Historias

Marsala, pizza y un callejón en Roma

Roma

Era una noche lluviosa, muy lluviosa. Las gotas caían, la gente corría y los faroles alumbraban aquellos oscuros y viejos callejones romanos. No me había percatado que siempre que llego a un nuevo destino, llego de noche, cuando el sol esta durmiendo. Me gusta pensar que es para no hacer ruido y así despedirme de la misma forma de aquellas personas que se vuelven tan importantes en tan poco tiempo. Dicen que la vida esta hecha de victorias, derrotas y amor, despedidas y alguna que otra canción. Espere bajo el techo de la estación Roma Termini con la esperanza de encontrar mi posada con facilidad y así descansar del largo trayecto que había realizado unos días antes. De los lugares a los que he ido, no ha existido ocasión en la que no me haya puesto nervioso al pisar el suelo que estoy a punto de explorar. Viajar solo significa que no tienes a nadie cuando llegas. Nadie a quien acudir, nadie con quien compartir tu preocupación de estar perdido, nadie que te acompañe entre andenes y callejones, nadie con quien buscar el mercado local o el lugar mas barato para comer; y ese peso queridos amigos, vale por dos. No podía darme el lujo de comprar una sombrilla ni una capa para la lluvia, así que decidí sentarme un rato a buscar la dirección a la antigua, con un mapa y un lapicero. “Si pude usar google maps pero al no tener SIM, tenia que pegarme a un punto Wifi y bajar mapas. Digamos que no tuve mucha suerte con encontrar wifi abierto”.

Via Marsala, Via Marsala. Esta vez tenia que ser fácil, la calle se encontraba justo frente a mi nariz. Oh Via Marsala, si tan solo no me hubiese confiado aquella noche…A eso de las 8:20p.m la lluvia había disminuido un poco, lo suficiente como para caminar sin empapar mi ropa y mi mochila. Salí de la estación con las direcciones en la mente: “4 cuadras a la izquierda de la estación, 1 giro a la derecha, 2 cuadras, 1 vuelta a la izquierda y allí tendría que estar el callejón con el 9-B del hostal”. Las primeras 4 cuadras fueron fáciles, nada del otro mundo. Giré a la derecha y todo seguía bien, tal y como lo había planeado. Caminé las dos cuadras en línea recta y cuando estaba a punto de girar a la izquierda me di cuenta que no había nada mas. Solo una antigua y desolada iglesia, a oscuras en aquel callejón. ¡¿Como podía ser posible?! ¡Repase las calles, los nombres, las distancias y sabía que este tenia que ser el camino! Regrese a la intersección, dos cuadras atrás, y la lluvia se dejo venir con aquella intensidad que no te imaginas, como si se burlase de mi, evitando a que llegase a mi destino. Corrí hacia la tienda mas cercana y me resguarde en la parte de afuera. No pasaron ni diez segundos cuando el dueño de la tienda salio a regañadientes a decirme que me largase de allí, o al menos eso entendí yo por el gesto de sus manos, pues de italiano no se nada. Me dirigí rápido hacia la próxima tienda que encontré, una de alfombras y telas y que al parecer el dueño era hindú. Al verme en la parte de afuera, el hindú salio rápidamente a decirme que le comprara una sombrilla. Al negarme, me grito que si no iba a comprar algo, que me fuera de allí inmediatamente.

Me considero muy positivo con la raza humana. Pienso que somos muy capaces y que cada vez mejoramos como especie. Pienso que nos espera un futuro inimaginable, y no de la forma negativa. No es utopía, aunque se inclina por esas vías. Lastimosamente estas situaciones, y las que estoy por contar, me hicieron odiar a aquellas personas en ese momento. Aun no entiendo como es posible que exista ese tipo de gente…

Intente regresar a la estación pero me di cuenta que ya me encontraba perdido, no reconocía el lugar y la lluvia no cesaba. Logre ver un edificio que se encontraba en mantenimiento y me escondí de la lluvia debajo de unas estructuras de madera que se encontraban al lado de la acera. No me cubrían del todo pero era mejor que estar deambulando bajo el aguacero. 3 minutos, no para. 8 minutos, pruebo mi celular aun sabiendo que no tiene SIM, necesitaba creer en algo. 15 minutos, me siento en el barandal. 43 minutos…, aun no para. Un policía paso a la par mía y le pedí ayuda, preguntándole en ingles y en español si me podía ayudar con la dirección. Con mala cara se acerco, le entregué el papel arrugado y mojado y con 2 segundos de “medio” ver el papel, me dijo:

– I’m sorry, i don’t know…

Y con la misma cara de amargura me entrego el papel y siguió su camino. No lo podía creer, esto iba de mal en peor y mis ánimos ya estaban por los suelos. La noche empezaba a darle la bienvenida a las 10 y yo seguía escondido debajo de un trozo de madera en una esquina que no conocía. Ya exhausto, sediento y hambriento, la lluvia dejo de ser mi enemiga. Decidí regresar a la callé principal y seguir buscando, aunque llegase empapado, no me podía dar por vencido. Luego de caminar veinte minutos encontré la estación. No me preocupe por entrar, decidí seguir con lo que ya había empezado. Seguí la calle y tomé el mismo recorrido, solo que esta vez me tomaba unos 3 minutos en cada semáforo para identificar algún punto por si me perdía, iba saber como regresar. Luego de cruzar por aquí y por allá, ¡llegue al bloque de números que necesitaba encontrar! Caminé colina arriba y encontré el famoso y pequeño hostal al que llamaría hogar por unas semanas. Entré empapado, me registre y mientras esperaba, un italiano me dice:

– Oye, ¿de donde eres?

