en el barandal. 43 minutos…, aun no para. Un policía paso a la par mía y le pedí ayuda, preguntándole en ingles y en español si me podía ayudar con la dirección. Con mala cara se acerco, le entregué el papel arrugado y mojado y con 2 segundos de “medio” ver el papel, me dijo:

– I’m sorry, i don’t know…

Y con la misma cara de amargura me entrego el papel y siguió su camino. No lo podía creer, esto iba de mal en peor y mis ánimos ya estaban por los suelos. La noche empezaba a darle la bienvenida a las 10 y yo seguía escondido debajo de un trozo de madera en una esquina que no conocía. Ya exhausto, sediento y hambriento, la lluvia dejo de ser mi enemiga. Decidí regresar a la callé principal y seguir buscando, aunque llegase empapado, no me podía dar por vencido. Luego de caminar veinte minutos encontré la estación. No me preocupe por entrar, decidí seguir con lo que ya había empezado. Seguí la calle y tomé el mismo recorrido, solo que esta vez me tomaba unos 3 minutos en cada semáforo para identificar algún punto por si me perdía, iba saber como regresar. Luego de cruzar por aquí y por allá, ¡llegue al bloque de números que necesitaba encontrar! Caminé colina arriba y encontré el famoso y pequeño hostal al que llamaría hogar por unas semanas. Entré empapado, me registre y mientras esperaba, un italiano me dice:

– Oye, ¿de donde eres?

– Buenas noches, soy de Guatemala…

– Ahh… ¿Mexico?

– No, Guatemala, abajo de Mexico.

– Ah, la misma mierda. 

No se que cara puse al escuchar ese comentario pero todo mi odio y cansancio estuvieron a punto de romperle algunos dientes y de restregar su calva y deforme cabeza en el pavimento. Me encontraba a punto de responder la estupidez que había salido de su boca hace unos segundos cuando se disculpo y se fue rápidamente sin decir nada. Me encanta mi país y aunque esta repleto de problemas, siempre he levantado y levantare su nombre en donde sea que me encuentre. No como algunos vende patrias que yo mismo me he topado en el extranjero, negando sus orígenes, fingiendo que son de países vecinos con tal de no aceptar que son de Guatemala. Si existiese algún infierno, ese tipo de personas tendrían guardado un lugar muy especial. El recepcionista me entrego las llaves de mi habitación, la cual iba a compartir con 7 personas mas, y se disculpó por la actitud del dueño, ese calvo de cabeza deforme que acababa de insultar a mi patria hace unos minutos atrás. Tomé mis llaves, me dirigí a la habitación y mientras guardaba mis cosas,del baño salió una mujer, que sin saber, se convertiría en una persona muy especial para mi. Pero esa historia es para otros tiempos. Esa noche la vida me enseño a que las cosas siempre pueden salir mal, por mas que uno quiera controlar la situación, a veces simplemente no se puede. Tenemos que aprender a adaptarnos y a ver las cosas de otra manera, con otra mascara, pues al final somos nosotros los héroes de las mil caras.

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Los buses de los símbolos extraños

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No recuerdo la fecha ni la hora, pero si el lugar. Recuerdo muy bien el avión que se encontraba a punto de aterrizar en aquel lugar desconocido, absorbido por la oscuridad de la noche y una cabina de pasajeros vacía. Recuerdo que eramos unas 30 personas en aquella bestia metálica, producto del gran ingenio humano. Salí del aeropuerto y un frío congelante me envolvió,  dándome la bienvenida a aquel país que desconocía. Pregunte a un taxi si me podía llevar al centro pero con los precios que andaba disparando, decidí tomar el bus, pues no podía darme el lujo de gastar dinero que no tenia. Entré de nuevo al aeropuerto “el cual no albergaba ni una sola alma ademas de los trabajadores”, y pregunte en información que me ayudaran con instrucciones de como tomar el bus. Si fuera maestro y la muchacha que me atendió fuera mi alumna, le pondría -100 en servicio al cliente, -50 en interés, -60 en simpatía y un gran 100 en mal servicio. Después de sacarle un poco de información con cuchara y de lograr que me diera un mapa, me dijo que tomara el bus en la parada de afuera y que luego de unos 30 minutos que me bajara a tomar el tren. ¿Suena fácil, no? Sales, tomas el bus, cuentas de minuto en minuto hasta llegar a 30 y te bajas a buscar un tren que supuestamente te llevara a tu destino. Si la vida fuese sencilla como a veces parece no existirían historias ni canciones ni éxitos que celebrar.

