En busca del helado divino

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Era una lluviosa mañana en la que antaño fue la gran ciudad politeísta, hogar de héroes, científicos y filósofos, origen de leyendas, historias y canciones. Era Atenas, la ciudad de los dioses. Allí me encontraba, perdido en las calles de Makrigianni con el museo de la Acrópolis en mi horizonte, sin saber leer ni hablar griego, en búsqueda del templo de Zeus Olímpico, pues de allí se suponía que saldría el tour gratuito para el Partenón, emblemático templo dórico que se ha conservado a lo largo de tantos años, desde el 432 A.C y que se distingue fácilmente entre la bulliciosa y urbanizada ciudad de Atenas.

Jadeante, logre unirme al grupo del tour exactamente cuando estaba a punto de comenzar. El guía, a quien desafortunadamente no le recuerdo el nombre, era un historiador espartano con mucha energía y pasión al contar el pasado de su país. Nos dio un recorrido por las atracciones principales de la ciudad, pasando por el teatro de Dioniso, el templo de Atenea Niké , la acrópolis de Atenas, el templo de Hefestión para concluir en el mercado aledaño, repleto de gente, restaurantes y tiendas. Después de comer un par de auténticos Gyros en una calle en la que apenas cabía gente, decidimos regresar al hostal. Para ese entonces, ya habíamos armado un grupo con gente dispuesta a salir a conocer las calles de Atenas. En la vida siempre se encuentra uno con personas con quienes nos llevamos mejor que con otras, con las que hacemos “click”, como si el momento estuviese escrito en algún libro divino para que sucediese en el momento correcto. El grupo era así: Una neozelandesa, dos rusos, una suiza, un camboyano y yo.

Al llegar al hostal, platicamos un rato con el historiador para que nos recomendara lugares para visitar, de aquellos que tienes que ir de turista, los que no te puedes perder y que supuestamente quedaran guardados en tu mente por toda la eternidad.

– Si quieren una autentica aventura, alquilen un carro y busquen a Marcello, en la ciudad de Nauplia (Nafplio), y probaran el mejor helado artesanal que jamas hayan probado. La ciudad esta a unas 2 horas y pueden visitar muchos lugares mas en el camino. Cuando vengan de regreso, pueden aprovechar a visitar uno de los teatros mas antiguos de Grecia (Saca un papel y empieza a escribír los nombres de los lugares a los que tenemos que ir).

La combinación de helado, teatro y carro enganchó a los demás casi de inmediato. Sin dudarlo, fuimos a la tienda de alquiler mas cercana y apartamos el carro para el día siguiente. Ya que eramos 6 no salio muy caro, aunque yo hubiese preferido viajar en bus, claro. La mañana siguiente allí estábamos, listos para emprender nuestro viaje por carreteras que no conocíamos, con GPS en los celulares, ya que el carro no tenia, y el nombre “Marcello” apuntado en un papel. Yo maneje los primeros 40 minutos hasta que llegamos a la primera salida. Paramos a comprar provisiones y luego me dedique a platicar y a disfrutar el viaje en la parte de atrás del carro. Eso de manejar en Atenas es muy similar a Guatemala, la gente hace lo que se le da la gana con tal de avanzar primero, los motoristas conducen como se les da la gana y todos bocinan al son del trafico, como si eso fuese a mover los carros por arte de magia.

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Después de pasar por varios lugares turísticos, llegamos a las antiguas murallas de uno de los castillos mas importantes de Grecia, Acrocorinto. El castillo se encuentra en la cima de una montaña con vista al golfo de Corinto y con un templo dedicado a Afrodita en el lugar mas alto.  Según la leyenda, esta montaña pertenecía a Helios, quien después de una disputa con Poseidón tomó la parte elevada, según el veredicto de Hecatonquiro Briareo.

Decidimos subir hasta el templo de Afrodita, lo cual nos tomo mas o menos 40 minutos. No había absolutamente nadie, solo nosotros admirando la belleza del templo y del golfo de Corinto en el horizonte, imaginando como fueron las incontables batallas que se dieron en el lugar. Después de un tiempo en Acrocorinto, sabíamos que era hora de completar nuestra misión, ¡Encontrar a Marcello!