– Buenas noches, soy de Guatemala…

– Ahh… ¿Mexico?

– No, Guatemala, abajo de Mexico.

– Ah, la misma mierda. 

No se que cara puse al escuchar ese comentario pero todo mi odio y cansancio estuvieron a punto de romperle algunos dientes y de restregar su calva y deforme cabeza en el pavimento. Me encontraba a punto de responder la estupidez que había salido de su boca hace unos segundos cuando se disculpo y se fue rápidamente sin decir nada. Me encanta mi país y aunque esta repleto de problemas, siempre he levantado y levantare su nombre en donde sea que me encuentre. No como algunos vende patrias que yo mismo me he topado en el extranjero, negando sus orígenes, fingiendo que son de países vecinos con tal de no aceptar que son de Guatemala. Si existiese algún infierno, ese tipo de personas tendrían guardado un lugar muy especial. El recepcionista me entrego las llaves de mi habitación, la cual iba a compartir con 7 personas mas, y se disculpó por la actitud del dueño, ese calvo de cabeza deforme que acababa de insultar a mi patria hace unos minutos atrás. Tomé mis llaves, me dirigí a la habitación y mientras guardaba mis cosas,del baño salió una mujer, que sin saber, se convertiría en una persona muy especial para mi. Pero esa historia es para otros tiempos. Esa noche la vida me enseño a que las cosas siempre pueden salir mal, por mas que uno quiera controlar la situación, a veces simplemente no se puede. Tenemos que aprender a adaptarnos y a ver las cosas de otra manera, con otra mascara, pues al final somos nosotros los héroes de las mil caras.

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Los buses de los símbolos extraños

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No recuerdo la fecha ni la hora, pero si el lugar. Recuerdo muy bien el avión que se encontraba a punto de aterrizar en aquel lugar desconocido, absorbido por la oscuridad de la noche y una cabina de pasajeros vacía. Recuerdo que eramos unas 30 personas en aquella bestia metálica, producto del gran ingenio humano. Salí del aeropuerto y un frío congelante me envolvió,  dándome la bienvenida a aquel país que desconocía. Pregunte a un taxi si me podía llevar al centro pero con los precios que andaba disparando, decidí tomar el bus, pues no podía darme el lujo de gastar dinero que no tenia. Entré de nuevo al aeropuerto “el cual no albergaba ni una sola alma ademas de los trabajadores”, y pregunte en información que me ayudaran con instrucciones de como tomar el bus. Si fuera maestro y la muchacha que me atendió fuera mi alumna, le pondría -100 en servicio al cliente, -50 en interés, -60 en simpatía y un gran 100 en mal servicio. Después de sacarle un poco de información con cuchara y de lograr que me diera un mapa, me dijo que tomara el bus en la parada de afuera y que luego de unos 30 minutos que me bajara a tomar el tren. ¿Suena fácil, no? Sales, tomas el bus, cuentas de minuto en minuto hasta llegar a 30 y te bajas a buscar un tren que supuestamente te llevara a tu destino. Si la vida fuese sencilla como a veces parece no existirían historias ni canciones ni éxitos que celebrar.

Salí del aeropuerto, caminé hacia la parada y me senté a soportar los -6°C que acompañaban la noche. A lo lejos note el bus, pues su pantalla LED alumbraba mas que el sol en las mañanas. Me puse de pié, tome mis maletas y me prepare para subir. Estuve a punto de entrar cuando atrás vi otro bus pero con símbolos totalmente distintos en la pantalla LED. Luego vi otro mas atrás con símbolos distintos al segundo bus y supe de inmediato que no era solo una parada de bus de aeropuerto, de aquellos que te llevan siempre a la ciudad, esta era distinta pues cada bus tenia un destino distinto. Me senté de nuevo, tomé el mapa e intente memorizar los símbolos de aquel idioma extraño que jamas en mi vida había visto y que jamas entenderé. Primer bus: no, este no es. Segundo bus; no, este tampoco. Tercer bus: puede ser pero ese símbolo no se parece del todo a este. Cuarto bus: Mm… tiene una combinación del primero y el tercero, pero no es el que ando buscando. Cabe decir que ya llevaba unos 40 minutos sentado, viendo buses pasar sin saber cual tomar. La preocupación empezó a abrazarme y poco a poco fui teniendo un poco mas de miedo que el minuto anterior. Pasó por mi cabeza tomar cualquier bus pero no podía darme el lujo de perderme y tener que dormir en alguna banca a -6°C con todo mi equipaje. Luego de unos minutos mas, logre memorizar el nombre de la ciudad al 100%. Con eso en mente, logre distinguir el bus entre todos los que pasaban y lo tomé. Aun no entiendo porque pero una sensación de tristeza se apodero de mi ser. Para mi los buses siempre serán como ventanas temporales del alma, donde reflexionas y ves pasar recuerdos y anhelos frente a tu nariz, pegados en aquellas ventanas. El paisaje tampoco me ayudaba mucho, la sombra de la noche bañaba aquella arquitectura gótica del lugar, la gente parecía estar de mal humor, cansada de la rutina del día a día. No pude contenerlo y mis ojos se empañaron, sumergidos en recuerdos y en el presente al mismo tiempo.