Salí del aeropuerto, caminé hacia la parada y me senté a soportar los -6°C que acompañaban la noche. A lo lejos note el bus, pues su pantalla LED alumbraba mas que el sol en las mañanas. Me puse de pié, tome mis maletas y me prepare para subir. Estuve a punto de entrar cuando atrás vi otro bus pero con símbolos totalmente distintos en la pantalla LED. Luego vi otro mas atrás con símbolos distintos al segundo bus y supe de inmediato que no era solo una parada de bus de aeropuerto, de aquellos que te llevan siempre a la ciudad, esta era distinta pues cada bus tenia un destino distinto. Me senté de nuevo, tomé el mapa e intente memorizar los símbolos de aquel idioma extraño que jamas en mi vida había visto y que jamas entenderé. Primer bus: no, este no es. Segundo bus; no, este tampoco. Tercer bus: puede ser pero ese símbolo no se parece del todo a este. Cuarto bus: Mm… tiene una combinación del primero y el tercero, pero no es el que ando buscando. Cabe decir que ya llevaba unos 40 minutos sentado, viendo buses pasar sin saber cual tomar. La preocupación empezó a abrazarme y poco a poco fui teniendo un poco mas de miedo que el minuto anterior. Pasó por mi cabeza tomar cualquier bus pero no podía darme el lujo de perderme y tener que dormir en alguna banca a -6°C con todo mi equipaje. Luego de unos minutos mas, logre memorizar el nombre de la ciudad al 100%. Con eso en mente, logre distinguir el bus entre todos los que pasaban y lo tomé. Aun no entiendo porque pero una sensación de tristeza se apodero de mi ser. Para mi los buses siempre serán como ventanas temporales del alma, donde reflexionas y ves pasar recuerdos y anhelos frente a tu nariz, pegados en aquellas ventanas. El paisaje tampoco me ayudaba mucho, la sombra de la noche bañaba aquella arquitectura gótica del lugar, la gente parecía estar de mal humor, cansada de la rutina del día a día. No pude contenerlo y mis ojos se empañaron, sumergidos en recuerdos y en el presente al mismo tiempo.

Buenas noches, ¿Esta ocupado el asiento?

Hola… No, para nada. Puedes sentarte. – Quité la maleta para que se pudiese sentar.

Muchas gracias! No eres de aquí, ¿verdad? ¿de donde eres?

Soy de Guatemala. Vengo solo como turista. 

Guatemala ehh… Que exótico! Vienes de muy lejos! 

Jaja, si, mas o menos…

Por cierto, mi nombre es Clara. 

– Mucho gusto Clara, yo soy Rodrigo. 

– Encantada! Disculpa mi ingles pero hace mucho que no lo practico.

Jaja y tu disculpa el mío porque en mi país el ingles no lo hablamos mucho.

No, no para nada! Te entiendo de maravilla. Dime, a donde te diriges? 

Mm.. pues según la pagina de internet del hostal, tengo que llegar aquí. – Le muestro el papel que había impreso cuando reserve la habitación.

Ah, conozco el lugar. Esta cerca del centro. ¿Sabes como llegar? 

– Pues la verdad es que no. Solo se que tengo que tomar un tren en 10 minutos y buscar el centro. 

– No, no! te tienes que bajar en la siguiente estación, tomar el metro y cambiar de linea después de unas cuantas estaciones. 

– ¿Estas segura? Que ahorita mismo preparo mis cosas para bajarme.

– Si, pero no te preocupes, yo te llevo.

– ¡¿De verdad?!

– Jaja mira como te ha cambiado esa cara larga que traías hace un rato. Sera un placer llevarte a tu hostal! Tal vez pasamos a comer algo en el camino! 

– Claro! como no! No tienes idea de lo agradecido que estoy Clara. Muchas gracias!

Y así nos bajamos del bus y tomamos el primer metro con dirección a la ciudad. Cambiamos de linea, llegamos al centro y caminamos por la ciudad riendo y platicando como si fuésemos amigos de toda la vida. Pasamos a una pizzeria tradicional, pedimos una de la casa y pasamos el resto de la noche entre trozos de pizza, cerveza y agua mineral. Poco antes de la media noche seguimos cuesta arriba y llegamos a mi hostal. Intercambiamos contactos para quedar algún otro día para tomar un café o unos tragos y nos despedimos, sin saber que jamas nos volveríamos a ver. A unas cuadras de desaparecer, se volteó y con una sonrisa me gritó:

-¡Bienvenido a Praga!

 

 

 

En busca del helado divino

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Era una lluviosa mañana en la que antaño fue la gran ciudad politeísta, hogar de héroes, científicos y filósofos, origen de leyendas, historias y canciones. Era Atenas, la ciudad de los dioses. Allí me encontraba, perdido en las calles de Makrigianni con el museo de la Acrópolis en mi horizonte, sin saber leer ni hablar griego, en búsqueda del templo de Zeus Olímpico, pues de allí se suponía que saldría el tour gratuito para el Partenón, emblemático templo dórico que se ha conservado a lo largo de tantos años, desde el 432 A.C y que se distingue fácilmente entre la bulliciosa y urbanizada ciudad de Atenas.

Jadeante, logre unirme al grupo del tour exactamente cuando estaba a punto de comenzar. El guía, a quien desafortunadamente no le recuerdo el nombre, era un historiador espartano con mucha energía y pasión al contar el pasado de su país. Nos dio un recorrido por las atracciones principales de la ciudad, pasando por el teatro de Dioniso, el templo de Atenea Niké , la acrópolis de Atenas, el templo de Hefestión para concluir en el mercado aledaño, repleto de gente, restaurantes y tiendas. Después de comer un par de auténticos Gyros en una calle en la que apenas cabía gente, decidimos regresar al hostal. Para ese entonces, ya habíamos armado un grupo con gente dispuesta a salir a conocer las calles de Atenas. En la vida siempre se encuentra uno con personas con quienes nos llevamos mejor que con otras, con las que hacemos “click”, como si el momento estuviese escrito en algún libro divino para que sucediese en el momento correcto. El grupo era así: Una neozelandesa, dos rusos, una suiza, un camboyano y yo.

