La vida debe vivirse a punto de lagrimas

Una tarde soleada

Hay una frase que me sigue atrapando cada vez que pienso en el deseo humano de vivir cada momento, de experimentar y sentir. Cuando la experiencia es extática, sentimos como si el momento debiese poseer un poema, la experiencia misma exigiendo ser capturada y guardada. Creo que una de las frases que describe ese deseo de capturar el mundo, de inmortalizar la experiencia y hacerla encajar en forma de poemas y canciones, de fotos y películas, de historias y recuerdos, es:

“Ver el mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, sostener la infinidad en la palma de tu mano y la eternidad en una hora.”


El deseo de capturar y arrestar permanentemente aquello que ya es un recuerdo. Por eso es tan alegre y a la vez tan triste… Esa enredadera de felicidad y tristeza en los momentos únicos es lo que hace que estos sean inolvidables pero también a la vez es lo que los hace trágicos. Hay una razón por la cual Roland Bathes cita el amor como, “La solución romántica al problema de la muerte”. En donde el peregrino sin fe puede morir y renacer, en donde estas simulaciones de renacimiento transforman nuestra forma vivir y de ver al mundo.

Esta en cada canción, en cada libro, en cada película; aquel sentimiento que nos mueve a lagrimas, pero a quien le importa, pues como dijo Camus: “La vida debe vivirse a punto de lagrimas”. Así que vive, o muere intentando.

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