Miedo a perdernos el momento

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En este mundo donde muchas señales compiten por nuestra atención, somos esencialmente inundados por información y posibilidades. Sufrimos un tipo de ansiedad gracias a la paradoja de la elección, al vértigo de la libertad, es ese miedo a perdernos el momento. Siempre y cuando no elijamos algo, todo lo demás queda posible. Siempre y cuando no nos comprometamos, literalmente residimos en un multiverso de posibilidades. Cuando nos comprometemos con algo colapsamos todas las otras posibilidades y nos encontramos a nosotros mismos en el desierto de lo real. Ese estado mental que tenemos antes de comprometernos, es el estado en donde todo puede pasar. Por eso existe y sentimos esa ansiedad, porque sabemos que no podemos tenerlo todo. Si sufrimos del miedo a perdernos el momento, solo muestra que tenemos una intuición de que hay algo más grande, algo que ya experimentamos anteriormente. 

Y aquellos que fueron vistos bailando, fueron considerados locos por quienes no podían escuchar la música. – Nietzsche

En ese estado, como agentes conscientes, es cuando tenemos que resolver la tensión entre querer darnos cuenta de nuestro potencial como individuos para pararnos con dignidad y resistir el tirón de la conformidad. ¿Cómo evitamos caer en el trance zombificado que nos hace seguir a otros ciegamente, como ovejas en un rebaño o como un hamster en su rueda? Personalmente pienso que podemos resolver esto si tomamos el salto de fe, si respondemos “la llamada” de la que Joseph Campbell habla. No existe ningún mapa o manual para que vivamos nuestras vidas. La “realidad” es solo una palabra y no deberíamos de usarla sin comillas a su alrededor. Todos podemos crear nuestra propia realidad pero es solo cuando tomamos el llamado, cuando trascendemos y destilamos nuestro pensar, cuando tomamos la escalera y miramos lo que hay detrás de aquellos muros que no nos dejan ver aquellas visiones extáticas. Somos simples larvas que aún no se han convertido en mariposas. 

No olvidemos la frase de Jack Kerouac: “La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.”

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