Al llegar al hostal, platicamos un rato con el historiador para que nos recomendara lugares para visitar, de aquellos que tienes que ir de turista, los que no te puedes perder y que supuestamente quedaran guardados en tu mente por toda la eternidad.

– Si quieren una autentica aventura, alquilen un carro y busquen a Marcello, en la ciudad de Nauplia (Nafplio), y probaran el mejor helado artesanal que jamas hayan probado. La ciudad esta a unas 2 horas y pueden visitar muchos lugares mas en el camino. Cuando vengan de regreso, pueden aprovechar a visitar uno de los teatros mas antiguos de Grecia (Saca un papel y empieza a escribír los nombres de los lugares a los que tenemos que ir).

La combinación de helado, teatro y carro enganchó a los demás casi de inmediato. Sin dudarlo, fuimos a la tienda de alquiler mas cercana y apartamos el carro para el día siguiente. Ya que eramos 6 no salio muy caro, aunque yo hubiese preferido viajar en bus, claro. La mañana siguiente allí estábamos, listos para emprender nuestro viaje por carreteras que no conocíamos, con GPS en los celulares, ya que el carro no tenia, y el nombre “Marcello” apuntado en un papel. Yo maneje los primeros 40 minutos hasta que llegamos a la primera salida. Paramos a comprar provisiones y luego me dedique a platicar y a disfrutar el viaje en la parte de atrás del carro. Eso de manejar en Atenas es muy similar a Guatemala, la gente hace lo que se le da la gana con tal de avanzar primero, los motoristas conducen como se les da la gana y todos bocinan al son del trafico, como si eso fuese a mover los carros por arte de magia.

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Después de pasar por varios lugares turísticos, llegamos a las antiguas murallas de uno de los castillos mas importantes de Grecia, Acrocorinto. El castillo se encuentra en la cima de una montaña con vista al golfo de Corinto y con un templo dedicado a Afrodita en el lugar mas alto.  Según la leyenda, esta montaña pertenecía a Helios, quien después de una disputa con Poseidón tomó la parte elevada, según el veredicto de Hecatonquiro Briareo.

Decidimos subir hasta el templo de Afrodita, lo cual nos tomo mas o menos 40 minutos. No había absolutamente nadie, solo nosotros admirando la belleza del templo y del golfo de Corinto en el horizonte, imaginando como fueron las incontables batallas que se dieron en el lugar. Después de un tiempo en Acrocorinto, sabíamos que era hora de completar nuestra misión, ¡Encontrar a Marcello!

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Nauplia, ciudad originalmente egipcia, conquistada por Argos y con mas de 2000 años de antigüedad. Se encuentra en el golfo Argólico y su nombre deriva del hijo de Poseidón y Amimone, Nauplio. Al llegar a la pequeña ciudad lo primero que noté fue un castillo prominente en la parte elevada de la misma, rodeado de una gran muralla, como si gritase al mar que allí estaba el para proteger su tierra de aquellos que se atreviesen a entrar sin permiso. A eso del medio día, el calor y la brisa del mar nos invitaban a descansar frente al castillo, bajo la sombra de aquel sin numero de árboles de naranjo, pero no llegamos a descansar, llegamos a encontrar a Marcello, el famoso heladero. Aparcamos el carro en las diminutas calles de Nauplia y empezamos la búsqueda. Nos dirigimos al puerto principal y empezamos a preguntarle a la gente por Marcello. Todos lo conocían pero nos daban direcciones “dediles”, por lo que siempre parábamos en lugares escondidos de la ciudad, sin encontrar a Marcello. Después de 1 hora de constante búsqueda, encontramos a un local que hablaba ingles. Luego de contarle nuestra historia, decidió llevarnos él mismo a la famosa heladería de Marcello. Allí se encontraba, una pequeña tienda con colores peculiares sin ningún cartel en la parte de afuera que indicase que allí dentro vendían el helado hecho por los mismos dioses griegos. Entramos y en la cocina “que estaba a la vista de todos”, se encontraba un señor que ya rascaba los 60 años, moldeando y trabajando helado con una concentración que solo le pudo dar la diosa Hestia cuando emprendió su profesión de heladero. Concentrado en su trabajo, no dijo ni una sola palabra hasta haber terminado.

– Saludos mis amigos, ¿En que les puedo ayudar?

¡Buenas! Disculpa pero, ¿acaso tu eres Marcello?

– Ese mismo, pero ya no el de antes. Los años pegan, quiera uno recibir o no el golpe Jaja ¿Que los trae a la pequeña ciudad de Nauplia? 

