Una salida, una carta y un adiós

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Fue un viernes de invierno, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. El viento helado nos daba los buenos días acompañado de un cielo despejado y un sol que ya se había cansado de calentar, pero que estaba allí por compromiso. Allí iba yo, caminando hacia la estación 신기역 “Singiyeok” como lo hacía cada mañana, solo que esta vez sabía que era diferente. Era mi ultimo viernes con el equipo completo de la universidad y la escuela. Aunque no era mi ultima clase, pues aun faltaban 2 semanas adicionales, algunos amigos de mi equipo tenían pensado viajar indefinidamente y no les iba a ser posible acompañarme en el ultimo tramo del intercambio.

안녕하세요! Annyeonghaseyo!

– ¡Buenos días! 

– Oh, ¿hablas coreano? ¿De donde eres?

– No, no, para nada. Solo se un par de cosas básicas. Soy de Guatemala, por cierto. 

¿Guatemala? Ohh! Mayas y café! Dicen que el clima es bueno por allá! 

Jaja sí, el café es igual de bueno que el clima. 

– ¿Y que te trae por acá? ¿Quieres una brocheta? ¿Has probado los 꼬치 어묵 “Kkochi Eomuk”? Mira que las estoy empezando a preparar.

Wow, ¡son muchas preguntas! jaja Bueno, dame 3 que casi no he desayunado. Estoy aquí por un intercambio. Vivo a unas cuadras de aquí. 

¿Intercambio? ¿Vas a la universidad entonces? Casi no veo extranjeros por esta parte de Daegu. Sabes, ¡hace muchos años viaje con mi esposa a muchos países! Pensé en quedarme en Japón pero decidí regresar… Ohh como extraño esos tiempos. 

Si, voy a KNU y doy clases de cultura latinoamericana en una escuela por las tardes. ¿Y que países visitaste en esos años? 

“Y-O SE UUN PO-CO D-E ESPAÑOOL”, ¿Que tal? ¿Lo dije bien? jaja visite México hace 15 años. Luego viaje por Europa y el continente asiático y en el 2008 decidí abrir mi negocio, aquí en corea. ¿Te gusta el picante? Toma, ¡aquí hay salsa! 

– Jaja ¡Lo hablas perfecto! 감사합니다 por las brochetas, estaban muy ricas. Aquí esta lo de las 3 brochetas. 

¿Ya te vas? Bueno, antes te recomendaría que te llevaras este té especial. Lo he preparado yo y es tradicional de corea. ¡Se que te va a encantar!  

Mmm… Bueno, por que no. Dame uno. 

– ¡Cuidado que esta caliente! Que tengas un buen día y espero que pases de nuevo por aquí a comer mas brochetas.

 감사합니다! ¡Hasta pronto y gracias de nuevo! 

Después de haber llenado el estomago con 3 brochetas de pescado remojadas en sopa, seguí mi camino a la estación. De vez en cuando suele suceder que algunas personas tratan de entablar una conversación conmigo, ya sea en el tren o en alguna tienda. Cuando son jóvenes pienso que es para practicar su ingles, y cuando son mayores creo que es solo por mera curiosidad. En fin, nos reunimos de nuevo en el mismo lugar, a la misma hora para tomar el mismo tren y así llegar a la escuela. La nostalgia era palpable en el ambiente. Las miradas fijas al suelo y las sonrisas forzadas me recordaban que el final estaba cerca. Fue la clase mas larga que jamas he dado. Lo único que quería era salir y poder compartir una vez mas con aquellas personas que facilitaron mi vida en aquel mundo extraño, aquellos que se volvieron mi familia, y sobretodo, quería volver a ver aquella sonrisa de la mujer con labios sabor a miel.

A eso de las 6, el sol terminaba de bañar con sus rayos la famosa torre de Daegu, inconfundible desde la lejanía de mi ventana del 5to piso de aquel salón que fue mi hogar por un tiempo. La peculiar canción “¡Si! Canción y no timbre”, retumbo por los salones a las 6:00p.m indicando la hora de salida. La cena indicada para la noche era 족발 (Jokbal), que consiste en pata de cerdo cocinada en salsa de soja, acompañada de otros platillos coreanos tradicionales. Caminamos hacia el restaurante, dejando la melancolía atrás, pues esta noche no estaba invitada a cenar. Era la primera vez que probaba 족발 ¡y lo disfrute mucho! Acompañamos la noche con un poco de Soju, opiniones e ideas de como mejorar el programa. Ya pasadas las 9, sabiendo que iba a ser la ultima noche juntos, decidimos ir a un bar a seguir platicando. Encontramos uno en internet y nos dirigimos con determinación a cerrar con broche de oro la noche del viernes.