Buenas noches, ¿Esta ocupado el asiento?

Hola… No, para nada. Puedes sentarte. – Quité la maleta para que se pudiese sentar.

Muchas gracias! No eres de aquí, ¿verdad? ¿de donde eres?

Soy de Guatemala. Vengo solo como turista. 

Guatemala ehh… Que exótico! Vienes de muy lejos! 

Jaja, si, mas o menos…

Por cierto, mi nombre es Clara. 

– Mucho gusto Clara, yo soy Rodrigo. 

– Encantada! Disculpa mi ingles pero hace mucho que no lo practico.

Jaja y tu disculpa el mío porque en mi país el ingles no lo hablamos mucho.

No, no para nada! Te entiendo de maravilla. Dime, a donde te diriges? 

Mm.. pues según la pagina de internet del hostal, tengo que llegar aquí. – Le muestro el papel que había impreso cuando reserve la habitación.

Ah, conozco el lugar. Esta cerca del centro. ¿Sabes como llegar? 

– Pues la verdad es que no. Solo se que tengo que tomar un tren en 10 minutos y buscar el centro. 

– No, no! te tienes que bajar en la siguiente estación, tomar el metro y cambiar de linea después de unas cuantas estaciones. 

– ¿Estas segura? Que ahorita mismo preparo mis cosas para bajarme.

– Si, pero no te preocupes, yo te llevo.

– ¡¿De verdad?!

– Jaja mira como te ha cambiado esa cara larga que traías hace un rato. Sera un placer llevarte a tu hostal! Tal vez pasamos a comer algo en el camino! 

– Claro! como no! No tienes idea de lo agradecido que estoy Clara. Muchas gracias!

Y así nos bajamos del bus y tomamos el primer metro con dirección a la ciudad. Cambiamos de linea, llegamos al centro y caminamos por la ciudad riendo y platicando como si fuésemos amigos de toda la vida. Pasamos a una pizzeria tradicional, pedimos una de la casa y pasamos el resto de la noche entre trozos de pizza, cerveza y agua mineral. Poco antes de la media noche seguimos cuesta arriba y llegamos a mi hostal. Intercambiamos contactos para quedar algún otro día para tomar un café o unos tragos y nos despedimos, sin saber que jamas nos volveríamos a ver. A unas cuadras de desaparecer, se volteó y con una sonrisa me gritó:

-¡Bienvenido a Praga!

 

 

 

En busca del helado divino

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Era una lluviosa mañana en la que antaño fue la gran ciudad politeísta, hogar de héroes, científicos y filósofos, origen de leyendas, historias y canciones. Era Atenas, la ciudad de los dioses. Allí me encontraba, perdido en las calles de Makrigianni con el museo de la Acrópolis en mi horizonte, sin saber leer ni hablar griego, en búsqueda del templo de Zeus Olímpico, pues de allí se suponía que saldría el tour gratuito para el Partenón, emblemático templo dórico que se ha conservado a lo largo de tantos años, desde el 432 A.C y que se distingue fácilmente entre la bulliciosa y urbanizada ciudad de Atenas.

Jadeante, logre unirme al grupo del tour exactamente cuando estaba a punto de comenzar. El guía, a quien desafortunadamente no le recuerdo el nombre, era un historiador espartano con mucha energía y pasión al contar el pasado de su país. Nos dio un recorrido por las atracciones principales de la ciudad, pasando por el teatro de Dioniso, el templo de Atenea Niké , la acrópolis de Atenas, el templo de Hefestión para concluir en el mercado aledaño, repleto de gente, restaurantes y tiendas. Después de comer un par de auténticos Gyros en una calle en la que apenas cabía gente, decidimos regresar al hostal. Para ese entonces, ya habíamos armado un grupo con gente dispuesta a salir a conocer las calles de Atenas. En la vida siempre se encuentra uno con personas con quienes nos llevamos mejor que con otras, con las que hacemos “click”, como si el momento estuviese escrito en algún libro divino para que sucediese en el momento correcto. El grupo era así: Una neozelandesa, dos rusos, una suiza, un camboyano y yo.

Al llegar al hostal, platicamos un rato con el historiador para que nos recomendara lugares para visitar, de aquellos que tienes que ir de turista, los que no te puedes perder y que supuestamente quedaran guardados en tu mente por toda la eternidad.

– Si quieren una autentica aventura, alquilen un carro y busquen a Marcello, en la ciudad de Nauplia (Nafplio), y probaran el mejor helado artesanal que jamas hayan probado. La ciudad esta a unas 2 horas y pueden visitar muchos lugares mas en el camino. Cuando vengan de regreso, pueden aprovechar a visitar uno de los teatros mas antiguos de Grecia (Saca un papel y empieza a escribír los nombres de los lugares a los que tenemos que ir).