– Bueno, como te lo decimos… Allá en Atenas nos recomendaron viajar hasta acá con tal de probar tu helado. Dicen que es digno de historias y canciones. Quien nos recomendo venir fue: (El nombre del historiador que no recuerdo).

– Jaja venga que no es para tanto. Nací en Italia y llevo mas de 45 años haciendo helado. Viaje por muchos países para tratar de dominar el arte y decidí quedarme en esta bella ciudad. Todos los ingredientes los compro yo mismo en el mercado y mi única ayuda es mi aprendiz, quien se encuentra ahora mismo en la parte de atrás. Por cierto, me alegra escuchar que él espartano se encuentra bien.

– Wow, ¿45 años haciendo helado? Disculpe don Marcello pero yo creo que mejor empiezo a probar todos los sabores que usted tiene aquí. 

– Jaja, ¡Vengan! Pasen y prueben todos los sabores, para que después puedan decidirse por uno en especial. 

Y así nos adentramos en su pequeña tienda, llena de bolsas e ingredientes, desordenada y con aquel aire nostálgico de un verdadero inventor. Nos dio de probar cada uno de los sabores que tenía, incluso su mas famoso: “Frutas del Mar”, que era una combinación de frutas cítricas con un toque de zarzamora de montaña y té verde que el mismo inventó. El sabor era indescriptible, la mezcla de ingredientes era perfecta y para un simple mortal como yo, era lo mas delicioso que había probado jamas en mi vida. Solo con ver el color del helado se me hacia agua la boca, por lo que decidí comprar el vaso mas grande y mezcle mas de 4 sabores a mi gusto. Con los helados en la mano, nos despedimos de Marcello, quien nos dio la bendición de los dioses, justo antes de seguir con su trabajo. Terminamos de comer nuestro helado en silencio, admirando el mar, las murallas del castillo y la belleza de la pequeña ciudad de Nauplia.

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Como luz de inverno

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Estas últimas semanas han sido muy peculiares. He conocido a muchas personas, he hecho lo que más disfruto frente a multitudes, he construido, he convivido, explorado y he vivido sin tomarle importancia al ayer o al mañana.

La vi entre la multitud, como estrella reflejada sobre el mar. Sus rizos bañados en oro y verla sonreír me iluminaron con su luz.

Últimamente he sentido la necesidad de viajar y de explorar de nuevo, de conocer gente y de perderme en lugares desconocidos. Dicen por allí que una vez vives fuera de tu realidad, nunca vuelves a la normalidad. Las ideas y las experiencias estiran la mente y esta jamás vuelve a su estado original.

Me intente resistir a su calor pero fue imposible, su intensa luz encandilaba mi razón. Me gustaría que otra vez la ilusión rozara su corazón.

Peleo con la adaptación hedónica todos los días. Trato de combatir la rutina y las familiaridades del día con actividades que me hagan crecer. Estudio coreano al menos 1 hora al día, avanzo en los libros que actualmente estoy leyendo, sigo el curso de enseñanza del idioma español en Coursera, me pongo al día en temas científicos, escribo canciones, escribo en el blog…etc. No me gusta sentir que hoy se absolutamente lo mismo que ayer. ¡Tengo que avanzar!

Mírame y la alborada de mañana sera tuya. Con tus cabellos grabaré en dorado nuestros nombres, fijos en el resplandor del amanecer.

“Lo convoco y así aparece. Como lo imagino, así se vuelve”. Al fin pude entender esa frase. El poder de nuestra mente y deseo de realizar algo es mas poderoso de lo que creemos. Siempre he dicho, haz lo que amas, nunca dejes nada a medias y lo demás vendrá detrás, sin necesidad de que lo esperes. Recuerda, la caída libre aguarda a los valientes.

¡Ven! Montemos las nubes juntos mientras la oscuridad desaparece. Encuéntrame en aquel lugar donde el mar saluda a la tierra y tendrás tu canción, aquella que te prometí cantar…

Una salida, una carta y un adiós

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Fue un viernes de invierno, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. El viento helado nos daba los buenos días acompañado de un cielo despejado y un sol que ya se había cansado de calentar, pero que estaba allí por compromiso. Allí iba yo, caminando hacia la estación 신기역 “Singiyeok” como lo hacía cada mañana, solo que esta vez sabía que era diferente. Era mi ultimo viernes con el equipo completo de la universidad y la escuela. Aunque no era mi ultima clase, pues aun faltaban 2 semanas adicionales, algunos amigos de mi equipo tenían pensado viajar indefinidamente y no les iba a ser posible acompañarme en el ultimo tramo del intercambio.

안녕하세요! Annyeonghaseyo!

– ¡Buenos días! 

– Oh, ¿hablas coreano? ¿De donde eres?

– No, no, para nada. Solo se un par de cosas básicas. Soy de Guatemala, por cierto. 

¿Guatemala? Ohh! Mayas y café! Dicen que el clima es bueno por allá! 

Jaja sí, el café es igual de bueno que el clima. 

– ¿Y que te trae por acá? ¿Quieres una brocheta? ¿Has probado los 꼬치 어묵 “Kkochi Eomuk”? Mira que las estoy empezando a preparar.