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Nauplia, ciudad originalmente egipcia, conquistada por Argos y con mas de 2000 años de antigüedad. Se encuentra en el golfo Argólico y su nombre deriva del hijo de Poseidón y Amimone, Nauplio. Al llegar a la pequeña ciudad lo primero que noté fue un castillo prominente en la parte elevada de la misma, rodeado de una gran muralla, como si gritase al mar que allí estaba el para proteger su tierra de aquellos que se atreviesen a entrar sin permiso. A eso del medio día, el calor y la brisa del mar nos invitaban a descansar frente al castillo, bajo la sombra de aquel sin numero de árboles de naranjo, pero no llegamos a descansar, llegamos a encontrar a Marcello, el famoso heladero. Aparcamos el carro en las diminutas calles de Nauplia y empezamos la búsqueda. Nos dirigimos al puerto principal y empezamos a preguntarle a la gente por Marcello. Todos lo conocían pero nos daban direcciones “dediles”, por lo que siempre parábamos en lugares escondidos de la ciudad, sin encontrar a Marcello. Después de 1 hora de constante búsqueda, encontramos a un local que hablaba ingles. Luego de contarle nuestra historia, decidió llevarnos él mismo a la famosa heladería de Marcello. Allí se encontraba, una pequeña tienda con colores peculiares sin ningún cartel en la parte de afuera que indicase que allí dentro vendían el helado hecho por los mismos dioses griegos. Entramos y en la cocina “que estaba a la vista de todos”, se encontraba un señor que ya rascaba los 60 años, moldeando y trabajando helado con una concentración que solo le pudo dar la diosa Hestia cuando emprendió su profesión de heladero. Concentrado en su trabajo, no dijo ni una sola palabra hasta haber terminado.

– Saludos mis amigos, ¿En que les puedo ayudar?

¡Buenas! Disculpa pero, ¿acaso tu eres Marcello?

– Ese mismo, pero ya no el de antes. Los años pegan, quiera uno recibir o no el golpe Jaja ¿Que los trae a la pequeña ciudad de Nauplia? 

– Bueno, como te lo decimos… Allá en Atenas nos recomendaron viajar hasta acá con tal de probar tu helado. Dicen que es digno de historias y canciones. Quien nos recomendo venir fue: (El nombre del historiador que no recuerdo).

– Jaja venga que no es para tanto. Nací en Italia y llevo mas de 45 años haciendo helado. Viaje por muchos países para tratar de dominar el arte y decidí quedarme en esta bella ciudad. Todos los ingredientes los compro yo mismo en el mercado y mi única ayuda es mi aprendiz, quien se encuentra ahora mismo en la parte de atrás. Por cierto, me alegra escuchar que él espartano se encuentra bien.

– Wow, ¿45 años haciendo helado? Disculpe don Marcello pero yo creo que mejor empiezo a probar todos los sabores que usted tiene aquí. 

– Jaja, ¡Vengan! Pasen y prueben todos los sabores, para que después puedan decidirse por uno en especial. 

Y así nos adentramos en su pequeña tienda, llena de bolsas e ingredientes, desordenada y con aquel aire nostálgico de un verdadero inventor. Nos dio de probar cada uno de los sabores que tenía, incluso su mas famoso: “Frutas del Mar”, que era una combinación de frutas cítricas con un toque de zarzamora de montaña y té verde que el mismo inventó. El sabor era indescriptible, la mezcla de ingredientes era perfecta y para un simple mortal como yo, era lo mas delicioso que había probado jamas en mi vida. Solo con ver el color del helado se me hacia agua la boca, por lo que decidí comprar el vaso mas grande y mezcle mas de 4 sabores a mi gusto. Con los helados en la mano, nos despedimos de Marcello, quien nos dio la bendición de los dioses, justo antes de seguir con su trabajo. Terminamos de comer nuestro helado en silencio, admirando el mar, las murallas del castillo y la belleza de la pequeña ciudad de Nauplia.

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