La combinación de helado, teatro y carro enganchó a los demás casi de inmediato. Sin dudarlo, fuimos a la tienda de alquiler mas cercana y apartamos el carro para el día siguiente. Ya que eramos 6 no salio muy caro, aunque yo hubiese preferido viajar en bus, claro. La mañana siguiente allí estábamos, listos para emprender nuestro viaje por carreteras que no conocíamos, con GPS en los celulares, ya que el carro no tenia, y el nombre “Marcello” apuntado en un papel. Yo maneje los primeros 40 minutos hasta que llegamos a la primera salida. Paramos a comprar provisiones y luego me dedique a platicar y a disfrutar el viaje en la parte de atrás del carro. Eso de manejar en Atenas es muy similar a Guatemala, la gente hace lo que se le da la gana con tal de avanzar primero, los motoristas conducen como se les da la gana y todos bocinan al son del trafico, como si eso fuese a mover los carros por arte de magia.

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Después de pasar por varios lugares turísticos, llegamos a las antiguas murallas de uno de los castillos mas importantes de Grecia, Acrocorinto. El castillo se encuentra en la cima de una montaña con vista al golfo de Corinto y con un templo dedicado a Afrodita en el lugar mas alto.  Según la leyenda, esta montaña pertenecía a Helios, quien después de una disputa con Poseidón tomó la parte elevada, según el veredicto de Hecatonquiro Briareo.

Decidimos subir hasta el templo de Afrodita, lo cual nos tomo mas o menos 40 minutos. No había absolutamente nadie, solo nosotros admirando la belleza del templo y del golfo de Corinto en el horizonte, imaginando como fueron las incontables batallas que se dieron en el lugar. Después de un tiempo en Acrocorinto, sabíamos que era hora de completar nuestra misión, ¡Encontrar a Marcello!

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Nauplia, ciudad originalmente egipcia, conquistada por Argos y con mas de 2000 años de antigüedad. Se encuentra en el golfo Argólico y su nombre deriva del hijo de Poseidón y Amimone, Nauplio. Al llegar a la pequeña ciudad lo primero que noté fue un castillo prominente en la parte elevada de la misma, rodeado de una gran muralla, como si gritase al mar que allí estaba el para proteger su tierra de aquellos que se atreviesen a entrar sin permiso. A eso del medio día, el calor y la brisa del mar nos invitaban a descansar frente al castillo, bajo la sombra de aquel sin numero de árboles de naranjo, pero no llegamos a descansar, llegamos a encontrar a Marcello, el famoso heladero. Aparcamos el carro en las diminutas calles de Nauplia y empezamos la búsqueda. Nos dirigimos al puerto principal y empezamos a preguntarle a la gente por Marcello. Todos lo conocían pero nos daban direcciones “dediles”, por lo que siempre parábamos en lugares escondidos de la ciudad, sin encontrar a Marcello. Después de 1 hora de constante búsqueda, encontramos a un local que hablaba ingles. Luego de contarle nuestra historia, decidió llevarnos él mismo a la famosa heladería de Marcello. Allí se encontraba, una pequeña tienda con colores peculiares sin ningún cartel en la parte de afuera que indicase que allí dentro vendían el helado hecho por los mismos dioses griegos. Entramos y en la cocina “que estaba a la vista de todos”, se encontraba un señor que ya rascaba los 60 años, moldeando y trabajando helado con una concentración que solo le pudo dar la diosa Hestia cuando emprendió su profesión de heladero. Concentrado en su trabajo, no dijo ni una sola palabra hasta haber terminado.

– Saludos mis amigos, ¿En que les puedo ayudar?

¡Buenas! Disculpa pero, ¿acaso tu eres Marcello?

– Ese mismo, pero ya no el de antes. Los años pegan, quiera uno recibir o no el golpe Jaja ¿Que los trae a la pequeña ciudad de Nauplia? 

– Bueno, como te lo decimos… Allá en Atenas nos recomendaron viajar hasta acá con tal de probar tu helado. Dicen que es digno de historias y canciones. Quien nos recomendo venir fue: (El nombre del historiador que no recuerdo).

– Jaja venga que no es para tanto. Nací en Italia y llevo mas de 45 años haciendo helado. Viaje por muchos países para tratar de dominar el arte y decidí quedarme en esta bella ciudad. Todos los ingredientes los compro yo mismo en el mercado y mi única ayuda es mi aprendiz, quien se encuentra ahora mismo en la parte de atrás. Por cierto, me alegra escuchar que él espartano se encuentra bien.

– Wow, ¿45 años haciendo helado? Disculpe don Marcello pero yo creo que mejor empiezo a probar todos los sabores que usted tiene aquí. 

– Jaja, ¡Vengan! Pasen y prueben todos los sabores, para que después puedan decidirse por uno en especial. 

Y así nos adentramos en su pequeña tienda, llena de bolsas e ingredientes, desordenada y con aquel aire nostálgico de un verdadero inventor. Nos dio de probar cada uno de los sabores que tenía, incluso su mas famoso: “Frutas del Mar”, que era una combinación de frutas cítricas con un toque de zarzamora de montaña y té verde que el mismo inventó. El sabor era indescriptible, la mezcla de ingredientes era perfecta y para un simple mortal como yo, era lo mas delicioso que había probado jamas en mi vida. Solo con ver el color del helado se me hacia agua la boca, por lo que decidí comprar el vaso mas grande y mezcle mas de 4 sabores a mi gusto. Con los helados en la mano, nos despedimos de Marcello, quien nos dio la bendición de los dioses, justo antes de seguir con su trabajo. Terminamos de comer nuestro helado en silencio, admirando el mar, las murallas del castillo y la belleza de la pequeña ciudad de Nauplia.