Wow, ¡son muchas preguntas! jaja Bueno, dame 3 que casi no he desayunado. Estoy aquí por un intercambio. Vivo a unas cuadras de aquí. 

¿Intercambio? ¿Vas a la universidad entonces? Casi no veo extranjeros por esta parte de Daegu. Sabes, ¡hace muchos años viaje con mi esposa a muchos países! Pensé en quedarme en Japón pero decidí regresar… Ohh como extraño esos tiempos. 

Si, voy a KNU y doy clases de cultura latinoamericana en una escuela por las tardes. ¿Y que países visitaste en esos años? 

“Y-O SE UUN PO-CO D-E ESPAÑOOL”, ¿Que tal? ¿Lo dije bien? jaja visite México hace 15 años. Luego viaje por Europa y el continente asiático y en el 2008 decidí abrir mi negocio, aquí en corea. ¿Te gusta el picante? Toma, ¡aquí hay salsa! 

– Jaja ¡Lo hablas perfecto! 감사합니다 por las brochetas, estaban muy ricas. Aquí esta lo de las 3 brochetas. 

¿Ya te vas? Bueno, antes te recomendaría que te llevaras este té especial. Lo he preparado yo y es tradicional de corea. ¡Se que te va a encantar!  

Mmm… Bueno, por que no. Dame uno. 

– ¡Cuidado que esta caliente! Que tengas un buen día y espero que pases de nuevo por aquí a comer mas brochetas.

 감사합니다! ¡Hasta pronto y gracias de nuevo! 

Después de haber llenado el estomago con 3 brochetas de pescado remojadas en sopa, seguí mi camino a la estación. De vez en cuando suele suceder que algunas personas tratan de entablar una conversación conmigo, ya sea en el tren o en alguna tienda. Cuando son jóvenes pienso que es para practicar su ingles, y cuando son mayores creo que es solo por mera curiosidad. En fin, nos reunimos de nuevo en el mismo lugar, a la misma hora para tomar el mismo tren y así llegar a la escuela. La nostalgia era palpable en el ambiente. Las miradas fijas al suelo y las sonrisas forzadas me recordaban que el final estaba cerca. Fue la clase mas larga que jamas he dado. Lo único que quería era salir y poder compartir una vez mas con aquellas personas que facilitaron mi vida en aquel mundo extraño, aquellos que se volvieron mi familia, y sobretodo, quería volver a ver aquella sonrisa de la mujer con labios sabor a miel.

A eso de las 6, el sol terminaba de bañar con sus rayos la famosa torre de Daegu, inconfundible desde la lejanía de mi ventana del 5to piso de aquel salón que fue mi hogar por un tiempo. La peculiar canción “¡Si! Canción y no timbre”, retumbo por los salones a las 6:00p.m indicando la hora de salida. La cena indicada para la noche era 족발 (Jokbal), que consiste en pata de cerdo cocinada en salsa de soja, acompañada de otros platillos coreanos tradicionales. Caminamos hacia el restaurante, dejando la melancolía atrás, pues esta noche no estaba invitada a cenar. Era la primera vez que probaba 족발 ¡y lo disfrute mucho! Acompañamos la noche con un poco de Soju, opiniones e ideas de como mejorar el programa. Ya pasadas las 9, sabiendo que iba a ser la ultima noche juntos, decidimos ir a un bar a seguir platicando. Encontramos uno en internet y nos dirigimos con determinación a cerrar con broche de oro la noche del viernes.

Después de acabar con el plato de cortesía y de la primera botella de Ron Zacapa Centenario, no me pregunten como pero lo conseguí jaja, una mesera se acerco a nuestra mesa y… ¡Empezó a hablar en español!  Llevaba 1 mes sin escuchar ni utilizar mi querido y adorado idioma. Cuando la escuche fue tan sorprendente que me lleno de regocijo. Era estudiante de español y llevaba 2 años estudiándolo en la universidad. Después de intercambiar contactos para quedar otro día y así ayudarla a practicar, mi equipo decidió ir por la segunda botella. Podrán empezar a imaginar esa mezcolanza de cerveza, soju, ron y tequila. Todo esto siempre acompañado de un par de piezas de pollo para picar. El reloj ya anunciaba la media noche y las historias seguían, de aquellas secretas que solo se cuentan a ciertas personas y se guardan para uno mismo. El ultimo tren de la noche ya había pasado así que no teníamos prisa de irnos, por lo que mi equipo decidió comprar una de Jack Daniels para finalizar. A este punto el mundo ya se movía como si estuviese sobre un trompo que se encuentra a punto de caer. Cuando la razón decidió se esfumo en ciertos amigos, supe que era suficiente. Tomamos nuestras cosas y salimos a buscar los taxis de regreso. La amiga con la que tome el taxi se bajo al cabo de 10 minutos, mientras que yo tuve que esperar un poco mas para llegar a mi casa.

