Pensamientos

Escapando de la realidad

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Hay días que me escapo a pensar. Después de hablar ingles todos los días y de tratar de seguir aprendiendo coreano, a veces necesito un par de horas para pensar en mi idioma natal. A veces agarro el tren y me bajo en cualquier estación que se encuentre cerca del centro, busco un cafe y me siento a escribir, como hago ahora mismo, mientras escucho a Saurom y me hablo a mi mismo para calmar un poco la locura. Cada día que paso sin hablar español, mas me gusta mi idioma natal. Juro que intentare sacar un DELE o algo parecido para enseñar español, y sobretodo, para conocer mas sobre mi lengua materna.

Me pregunto cuantas historias y canciones han nacido en este tipo de lugares…

 

Los días no vuelven

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Hay momentos que le quitan a uno el aliento. El tiempo se detiene y lo único que deseamos es que ese momento dure para siempre, una eternidad guardada en minutos. Creo que por eso escribimos, tomamos fotos, componemos canciones, pintamos, creamos películas..etc, porque es la única forma de inmortalizar el momento y el sentimiento, y luego en un futuro poder volver a recordar y sentir una parte de esa felicidad que murió en el recuerdo, pero que aun guardamos en trocitos, por que el corazón nunca olvida los momentos que le quitaron el aliento.

La conocí unos días después de haber llegado a Daegu, mientras esperaba a que un carro sostenido por un cable me llevara a la cima de una pequeña montaña. Aquella víspera de navidad, mientras todos pasaban la navidad en parejas, allí estábamos nosotros, pasando frío con un pincho de pescado frito esperando a que la ciudad sustituyese al sol con sus luces de neón. Aunque la nostalgia me atacara, recordándome lo lejos que estaba de mi familia y amigos, ella siempre me alumbraba de nuevo. Creo que en la vida hay ciertas personas especiales, aquellas que con una sonrisa o un gesto nos transfieren felicidad y energía, aquellas personas que creemos que nunca lloran o se entristecen, o si lo hacen, lo guardan para si mismas.

Después de pasar la navidad en multitud, pero solos los 2, pensé que jamas la volvería a ver. Aunque este sea su país, sabía que tenía que partir lejos por un tiempo y cuando ella regresase, yo ya no estaría aquí para verla, pero los mejores momentos son aquellos espontáneos, los que no se planean y hoy, el destino, la vida o como quieras llamarle nos quizo volver a ver juntos, y así fue. Fue un día de esos únicos, que no suceden muy a menudo, digno de un poema o una canción. Todo esto me hace pensar que el amor y la melancolía son parientes cercanos, de esos que no se separan nunca. Por eso en esos momentos de felicidad también nos sentimos tristes de cierta forma, porqué sabemos que el momento acabara. Esa mezcla de felicidad y melancolía es lo que al final hace que el amor sea tan trágico.

Siempre la recordaré, pues su sonrisa alumbro mi alma como el sol bañando praderas con rayos de luz al amanecer. Se que la volveré a ver, y mientras ese día llegue, siempre guardare sus besos sabor a miel.

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La vida debe vivirse a punto de lagrimas

Una tarde soleada

Hay una frase que me sigue atrapando cada vez que pienso en el deseo humano de vivir cada momento, de experimentar y sentir. Cuando la experiencia es extática, sentimos como si el momento debiese poseer un poema, la experiencia misma exigiendo ser capturada y guardada. Creo que una de las frases que describe ese deseo de capturar el mundo, de inmortalizar la experiencia y hacerla encajar en forma de poemas y canciones, de fotos y películas, de historias y recuerdos, es:

“Ver el mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, sostener la infinidad en la palma de tu mano y la eternidad en una hora.”


El deseo de capturar y arrestar permanentemente aquello que ya es un recuerdo. Por eso es tan alegre y a la vez tan triste… Esa enredadera de felicidad y tristeza en los momentos únicos es lo que hace que estos sean inolvidables pero también a la vez es lo que los hace trágicos. Hay una razón por la cual Roland Bathes cita el amor como, “La solución romántica al problema de la muerte”. En donde el peregrino sin fe puede morir y renacer, en donde estas simulaciones de renacimiento transforman nuestra forma vivir y de ver al mundo.

Esta en cada canción, en cada libro, en cada película; aquel sentimiento que nos mueve a lagrimas, pero a quien le importa, pues como dijo Camus: “La vida debe vivirse a punto de lagrimas”. Así que vive, o muere intentando.

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Si pudiera ser…

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Recuerdo muy bien cuando de pequeño decía que quería ser astronauta, pianista, presidente y un sin fin más de profesiones. Ahora me encuentro aquí, decidiendo que ser y reflexionando lo que soy y lo que fui. Si bien me apasiona la ciencia y la ingeniería (¡venga que esta carrera la acabo porque la acabo!), siempre me hice la idea de ser maestro o algo por el estilo, ¿O escritor?, Ja quien sabe… ¡Pues si naciéramos sabiendo, esta cosa seria otra historia! Quizás en algún universo paralelo a razón del choque entre multiversos y quien sabe que más en la teoría de branas, que ni los mismos eruditos estudiados entienden de “Pe” a “Pa”. Quizás allí, entre esos miles de universos que distorsionan y quebrantan las leyes físicas de aquel tal Newton o Einstein o Maxwell o de alguno de aquella pila de nombres importantes…Quizás por allí se encuentre uno en donde nada es lo que es y todo es algo nuevo, distinto, en donde Rodrigo es astronauta, o pianista, o presidente, o escritor. En donde Guatemala es una potencia mundial con tecnología de punta. Donde nadie sufre de hambre y todos viven tranquilos, sin preocupación alguna más que la de ver crecer y educar a sus hijos para seguir forjando un mejor país. Donde se regalan sonrisas en lugar de balas de plomo, incrustando felicidad directo al corazón en lugar de jugar a Dios y decidir cuándo acabar con la vida de alguien más…

Todo aquello suena utópico y lo es. Yo nací en este universo y aunque no es perfecto, es mi hogar y aquí hacemos lo que podemos para vivir. Claro siempre están aquellos que impiden la felicidad a otros, aquellas ratas de alcantarilla que parecen haber escapado de algún otro universo de engendros malignos, habitantes de sin fin número de infiernos, gehenas, tártaros o inframundos. ¿Existirá ese tipo de mal en el universo descrito en el párrafo anterior? No lo sé, dicen que no puede haber luz sin oscuridad pero yo creo que cada uno de nosotros tenemos una gota, “algunos lluvias torrenciales”, de oscuridad y dentro de nosotros mismos libramos batallas para distinguir que debe ser y que no.

Sigo recordando cuando quería escritor, pues aquí estoy entre el filo de la espada y la pared, a punto de empezar una nueva aventura de columnas, información y escritura, pues a veces me aburro de ser ingeniero y “rascateclados”, y solo me gustaría ser aquel del otro universo que les conté.