La fuerza de una lágrima

Hace tiempo me topé con una frase que escribió Alain de Botton y que hasta el momento sigue resonando en los rincones de mi consciencia. Dice así:

No lloramos porque algo es triste. Lloramos porque es mas hermoso de lo que esperábamos que fuese. 

 

Así que nos movemos a punto de lágrimas a fin de soportar, de corregir un desequilibrio. Una disonancia cognitiva entre lo que esperábamos que fuese y lo que terminamos encontrando, para darnos cuenta que lo que encontramos fue mas conducente a nuestras necesidades que lo que pensamos que estábamos buscando en esa serendipia de melancolía, en esa experiencia extática. Cuando sentimos que una experiencia es inesperadamente mucho mas conmovedora de lo que creíamos.

Esto es tan majestuoso, tan intrigante y tan misterioso. Esos momentos en donde nos movemos a punto de lágrimas que definen nuestras vidas, preñados de significado, esos momentos de éxtasi revelador, de importancia extática.

Pienso que es algo increíble y me encanta cuando la música lo hace, cuando las películas lo hacen, cuando el amor lo hace, cuando los recuerdos lo hacen. Cuando sientes la piel de gallina y un frío gélido baja por tu espina dorsal. Si, esos momentos…

No lloramos porque algo es triste. Lloramos porque es mas hermoso de lo que esperábamos que fuese.

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