Me baje con el mundo girando a toda velocidad y me dirigí al 7 Eleven mas cercano en búsqueda de cafe, pensando que me iba a ayudar con los síntomas del buen festejar. Con cafe en mano, supe que no podía llegar a mi casa en ese estado. Busque la banca mas cercana envuelto entre los -5ºC que hacia esa noche, me senté a beber mi cafe mientras me perdía en mis pensamientos, pues con el solo hecho de abrir los ojos mi mundo se derrumbaba en tambaleos y terremotos. Allí estaba, acostado en una banca con frío en un pueblo que se encontraba a miles de kilometros de mi país y lo único que tenia en mente era a ella, la mujer con labios sabor a miel. Sabía que ese día ella se iba y que jamas la volvería a ver. Desanimado y con un par de lagrimas en los ojos, me puse de pie y tome el camino final para ir a casa.

– 안녕하세요?

– Buenas noches…..

– Wow! donde estabas? Son las 3 de la mañana… Imagine que te fuiste de fiesta.

-Pues algo así…

– Haha ¡¿estas borracho?!

– Nah, ¡para nada!

– Ja, a mi no me engañas. Vamos por un cafe mejor! 

– De tomar uno vengo y no creo que me haya hecho algún bien. 

– Venga, igual salgamos un rato así se te pasa. 

– OK! 

Esa noche mi hermano Coreano había salido de fiesta así que cuando regrese, el estaba entrando también. Al ver mi aspecto creo que pudo suponer parte de lo que había pasado, pues después de tantas semanas de vivir allí, lo consideraba mi hermano, de aquellos de verdad que casi nunca, o nunca, se pueden encontrar. Salimos por otro cafe y le conté todo. En la misma banca donde me quebré esa noche, me dijo que le enviara un mensaje a ella, que tenia que hacer hasta lo imposible con tal de verla una vez mas. Desesperanzado, le envié medio testamento por mensaje “que por cierto, no me gusta escribir mucho por Whastapp o Line”, y nos sentamos a beber cafe y a esperar. A eso de las 4:30am decidimos volver y en el camino, mi celular brillo con la notificación que esperaba ver. Fue como si toda la energía regresase a mi en un instante y la tristeza se borrara en un abrir y cerrar de ojos. Su avión salía pasado el medio día así que tenia unas horas para descansar e ir a verla a la estación de tren, por ultima vez. Regresamos a la casa y lo primero que hice fue tomar una hoja de papel y mis manos y mi corazón hicieron el resto. Escribía y escribía y el tiempo se detenía pues tenia que ser perfecta porque era la única y la ultima carta, la que esperaba que pudiera recordar siempre.

3 horas después ya me encontraba de pie, tomando un baño con el mundo aun girando pero a menor velocidad. Tome el tren y con el corazón palpitando a mil por hora, pase los próximos 50 minutos pensando y reflexionando en lo que iba a decir. Pues esto es lo malo de viajar. Conoces gente con la que te encariñas y te identificas pero sabes que de la noche a la mañana te tienes que ir y probablemente jamas los volverás a ver. Ese sentimiento de alegría, nostalgia y tristeza es de las cosas que me hacen sentir humano. Llegue a la estación y la vi. Sus tibias manos y su sonrisa me transportaron de nuevo hacia aquel lugar en el que quería estar. Toda tristeza que se había apoderado de cada rincón de mi ser había desaparecido. Solo éramos ella, yo en el anden, escondiendo lagrimas tras sonrisas pues ambos sabíamos que iba a ser la ultima vez que nos íbamos a ver. Después de los 30 minutos dilatados por la poesía del momento, sonó la voz que no queríamos que sonase. La notificación que el tren estaba proximo a llegar. Con los ojos empañados nos despedimos, le di su carta y prometimos volvernos a ver, sabiendo los dos que jamas iba suceder pero lo queríamos creer, al menos en ese momento.

Y así fue como regrese de nuevo a casa para incorporarme a las ultimas semanas de trabajo. Esta vez fue distinto, pues en lugar de sentirme triste y destruido, iba feliz… Pues logre ver esos ojos y sonrisa sincera una vez mas, un recuerdo que guardare siempre, por toda la eternidad.

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El famoso 양념 치킨 acompañado de cerveza

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Que les puedo decir, si visitan Corea tengan por seguro que pasaran por algún famoso restaurante local, aquel que todos conocen y aseguran que es el mejor del area, donde se juntan amigos a charlar después de un agotador día de trabajo o de estudios. Todo esto para saborear el delicioso pollo frito 양념 치킨 (Yangyeom Chicken) acompañado de un par de picheles de cerveza y para los mas valientes, Soju para el alma. 

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Normalmente tienen una gran variedad de salsas y formas de preparación. Acompañado con el pollo, como es de costumbre, te dan un pequeño basurero para arrojar los huesos y unos guantes de plástico para que no te llenes de grasa. Así que si te invitan a uno de estos, prepárate para escuchar y contar historias por un par de horas, prepárate para comer mucho pollo, incluyendo partes que ni sabras de donde vienen y de beber cerveza, ¡mucha cerveza!

