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De peligros a sueños por conseguir

Noche de tormenta

Después de una semana llena de trabajo, exámenes finales en la universidad y trivialidades de la vida cotidiana, llegó el tan esperado domingo. Llevaba buscándolo desde hace unos días para poder refugiarme un rato del movimiento semanal, aquel que no nos deja en paz y nos recuerda que somos parte de un sistema que nunca duerme.

Así pues desde mi entrevista con la gente de AIESEC y estando por culminar el 8vo semestre de ingeniería (ojo que me faltan varios cursos para cerrar), he estado reflexionando sobre lo que voy a hacer el año entrante, oportunidades que debo de aprovechar, tanto laborales como personales, y sobretodo esperando a que esta transición en la que me encuentro ahora me ayude a cumplir todo lo que se me ocurre hacer. Esto de cambiar de trabajo y negociar lo estoy perfeccionando como si de tocar guitarra se tratase, jaja.

En fin, para no cansarte mi estimado lector, aunque no debería de preocuparme ya que por egoísta que suene, escribo para mi, para escapar un rato de la realidad, tratare de hacer el relato lo mas breve posible, especialmente para ti.

Ya llevo unos días planeando como mejorar mis rutinas en general. Como por ejemplo: dormir mas tiempo, comer mejor, retomar el ejercicio y no desperdiciar mi tiempo en actividades que de verdad no son productivas. Hoy domingo por ejemplo, aproveche la mañana para terminar el libro “Afinando un sueño“, escrito por el bloguero Oskar Díaz. Actualmente me encuentro leyendo 3 libros distintos pero este “que le llevo siguiendo la pista desde que fue lanzado”, me lo baje ayer en versión PDF, aquella versión que el mismo Oskar ofrece en su web, y simplemente no pude parar.

Nota: Llevo leyendo el blog de Oskar desde hace ya unos años “5 para ser exactos” y su forma de escribir siempre me ha gustado. Aunque me considero un lector de blogs silencioso, de aquellos que esperan un par de semanas, a veces meses, para leer las entradas de corrido, sonriendo, llorando, imaginando y aprendiendo con cada palabra que deja alguno de esos escritores que se encuentran a un mar de por medio. No acostumbro a dejar comentarios pero allí me encuentro en silencio, esperando siempre a leer mas.

Después de disfrutar cada uno de los capítulos supe de inmediato que el dia había estado bien. Nada como pasar un buen domingo leyendo un buen libro con el delicioso clima que nos ofrece noviembre.

A eso de las 7:00pm, ya con las estrellas de pie en lo mas alto del cielo despejado, decidí salir a correr. Normalmente salgo en bicicleta o a correr al medio día en los días que no me toca ir a la oficina, pero con tal de respirar un poco de aire fresco decidí tomar el riesgo, y digo riesgo porque salir a correr aquí en Guatemala a esas horas en un lugar que NO es residencial es como salir a buscar a que te asalten y te quiten hasta los calcetines. Salí de mi casa con mi celular para robos, (aquel que cargo por si me asaltan, aunque yo le llamo “La Carnada”), Q5.00 para comprar una botella de agua cuando viniese de regreso y con ganas de pensar, porque cuando camino o salgo, pienso mucho sobre muchas cosas y eso me gusta mucho.

El primer kilometro estuvo bien, un poco difícil porque no hay alumbrado en la mayor parte de la carretera principal y yo iba en la parte de abajo donde no hay asfalto, por lo que casi me tropiezo por culpa de muchas piedras que no pude ver. Luego de llegar a la gasolinera y cruzar una cuadra abajo para regresar al residencial donde me encuentro, supe que las cosas no estaban bien. Me encontraba a mas o menos 2 kilómetros y las 6 cuadras de esa calle son de tierra, por lo que seguí corriendo con cautela, ya que no podía ver mucho que digamos. No había llegado ni a la 4ta cuadra cuando escuche los primeros balazos mas adelante. Me detuve, con temor, y me puse atrás de un árbol que se encontraba al limite del lado derecho. Espere y sin haber pasado 2 minutos, escuche la otra ronda unas cuadras mas adelante. Creo que nosotros los que vivimos en ciertas zonas que han sido olvidadas hasta por Dios, sabemos reconocer muy bien la diferencia entre un balazo y un juego pirotécnico o un cohete, “mejor conocidos como cuetes por aquí”. Pensé en regresar pero me encontraba a unos cuantos metros de una calle que regresaba a la carretera principal, por lo que decidí arriesgarme y subir por allí. Antes de meterme en la calle, pude ver 6 personas en la esquina siguiente, sentadas, sospechosas. Aunque aquí con el miedo y paranoia que nos acecha todos los días, cualquiera es sospechoso. Es gracioso como mi mente dudo un momento y pensó en seguir el rumbo inicialmente planeado, pero al ver a esas personas decidí correr hacia la carretera, sin parar y con todas mis fuerzas.

Llegue al camino principal y emprendí de nuevo el rumbo hacia mi casa, pues ya había perdido el deseo de seguir. Llegando a la entrada de mi colonia, 2 hombres en una parada de bus que ni siquiera se usa, se encuentran allí parados, viendo como me acerco cada vez mas. Juro por mi vida que pensé que me iban a asaltar “ya se pueden imaginar las pintas”, y aunque no suelo juzgar por como la gente viste y se ve, estos amigos míos si parecían ladrones, y eso de seguir las corazonadas ya me ha salvado un par de veces. Desgraciadamente ya me encontraba demasiado cerca como para regresar por donde vine. Así que con los huevos bien puestos, aparentemente porque por dentro rezaba a los 1000 y un Dioses que pudieran existir a que lanzaran un rayo o lo que sea, pase justo a un lado de ellos. Por cortesía solté un:

– Que tal, buenas noches.

-Buenas noches joven, que le vaya bien.

Y así me observaron hasta que desaparecí en la cuadra que lleva a mi residencial. Finalmente me tope a otra persona de aspecto no muy decente que digamos, tirando a asaltante en moto con un par de cervezas encima y Don Omar en su celular en una cuadra sin faroles y sin asfaltar. A este si que no le dije nada, solo pase caminando como si no existiese y el solo me observo, como cuando un Leon observa a su presa. Al final llegue sano y salvo a mi destino, y supe que esta travesía de no mas de 1 hora la tenia que escribir.

Finalizando me gustaría comentar que me preocupa mucho la situación en la que vivimos. Se que todos escriben esta misma oración en Facebook, Twitter, y otros medios y redes sociales pero de verdad, no concibo la idea que no podamos salir ni a la esquina sin tener ese miedo a ser asesinados, asaltados, secuestrados y quien sabe que mas. Hemos llegado a un nivel mas que preocupante y ese nivel sigue en incremento. Se que los problemas de un país sub-desarrollado no se resuelven de la noche a la mañana pero tampoco pueden pasar siglos. ¿Lo peor? La gente joven, quienes serán los que tomen el timón del país en un par de décadas, no les importa ni un comino lo que esta sucediendo. Muchos con que tengan para chupar los viernes en las noches y salir a parrandear, son felices. Nadie se interesa en la política, economía, ¡ni en estudiar si quiera! Se que suena pesimista pero al menos yo no creo que logre vivir lo suficiente para ver un cambio positivo en mi país. Espero que al menos mis nietos logren ver algo, algún día.