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Una salida, una carta y un adiós

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Fue un viernes de invierno, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. El viento helado nos daba los buenos días acompañado de un cielo despejado y un sol que ya se había cansado de calentar, pero que estaba allí por compromiso. Allí iba yo, caminando hacia la estación 신기역 “Singiyeok” como lo hacía cada mañana, solo que esta vez sabía que era diferente. Era mi ultimo viernes con el equipo completo de la universidad y la escuela. Aunque no era mi ultima clase, pues aun faltaban 2 semanas adicionales, algunos amigos de mi equipo tenían pensado viajar indefinidamente y no les iba a ser posible acompañarme en el ultimo tramo del intercambio.

안녕하세요! Annyeonghaseyo!

– ¡Buenos días! 

– Oh, ¿hablas coreano? ¿De donde eres?

– No, no, para nada. Solo se un par de cosas básicas. Soy de Guatemala, por cierto. 

¿Guatemala? Ohh! Mayas y café! Dicen que el clima es bueno por allá! 

Jaja sí, el café es igual de bueno que el clima. 

– ¿Y que te trae por acá? ¿Quieres una brocheta? ¿Has probado los 꼬치 어묵 “Kkochi Eomuk”? Mira que las estoy empezando a preparar.

Wow, ¡son muchas preguntas! jaja Bueno, dame 3 que casi no he desayunado. Estoy aquí por un intercambio. Vivo a unas cuadras de aquí. 

¿Intercambio? ¿Vas a la universidad entonces? Casi no veo extranjeros por esta parte de Daegu. Sabes, ¡hace muchos años viaje con mi esposa a muchos países! Pensé en quedarme en Japón pero decidí regresar… Ohh como extraño esos tiempos. 

Si, voy a KNU y doy clases de cultura latinoamericana en una escuela por las tardes. ¿Y que países visitaste en esos años? 

“Y-O SE UUN PO-CO D-E ESPAÑOOL”, ¿Que tal? ¿Lo dije bien? jaja visite México hace 15 años. Luego viaje por Europa y el continente asiático y en el 2008 decidí abrir mi negocio, aquí en corea. ¿Te gusta el picante? Toma, ¡aquí hay salsa! 

– Jaja ¡Lo hablas perfecto! 감사합니다 por las brochetas, estaban muy ricas. Aquí esta lo de las 3 brochetas. 

¿Ya te vas? Bueno, antes te recomendaría que te llevaras este té especial. Lo he preparado yo y es tradicional de corea. ¡Se que te va a encantar!  

Mmm… Bueno, por que no. Dame uno. 

– ¡Cuidado que esta caliente! Que tengas un buen día y espero que pases de nuevo por aquí a comer mas brochetas.

 감사합니다! ¡Hasta pronto y gracias de nuevo! 

Después de haber llenado el estomago con 3 brochetas de pescado remojadas en sopa, seguí mi camino a la estación. De vez en cuando suele suceder que algunas personas tratan de entablar una conversación conmigo, ya sea en el tren o en alguna tienda. Cuando son jóvenes pienso que es para practicar su ingles, y cuando son mayores creo que es solo por mera curiosidad. En fin, nos reunimos de nuevo en el mismo lugar, a la misma hora para tomar el mismo tren y así llegar a la escuela. La nostalgia era palpable en el ambiente. Las miradas fijas al suelo y las sonrisas forzadas me recordaban que el final estaba cerca. Fue la clase mas larga que jamas he dado. Lo único que quería era salir y poder compartir una vez mas con aquellas personas que facilitaron mi vida en aquel mundo extraño, aquellos que se volvieron mi familia, y sobretodo, quería volver a ver aquella sonrisa de la mujer con labios sabor a miel.

A eso de las 6, el sol terminaba de bañar con sus rayos la famosa torre de Daegu, inconfundible desde la lejanía de mi ventana del 5to piso de aquel salón que fue mi hogar por un tiempo. La peculiar canción “¡Si! Canción y no timbre”, retumbo por los salones a las 6:00p.m indicando la hora de salida. La cena indicada para la noche era 족발 (Jokbal), que consiste en pata de cerdo cocinada en salsa de soja, acompañada de otros platillos coreanos tradicionales. Caminamos hacia el restaurante, dejando la melancolía atrás, pues esta noche no estaba invitada a cenar. Era la primera vez que probaba 족발 ¡y lo disfrute mucho! Acompañamos la noche con un poco de Soju, opiniones e ideas de como mejorar el programa. Ya pasadas las 9, sabiendo que iba a ser la ultima noche juntos, decidimos ir a un bar a seguir platicando. Encontramos uno en internet y nos dirigimos con determinación a cerrar con broche de oro la noche del viernes.