Escapando de la realidad

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Hay días que me escapo a pensar. Después de hablar ingles todos los días y de tratar de seguir aprendiendo coreano, a veces necesito un par de horas para pensar en mi idioma natal. A veces agarro el tren y me bajo en cualquier estación que se encuentre cerca del centro, busco un cafe y me siento a escribir, como hago ahora mismo, mientras escucho a Saurom y me hablo a mi mismo para calmar un poco la locura. Cada día que paso sin hablar español, mas me gusta mi idioma natal. Juro que intentare sacar un DELE o algo parecido para enseñar español, y sobretodo, para conocer mas sobre mi lengua materna.

Me pregunto cuantas historias y canciones han nacido en este tipo de lugares…

 

Huevos ilimitados en 돈사마

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Hace poco tuve la oportunidad de visitar el restaurante 돈사마 (Don Sa Ma) , allí por Sincheon, en donde básicamente si ordenas algo en el menú, ¡puedes comer huevos ilimitados! Nosotros pedimos una sopa para acompañar y carne de cerdo, que si no mal recuerdo era lomo.

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Si tienes pensado venir a Corea y no te gustan las sopas, creo que vas a pasar un mal tiempo. No es que no puedas evitar la sopa pero casi el 80% de las veces que he comido, siempre, SIEMPRE se toma sopa. Así que a preparar el estomago para comer mucho vegetal y comida con toque picante. Sigo insistiendo que exageran un poco con lo de la comida picante… ¡No es tan picante como te lo pintan! Creo que comemos igual en Guatemala.

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Y para acompañar la comida, no podia faltar la famosa combinación de soju y cerveza, SoMac (소맥), jaja.

 

Un hasta pronto escondido entre las faldas de un adiós

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Te conocí una noche de diciembre y así como vine a tu vida, hoy me despido, me voy. Quisiera ver junto a ti un nuevo amanecer y encontrar esa canción que te prometí, aquella que juramos cantar juntos los 2. Quisiera poder robarle unos minutos mas al tiempo, solo para sentir la ilusión de eternidad una vez mas. Espero que algún día la ilusión roce tu corazón, ya sea conmigo o sin mi, y yo contigo o sin ti.

Si te sientes sola, solo recuérdame, que aunque no te pueda ver, siempre estaré allí. ¡Gracias! un adios, te quiero, hasta pronto…

P.D: Ya escribí sobre esto pero lo voy a volver a decir. Viajar y vivir no siempre es color rosa, a veces se torna gris, del gris mas oscuro, casi negro. Algunos se desahogan en un bar, otros con amigos, y algunos otros, como yo, escribiendo. Decir adiós nunca es fácil y me temo que el mas difícil de todos esta por venir. Así es la vida, llena de felicidad y melancolía, amores, desgracias, historias, amigos, despedidas y alguna que otra canción.

Los días no vuelven

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Hay momentos que le quitan a uno el aliento. El tiempo se detiene y lo único que deseamos es que ese momento dure para siempre, una eternidad guardada en minutos. Creo que por eso escribimos, tomamos fotos, componemos canciones, pintamos, creamos películas..etc, porque es la única forma de inmortalizar el momento y el sentimiento, y luego en un futuro poder volver a recordar y sentir una parte de esa felicidad que murió en el recuerdo, pero que aun guardamos en trocitos, por que el corazón nunca olvida los momentos que le quitaron el aliento.

La conocí unos días después de haber llegado a Daegu, mientras esperaba a que un carro sostenido por un cable me llevara a la cima de una pequeña montaña. Aquella víspera de navidad, mientras todos pasaban la navidad en parejas, allí estábamos nosotros, pasando frío con un pincho de pescado frito esperando a que la ciudad sustituyese al sol con sus luces de neón. Aunque la nostalgia me atacara, recordándome lo lejos que estaba de mi familia y amigos, ella siempre me alumbraba de nuevo. Creo que en la vida hay ciertas personas especiales, aquellas que con una sonrisa o un gesto nos transfieren felicidad y energía, aquellas personas que creemos que nunca lloran o se entristecen, o si lo hacen, lo guardan para si mismas.

Después de pasar la navidad en multitud, pero solos los 2, pensé que jamas la volvería a ver. Aunque este sea su país, sabía que tenía que partir lejos por un tiempo y cuando ella regresase, yo ya no estaría aquí para verla, pero los mejores momentos son aquellos espontáneos, los que no se planean y hoy, el destino, la vida o como quieras llamarle nos quizo volver a ver juntos, y así fue. Fue un día de esos únicos, que no suceden muy a menudo, digno de un poema o una canción. Todo esto me hace pensar que el amor y la melancolía son parientes cercanos, de esos que no se separan nunca. Por eso en esos momentos de felicidad también nos sentimos tristes de cierta forma, porqué sabemos que el momento acabara. Esa mezcla de felicidad y melancolía es lo que al final hace que el amor sea tan trágico.

Siempre la recordaré, pues su sonrisa alumbro mi alma como el sol bañando praderas con rayos de luz al amanecer. Se que la volveré a ver, y mientras ese día llegue, siempre guardare sus besos sabor a miel.

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¡Feliz Año Nuevo!

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La cosas aquí del otro lado del charco estuvieron fantásticas. Primero quedamos con las demás estudiantes de intercambio para cenar y esperar hasta la media noche para realizar la cuenta regresiva y así recibir el 2015 de la manera mas alegre posible, pues todos nos encontramos lejos de casa y un poco de calor humano, aunque sea en multitud, nunca esta de mas.

