Julka

Era tarde. El sol se ocultaba y Julka ya se encontraba caminando de regreso a su hogar. Ultimamente soñaba despierto. Se perdía en sus pensamientos mientras sus pies hacían el arduo trabajo de caminar. Claro, ya no estaba en sus veintes. El camino seguía siendo el mismo pero los sesenta y tres años que cargaba sobre sus hombros se hacían notar mucho, sobretodo en las noches de invierno.

Julka vive al final de La Villa del Sol, al borde del risco con el mar. La casa la heredó de su padre hace mas de un cuarto de siglo, después de la guerra por los 5 valles. Luego se casó y dedicó su vida a cultivar papa y a vender lana. Sin duda vivir en ese rincón de la tierra era de las cosas mas pacificas en estos tiempos. Sobretodo porque la nube negra se había quedado en el oeste y lleva años sin moverse. Cuentan que bajo esa nube, cosas terribles y crueles suceden.  Según el ultimo juglar que paso por la villa, la nube infecta le mente de las personas, quienes enloquecen y terminan acabando con su propia vida. 

En fin, solo los dioses sabrán.

Ya en su taller, Julka empieza a preparar abrigos de lana para el invierno. Sumido en sus pensamientos, viajó muchos años atrás, cuando su esposa aun seguía viva.  Recordaba muy bien cómo caminó por los confines del este, pues se había enamorado de una gitana, quien iba de pueblo en pueblo actuando con su familia. En esos tiempos Julka logró encontrar su rastro y la buscó. La buscó sin descanso por verla. 

Hoy su corazón esta roto y su alma destruida. El sentido de vivir se esfumó el día que su esposa murió. Los Villa Soleros pensaban que fue víctima de brujería pero Julka sabía la verdad. Había sido envenenada por su propia familia. 

Saliendo de su sueño, caminó hacia la ventana y observó el inmenso mar. 

-Daría todo por verla una vez más, tan solo por un minuto. O un segundo. Pensó en ese instante. Era un hombre esperando la muerte. Con el alma rota y el corazón destruido en miles de pedazos. Un hombre que murió en vida el día que su compañera dejo de respirar. 

Luego de estar hipnotizado por el mar, Julka regresó a la mesa llena de lana. 

— Un día a la vez, hasta el fin de mi existencia — Se dijo a sí mismo. Y con lagrimas en el interior, sus manos siguieron haciendo el mismo trabajo de toda la vida.  

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