Después de acabar con el plato de cortesía y de la primera botella de Ron Zacapa Centenario, no me pregunten como pero lo conseguí jaja, una mesera se acerco a nuestra mesa y… ¡Empezó a hablar en español!  Llevaba 1 mes sin escuchar ni utilizar mi querido y adorado idioma. Cuando la escuche fue tan sorprendente que me lleno de regocijo. Era estudiante de español y llevaba 2 años estudiándolo en la universidad. Después de intercambiar contactos para quedar otro día y así ayudarla a practicar, mi equipo decidió ir por la segunda botella. Podrán empezar a imaginar esa mezcolanza de cerveza, soju, ron y tequila. Todo esto siempre acompañado de un par de piezas de pollo para picar. El reloj ya anunciaba la media noche y las historias seguían, de aquellas secretas que solo se cuentan a ciertas personas y se guardan para uno mismo. El ultimo tren de la noche ya había pasado así que no teníamos prisa de irnos, por lo que mi equipo decidió comprar una de Jack Daniels para finalizar. A este punto el mundo ya se movía como si estuviese sobre un trompo que se encuentra a punto de caer. Cuando la razón decidió se esfumo en ciertos amigos, supe que era suficiente. Tomamos nuestras cosas y salimos a buscar los taxis de regreso. La amiga con la que tome el taxi se bajo al cabo de 10 minutos, mientras que yo tuve que esperar un poco mas para llegar a mi casa.

Me baje con el mundo girando a toda velocidad y me dirigí al 7 Eleven mas cercano en búsqueda de cafe, pensando que me iba a ayudar con los síntomas del buen festejar. Con cafe en mano, supe que no podía llegar a mi casa en ese estado. Busque la banca mas cercana envuelto entre los -5ºC que hacia esa noche, me senté a beber mi cafe mientras me perdía en mis pensamientos, pues con el solo hecho de abrir los ojos mi mundo se derrumbaba en tambaleos y terremotos. Allí estaba, acostado en una banca con frío en un pueblo que se encontraba a miles de kilometros de mi país y lo único que tenia en mente era a ella, la mujer con labios sabor a miel. Sabía que ese día ella se iba y que jamas la volvería a ver. Desanimado y con un par de lagrimas en los ojos, me puse de pie y tome el camino final para ir a casa.

– 안녕하세요?

– Buenas noches…..

– Wow! donde estabas? Son las 3 de la mañana… Imagine que te fuiste de fiesta.

-Pues algo así…

– Haha ¡¿estas borracho?!

– Nah, ¡para nada!

– Ja, a mi no me engañas. Vamos por un cafe mejor! 

– De tomar uno vengo y no creo que me haya hecho algún bien. 

– Venga, igual salgamos un rato así se te pasa. 

– OK! 

Esa noche mi hermano Coreano había salido de fiesta así que cuando regrese, el estaba entrando también. Al ver mi aspecto creo que pudo suponer parte de lo que había pasado, pues después de tantas semanas de vivir allí, lo consideraba mi hermano, de aquellos de verdad que casi nunca, o nunca, se pueden encontrar. Salimos por otro cafe y le conté todo. En la misma banca donde me quebré esa noche, me dijo que le enviara un mensaje a ella, que tenia que hacer hasta lo imposible con tal de verla una vez mas. Desesperanzado, le envié medio testamento por mensaje “que por cierto, no me gusta escribir mucho por Whastapp o Line”, y nos sentamos a beber cafe y a esperar. A eso de las 4:30am decidimos volver y en el camino, mi celular brillo con la notificación que esperaba ver. Fue como si toda la energía regresase a mi en un instante y la tristeza se borrara en un abrir y cerrar de ojos. Su avión salía pasado el medio día así que tenia unas horas para descansar e ir a verla a la estación de tren, por ultima vez. Regresamos a la casa y lo primero que hice fue tomar una hoja de papel y mis manos y mi corazón hicieron el resto. Escribía y escribía y el tiempo se detenía pues tenia que ser perfecta porque era la única y la ultima carta, la que esperaba que pudiera recordar siempre.

3 horas después ya me encontraba de pie, tomando un baño con el mundo aun girando pero a menor velocidad. Tome el tren y con el corazón palpitando a mil por hora, pase los próximos 50 minutos pensando y reflexionando en lo que iba a decir. Pues esto es lo malo de viajar. Conoces gente con la que te encariñas y te identificas pero sabes que de la noche a la mañana te tienes que ir y probablemente jamas los volverás a ver. Ese sentimiento de alegría, nostalgia y tristeza es de las cosas que me hacen sentir humano. Llegue a la estación y la vi. Sus tibias manos y su sonrisa me transportaron de nuevo hacia aquel lugar en el que quería estar. Toda tristeza que se había apoderado de cada rincón de mi ser había desaparecido. Solo éramos ella, yo en el anden, escondiendo lagrimas tras sonrisas pues ambos sabíamos que iba a ser la ultima vez que nos íbamos a ver. Después de los 30 minutos dilatados por la poesía del momento, sonó la voz que no queríamos que sonase. La notificación que el tren estaba proximo a llegar. Con los ojos empañados nos despedimos, le di su carta y prometimos volvernos a ver, sabiendo los dos que jamas iba suceder pero lo queríamos creer, al menos en ese momento.

Y así fue como regrese de nuevo a casa para incorporarme a las ultimas semanas de trabajo. Esta vez fue distinto, pues en lugar de sentirme triste y destruido, iba feliz… Pues logre ver esos ojos y sonrisa sincera una vez mas, un recuerdo que guardare siempre, por toda la eternidad.