Después de acabar con el plato de cortesía y de la primera botella de Ron Zacapa Centenario, no me pregunten como pero lo conseguí jaja, una mesera se acerco a nuestra mesa y… ¡Empezó a hablar en español!  Llevaba 1 mes sin escuchar ni utilizar mi querido y adorado idioma. Cuando la escuche fue tan sorprendente que me lleno de regocijo. Era estudiante de español y llevaba 2 años estudiándolo en la universidad. Después de intercambiar contactos para quedar otro día y así ayudarla a practicar, mi equipo decidió ir por la segunda botella. Podrán empezar a imaginar esa mezcolanza de cerveza, soju, ron y tequila. Todo esto siempre acompañado de un par de piezas de pollo para picar. El reloj ya anunciaba la media noche y las historias seguían, de aquellas secretas que solo se cuentan a ciertas personas y se guardan para uno mismo. El ultimo tren de la noche ya había pasado así que no teníamos prisa de irnos, por lo que mi equipo decidió comprar una de Jack Daniels para finalizar. A este punto el mundo ya se movía como si estuviese sobre un trompo que se encuentra a punto de caer. Cuando la razón decidió se esfumo en ciertos amigos, supe que era suficiente. Tomamos nuestras cosas y salimos a buscar los taxis de regreso. La amiga con la que tome el taxi se bajo al cabo de 10 minutos, mientras que yo tuve que esperar un poco mas para llegar a mi casa.

Me baje con el mundo girando a toda velocidad y me dirigí al 7 Eleven mas cercano en búsqueda de cafe, pensando que me iba a ayudar con los síntomas del buen festejar. Con cafe en mano, supe que no podía llegar a mi casa en ese estado. Busque la banca mas cercana envuelto entre los -5ºC que hacia esa noche, me senté a beber mi cafe mientras me perdía en mis pensamientos, pues con el solo hecho de abrir los ojos mi mundo se derrumbaba en tambaleos y terremotos. Allí estaba, acostado en una banca con frío en un pueblo que se encontraba a miles de kilometros de mi país y lo único que tenia en mente era a ella, la mujer con labios sabor a miel. Sabía que ese día ella se iba y que jamas la volvería a ver. Desanimado y con un par de lagrimas en los ojos, me puse de pie y tome el camino final para ir a casa.

– 안녕하세요?

– Buenas noches…..

– Wow! donde estabas? Son las 3 de la mañana… Imagine que te fuiste de fiesta.

-Pues algo así…

– Haha ¡¿estas borracho?!

– Nah, ¡para nada!

– Ja, a mi no me engañas. Vamos por un cafe mejor! 

– De tomar uno vengo y no creo que me haya hecho algún bien. 

– Venga, igual salgamos un rato así se te pasa. 

– OK! 

Esa noche mi hermano Coreano había salido de fiesta así que cuando regrese, el estaba entrando también. Al ver mi aspecto creo que pudo suponer parte de lo que había pasado, pues después de tantas semanas de vivir allí, lo consideraba mi hermano, de aquellos de verdad que casi nunca, o nunca, se pueden encontrar. Salimos por otro cafe y le conté todo. En la misma banca donde me quebré esa noche, me dijo que le enviara un mensaje a ella, que tenia que hacer hasta lo imposible con tal de verla una vez mas. Desesperanzado, le envié medio testamento por mensaje “que por cierto, no me gusta escribir mucho por Whastapp o Line”, y nos sentamos a beber cafe y a esperar. A eso de las 4:30am decidimos volver y en el camino, mi celular brillo con la notificación que esperaba ver. Fue como si toda la energía regresase a mi en un instante y la tristeza se borrara en un abrir y cerrar de ojos. Su avión salía pasado el medio día así que tenia unas horas para descansar e ir a verla a la estación de tren, por ultima vez. Regresamos a la casa y lo primero que hice fue tomar una hoja de papel y mis manos y mi corazón hicieron el resto. Escribía y escribía y el tiempo se detenía pues tenia que ser perfecta porque era la única y la ultima carta, la que esperaba que pudiera recordar siempre.

3 horas después ya me encontraba de pie, tomando un baño con el mundo aun girando pero a menor velocidad. Tome el tren y con el corazón palpitando a mil por hora, pase los próximos 50 minutos pensando y reflexionando en lo que iba a decir. Pues esto es lo malo de viajar. Conoces gente con la que te encariñas y te identificas pero sabes que de la noche a la mañana te tienes que ir y probablemente jamas los volverás a ver. Ese sentimiento de alegría, nostalgia y tristeza es de las cosas que me hacen sentir humano. Llegue a la estación y la vi. Sus tibias manos y su sonrisa me transportaron de nuevo hacia aquel lugar en el que quería estar. Toda tristeza que se había apoderado de cada rincón de mi ser había desaparecido. Solo éramos ella, yo en el anden, escondiendo lagrimas tras sonrisas pues ambos sabíamos que iba a ser la ultima vez que nos íbamos a ver. Después de los 30 minutos dilatados por la poesía del momento, sonó la voz que no queríamos que sonase. La notificación que el tren estaba proximo a llegar. Con los ojos empañados nos despedimos, le di su carta y prometimos volvernos a ver, sabiendo los dos que jamas iba suceder pero lo queríamos creer, al menos en ese momento.

Y así fue como regrese de nuevo a casa para incorporarme a las ultimas semanas de trabajo. Esta vez fue distinto, pues en lugar de sentirme triste y destruido, iba feliz… Pues logre ver esos ojos y sonrisa sincera una vez mas, un recuerdo que guardare siempre, por toda la eternidad.

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