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Ademas de mis compañeras extranjeras, se nos unieron unas amigas coreanas que no tenían planes para el año nuevo, y bajo su recomendación, decidimos cenar pollo con un par de cervezas. ¡Nada mal! En mi caso pues pedí especialmente el pollo con salsa garlic, que hasta el momento ha sido el que mas me ha gustado. Al terminar, aun faltaba bastante para la media noche por lo que decidimos ir al karaoke a pasar los últimos minutos.

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Fuimos al parque donde se haría el conteo, “diabla, ¡no recuerdo el nombre del lugar!”, y vimos los bailes y demás cosas antes de que dieran las 12. A eso de la media noche empezó el conteo, una multitud de gente contando en coreano para finalizar con un Happy New Year mientras soltaban globos en el escenario y media hora después, “no se porque se tardaron tanto”, concluyeron con la quema de fuegos artificiales. Al finalizar el conteo, ¡empezó a nevar! En mi país no tenemos nieve por lo que me emociona cuando nieva.

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Decidimos terminar la noche con una taza de café para luego agarrar el ultimo tren a nuestras casas a eso de la 1:30am.

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¡Feliz año nuevo a todos! Que este 2015 sea fructífero y si en el 2014 no lograste avanzar porque tus piernas y tu corazón ya no podían mas, recuerda que a veces es necesario dar un paso atrás para poder avanzar. ¡Mis mejores deseos para ti!

 

 

Cuando las estrellas vuelvan a brillar

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Es el mismo cielo, estoy seguro. Recuerdo haberle visto por mucho tiempo pero hasta el momento sigo sin reconocerlo…Pero Estoy seguro que es el mismo. Todo es distinto, absolutamente todo. El viento, la lluvia, el paisaje, la gente, la comida, el vivir… Nada es igual que allá, solo el cielo, estoy seguro que es el mismo, aunque a veces no tanto pero es cuando alguna u otra melodía me recuerda aquel que un día fui. No me mira de la misma forma, no, para nada, y menos esa noche, porque traicione a la luna por ella. Su sonrisa llenaba la oscuridad y aunque ninguno de los 2 podía expresarse bien, las palabras no fueron necesarias, porque el lazo existía, todo existía, menos el cielo, que esa noche no le reconocía, y la luna, celosa, vigilaba siempre de lejos. Sabia que no la volvería a ver jamás, pero no importaba, esa noche solo quería estar con ella. El resto es secreto, como todas las noches después de las 11:00. Siempre la recordare. Un beso, un adiós y hasta que nos volvamos a encontrar. Si me quieres recordar, solo mira al cielo, porque será el mismo donde sea que tu y yo estemos. Y si no lo reconoces, como yo ahora, muy dentro de ti sabrás que es el mismo de aquella noche, aquel que nos vigilo y nos guardo bajo las estrellas.

Si, ya lo recuerdo… es el mismo cielo…

A Seoul en el KTX

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Hoy había quedado con una amiga de hace muchos años para vernos en Seoul y pasar el día. Había pensado en usar el bus desde Daegu hasta Seoul pero sabía que iba a tomar unas 4 horas mas o menos, por lo que decidí utilizar la línea de alta velocidad, KTX. El boleto de ida me costo 37,500 Won y pues obviamente el de regreso me costo lo mismo.

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Llegué a Seoul a eso de las 10 de la mañana y decidimos ir a comer algo antes de empezar nuestro recorrido. Esta vez tenia planeado conocer el famoso “Han River”, unos parques por allí cerca y ademas visitar el museo del rey Sejong, ya que la vez pasada ni siquiera tuve tiempo de ver las estatuas o de entrar al museo.

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Se puede entrar de distintas formas al museo. Yo entre por la parte de atrás de la estatua del Rey Sejong, no tiene ningún costo y es mucho mas grande de lo que se piensa. Si te gusta leer como a mi puede que te tardes aproximadamente 1 hora en recorrerlo y verlo todo o un poco menos si eres de esos que solo le toman fotos a las cosas y se van.

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Ademas de ver el museo, tuve la oportunidad de ver el cambio de guardia en el palacio Gyeongbokgung a eso de las 3 de la tarde y de firmar una lista para que se de la investigación de la muerte de unos jóvenes coreanos que se encontraban abordo de un barco. Siento que no sepa mas de esto pero no entendí nada de lo que decía el panfleto, solo entendí por fotos.

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Pasada la tarde regrese a la estación de Seoul, donde tenía que tomar el tren KTX de regreso a eso de las 5:45pm. ¡Casi no llego a tiempo! Me perdí en unas estaciones y después de pedir instrucciones varias veces “¡venga que al menos ya reconozco algo de coreano!, ¿Algo tiene que valer, no?”, llegue apenas con 5 minutos de antelación. Esta semana toca preparar el programa de la semana entrante por lo que creo que voy a estar un poco ocupado. En fin, a seguir conociendo.

Recuerda que puedes ver todas las demás fotografías AQUI

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