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Cuando las estrellas vuelvan a brillar

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Es el mismo cielo, estoy seguro. Recuerdo haberle visto por mucho tiempo pero hasta el momento sigo sin reconocerlo…Pero Estoy seguro que es el mismo. Todo es distinto, absolutamente todo. El viento, la lluvia, el paisaje, la gente, la comida, el vivir… Nada es igual que allá, solo el cielo, estoy seguro que es el mismo, aunque a veces no tanto pero es cuando alguna u otra melodía me recuerda aquel que un día fui. No me mira de la misma forma, no, para nada, y menos esa noche, porque traicione a la luna por ella. Su sonrisa llenaba la oscuridad y aunque ninguno de los 2 podía expresarse bien, las palabras no fueron necesarias, porque el lazo existía, todo existía, menos el cielo, que esa noche no le reconocía, y la luna, celosa, vigilaba siempre de lejos. Sabia que no la volvería a ver jamás, pero no importaba, esa noche solo quería estar con ella. El resto es secreto, como todas las noches después de las 11:00. Siempre la recordare. Un beso, un adiós y hasta que nos volvamos a encontrar. Si me quieres recordar, solo mira al cielo, porque será el mismo donde sea que tu y yo estemos. Y si no lo reconoces, como yo ahora, muy dentro de ti sabrás que es el mismo de aquella noche, aquel que nos vigilo y nos guardo bajo las estrellas.

Si, ya lo recuerdo… es el mismo cielo…

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De peligros a sueños por conseguir

Noche de tormenta

Después de una semana llena de trabajo, exámenes finales en la universidad y trivialidades de la vida cotidiana, llegó el tan esperado domingo. Llevaba buscándolo desde hace unos días para poder refugiarme un rato del movimiento semanal, aquel que no nos deja en paz y nos recuerda que somos parte de un sistema que nunca duerme.

Así pues desde mi entrevista con la gente de AIESEC y estando por culminar el 8vo semestre de ingeniería (ojo que me faltan varios cursos para cerrar), he estado reflexionando sobre lo que voy a hacer el año entrante, oportunidades que debo de aprovechar, tanto laborales como personales, y sobretodo esperando a que esta transición en la que me encuentro ahora me ayude a cumplir todo lo que se me ocurre hacer. Esto de cambiar de trabajo y negociar lo estoy perfeccionando como si de tocar guitarra se tratase, jaja.

En fin, para no cansarte mi estimado lector, aunque no debería de preocuparme ya que por egoísta que suene, escribo para mi, para escapar un rato de la realidad, tratare de hacer el relato lo mas breve posible, especialmente para ti.

Ya llevo unos días planeando como mejorar mis rutinas en general. Como por ejemplo: dormir mas tiempo, comer mejor, retomar el ejercicio y no desperdiciar mi tiempo en actividades que de verdad no son productivas. Hoy domingo por ejemplo, aproveche la mañana para terminar el libro “Afinando un sueño“, escrito por el bloguero Oskar Díaz. Actualmente me encuentro leyendo 3 libros distintos pero este “que le llevo siguiendo la pista desde que fue lanzado”, me lo baje ayer en versión PDF, aquella versión que el mismo Oskar ofrece en su web, y simplemente no pude parar.

Nota: Llevo leyendo el blog de Oskar desde hace ya unos años “5 para ser exactos” y su forma de escribir siempre me ha gustado. Aunque me considero un lector de blogs silencioso, de aquellos que esperan un par de semanas, a veces meses, para leer las entradas de corrido, sonriendo, llorando, imaginando y aprendiendo con cada palabra que deja alguno de esos escritores que se encuentran a un mar de por medio. No acostumbro a dejar comentarios pero allí me encuentro en silencio, esperando siempre a leer mas.

Después de disfrutar cada uno de los capítulos supe de inmediato que el dia había estado bien. Nada como pasar un buen domingo leyendo un buen libro con el delicioso clima que nos ofrece noviembre.

A eso de las 7:00pm, ya con las estrellas de pie en lo mas alto del cielo despejado, decidí salir a correr. Normalmente salgo en bicicleta o a correr al medio día en los días que no me toca ir a la oficina, pero con tal de respirar un poco de aire fresco decidí tomar el riesgo, y digo riesgo porque salir a correr aquí en Guatemala a esas horas en un lugar que NO es residencial es como salir a buscar a que te asalten y te quiten hasta los calcetines. Salí de mi casa con mi celular para robos, (aquel que cargo por si me asaltan, aunque yo le llamo “La Carnada”), Q5.00 para comprar una botella de agua cuando viniese de regreso y con ganas de pensar, porque cuando camino o salgo, pienso mucho sobre muchas cosas y eso me gusta mucho.

El primer kilometro estuvo bien, un poco difícil porque no hay alumbrado en la mayor parte de la carretera principal y yo iba en la parte de abajo donde no hay asfalto, por lo que casi me tropiezo por culpa de muchas piedras que no pude ver. Luego de llegar a la gasolinera y cruzar una cuadra abajo para regresar al residencial donde me encuentro, supe que las cosas no estaban bien. Me encontraba a mas o menos 2 kilómetros y las 6 cuadras de esa calle son de tierra, por lo que seguí corriendo con cautela, ya que no podía ver mucho que digamos. No había llegado ni a la 4ta cuadra cuando escuche los primeros balazos mas adelante. Me detuve, con temor, y me puse atrás de un árbol que se encontraba al limite del lado derecho. Espere y sin haber pasado 2 minutos, escuche la otra ronda unas cuadras mas adelante. Creo que nosotros los que vivimos en ciertas zonas que han sido olvidadas hasta por Dios, sabemos reconocer muy bien la diferencia entre un balazo y un juego pirotécnico o un cohete, “mejor conocidos como cuetes por aquí”. Pensé en regresar pero me encontraba a unos cuantos metros de una calle que regresaba a la carretera principal, por lo que decidí arriesgarme y subir por allí. Antes de meterme en la calle, pude ver 6 personas en la esquina siguiente, sentadas, sospechosas. Aunque aquí con el miedo y paranoia que nos acecha todos los días, cualquiera es sospechoso. Es gracioso como mi mente dudo un momento y pensó en seguir el rumbo inicialmente planeado, pero al ver a esas personas decidí correr hacia la carretera, sin parar y con todas mis fuerzas.

Llegue al camino principal y emprendí de nuevo el rumbo hacia mi casa, pues ya había perdido el deseo de seguir. Llegando a la entrada de mi colonia, 2 hombres en una parada de bus que ni siquiera se usa, se encuentran allí parados, viendo como me acerco cada vez mas. Juro por mi vida que pensé que me iban a asaltar “ya se pueden imaginar las pintas”, y aunque no suelo juzgar por como la gente viste y se ve, estos amigos míos si parecían ladrones, y eso de seguir las corazonadas ya me ha salvado un par de veces. Desgraciadamente ya me encontraba demasiado cerca como para regresar por donde vine. Así que con los huevos bien puestos, aparentemente porque por dentro rezaba a los 1000 y un Dioses que pudieran existir a que lanzaran un rayo o lo que sea, pase justo a un lado de ellos. Por cortesía solté un:

– Que tal, buenas noches.

-Buenas noches joven, que le vaya bien.

Y así me observaron hasta que desaparecí en la cuadra que lleva a mi residencial. Finalmente me tope a otra persona de aspecto no muy decente que digamos, tirando a asaltante en moto con un par de cervezas encima y Don Omar en su celular en una cuadra sin faroles y sin asfaltar. A este si que no le dije nada, solo pase caminando como si no existiese y el solo me observo, como cuando un Leon observa a su presa. Al final llegue sano y salvo a mi destino, y supe que esta travesía de no mas de 1 hora la tenia que escribir.

Finalizando me gustaría comentar que me preocupa mucho la situación en la que vivimos. Se que todos escriben esta misma oración en Facebook, Twitter, y otros medios y redes sociales pero de verdad, no concibo la idea que no podamos salir ni a la esquina sin tener ese miedo a ser asesinados, asaltados, secuestrados y quien sabe que mas. Hemos llegado a un nivel mas que preocupante y ese nivel sigue en incremento. Se que los problemas de un país sub-desarrollado no se resuelven de la noche a la mañana pero tampoco pueden pasar siglos. ¿Lo peor? La gente joven, quienes serán los que tomen el timón del país en un par de décadas, no les importa ni un comino lo que esta sucediendo. Muchos con que tengan para chupar los viernes en las noches y salir a parrandear, son felices. Nadie se interesa en la política, economía, ¡ni en estudiar si quiera! Se que suena pesimista pero al menos yo no creo que logre vivir lo suficiente para ver un cambio positivo en mi país. Espero que al menos mis nietos logren ver algo, algún día.

Quizás en otra vida…

Halo Lunar

Mas de 3 lunas habían pasado desde aquella vez que la vio. El recuerdo se encontraba al borde del risco, listo para saltar y ser recordado solo cuando el corazón quisiese torturarse, pero no fue así. Cansado de las trivialidades y rutinas de la vida decidió viajar a otro reino, fuera de su mente, pues dentro de ella aun se encontraba aquella mujer que le quito el aliento en tiempos inoportunos. Poco a poco lo fue logrando pero al mismo tiempo se lamentaba de aquella noche, alumbrada por velas, colores y gente… Esa noche se dio cuenta que el sol, la luna y las estrellas conspiraban en contra de ellos, pero el lo sabia, sabia que el tiempo no era el correcto.

Quizás en otra vida… – Pensaba a menudo. Hasta que ahogo su imagen en el olvido, guardando solo aquello que le hizo feliz,  muy profundo dentro de su ser.

De vuelta a la rutina, rodeado de gente que lucha contra el tiempo cuando el sol esta por levantarse, o de ordenes, de esas que dan aquellos dueños de personas por 8 horas al día a cambio de recibir una cantidad de esos papeles mágicos que mueven sociedades enteras. Si, se encontraba de vuelta en el engranaje y lo sabia muy bien, solo había escapado de aquel mundo con ayuda de aquella mujer por un tiempo, y se había acabado mas rápido de lo que nunca imaginó. Ya no recordaba cuantas lunas habían pasado, ya le había dejado de importar pero como si de una conspiración se tratase, aquella tarde, la vio. Su sonrisa ya no eran un disfraz, lo notó inmediatamente al ver el brillo en sus ojos, iluminados bajo la luz artificial del farol. El no podía equivocarse, la tristeza que una vez invadió aquel ángel hecho mujer ha desaparecido totalmente. Se sintió feliz de verla así, y el momento se convirtió en eternidad hasta que el “adiós” cayo de nuevo, guardando el momento en recuerdo. Quizo engañarse pensando que el tiempo ya era el correcto pero lo único que vino a su mente fue: “Quizás en otra vida…”

 

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