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Isaac El Jinete

Hacía calor, mucho más de lo normal, y en el pueblo de Ventarrie aún no terminaba la temporada de recolección. Este pequeño pueblo, ubicado casi en el centro de la región boscosa de Vantaiveria, se conocía por la deliciosa miel que recolectaban previo al matador invierno. Esta recolección se daba durante tres meses y usualmente solo a los mayores de veinte años se les permitía aventurarse en el bosque. Lo hacían en grupos de cuatro, todos con un líder experimentado, y se consideraba un trabajo extremadamente peligroso. Al final de la recolección solían llenar carromatos con frascos de miel para llevarlos a la fortaleza de Migny, al sureste del pueblo, donde el señor de Vantaiveria se las intercambiaría por alimentos para sobrevivir el invierno y claro, unas cuantas monedas de oro, dependiendo de la cantidad de miel que llevaran.

Ya se acercaba el final de la temporada de recolección y lo que menos había era señas del invierno. Una tarde, el pequeño Isaac terminó su trabajo como ayudante en el almacén de miel. Agarró su bolsa, se cambió de camisa y salió con prisa hacia su casa, pues aún quedaban rayos de sol que lo acompañarían en su viaje de regreso. Pues Issac, con tan solo catorce años de edad, le daba miedo el camino dominado por la noche. — ¡Nos vemos mañana, pequeño!  — le gritó el viejo Bock, encargado del almacén. — y corre bien, que los lobos no descansan. — dijo bromeando.

Isaac llegó a casa, sudado, pero con una gran sonrisa en su rostro. — Ya vine mamá! — dijo mientras cerraba la puerta. No recibió ninguna respuesta. Subió a su habitación, se quedó en calzoncillos y salió al pozo a tomarse un baño para refrescarse. — ¡Isaac! La cena esta lista. Apresúrate y ven a comer antes que se enfríe. — le gritó su mama por la ventana. Isaac se secó y entró directo a la cocina. — Gracias por la comida mamá. Este estofado huele delicioso. — dijo al sentarse en la mesa. — Que lo disfrutes hijo, has trabajado duro otra vez, ¿verdad? — respondió la mama mientras se sentaba frente a Isaac. — Sí mamá, pero la temporada de recolección ya está terminando y podremos descansar durante todo el invierno. Además, alguien tiene que poner los alimentos en la mesa, ¿no? — añadió. La mamá, con mucha nostalgia, vio directo en los ojos de Isaac y vio a su difunto padre. —Ay dios, un niño de catorce años no debería de estar trabajando — se dijo a sí misma. Su corazón se llenó de lágrimas y recordó cómo los ancianos le prohibieron trabajar por ser mujer, incluso después de enviudar. Era una de las estúpidas reglas de Ventarrie. Las mujeres solo podían dedicarse a sembrar en las pequeñas parcelas de sus casas y a alimentar a las mulas de los establos. Solo los hombres podían ir a recolectar miel, pues creían que era un trabajo para los “seres con pelo en pecho”. Pero no siempre fue así… 

—¿Está todo bien mamá? —dijo Isaac, pues la vio perdida en sus pensamientos. — Si, solo que estas tardes de mucho calor me recuerdan a una historia que me contaba mi madre hace tiempo, cuando aún era una niña. ¿Te gustaría escucharla? — le dijo a Isaac mientras se llevaba un cucharón de estofado a la boca. — Tú sabes que amo las historias, madre. Cuéntala de principio a fin, toda mi atención será tuya, doy fe de ello. — respondió Isaac con una gran curiosidad en su rostro. — Está bien. Entonces, por la memoria de tu padre, presta mucha atención y escúchame bien.

Hace muchos años, incluso mucho antes que naciera el padre de mi padre, Ventarrie era un pueblo más grande. Los caminos eran buenos y no tenían que intercambiar toda la miel por unas míseras provisiones de invierno. Era una época donde tanto hombre y mujer trabajaban codo a codo en los bosques. Durante la Guerra de los Cinco Valles,los visitantes empezaron a escasear. Ya nadie quería adentrarse a los bosques y las ventas de miel empezaron a caer. Unos meses después de iniciada la guerra, la oscuridad tomó la parte norte del bosque, en Vrigloy. Cuando el señor de Vantaiveria lo supo, mando un pequeño grupo de dieciséis asesinos a recuperar el bosque. El problema era que los asesinos tomaron nuestro pueblo como base. Dormían en el ayuntamiento durante el día, planeaban, comían y durante la noche se movilizaban al norte del bosque para asesinar todo lo que se encontrara frente ellos. Siempre y cuando nosotros no nos metiéramos en sus asuntos, ellos no se metían en los nuestros. Un día de esos, los asesinos recibieron una orden del gran señor. Este decía que los almacenes de miel estaban malditos por la oscuridad del norte y ordenó quemar absolutamente todo. Decretó toque de queda y prohibió la recolección de miel hasta que el asunto estuviese resuelto en el bosque. Ese mismo día, los asesinos quemaron los catorce almacenes de miel. Dejaron al pueblo sin nada para vender o intercambiar. En ese instante todos pensaron que solo iba a ser cuestión de tiempo para que murieran en el invierno, pues este si se acercaba con fuerza de mil caballos. Absolutamente nadie sabía que hacer. Pasaban en sus casas todo el día, rezándole a los Dioses que los ayudaran. 

Unos días después, un carromato lleno de comida y provisiones llego al pueblo. Los Caballeros de la Espada, quienes acompañaban el carromato, llamaron a los pueblerinos para que se reunieran en el parque frente al ayuntamiento durante la tarde. Todos acudieron y escucharon con atención. El gran señor les ofrecía provisiones con una condición. Pasado el invierno, tenían que comprometerse a enviar a todos los hombres mayores de edad a Migny, donde se les instruiría en el arte de la espada. La guerra estaba en curso y no podían darse el lujo de seguir perdiendo hombres.

Claro, los pueblerinos no aceptaron la oferta del gran señor. De hecho, se rebelaron. La cabeza de la rebelión fue una gran jinete, quien, con valentía, juntó a los mejores hombres y mujeres del pueblo. Una noche tomaron el carromato a la fuerza y encerraron a Los Caballeros de la Espada mientras los asesinos se encontraban en el bosque. En su regreso, les tendieron una trampa y terminaron quemando a los dieciséis hasta los huesos. Esta misma rebelión partió al norte, retomaron el bosque y luego negociaron con el gran señor la liberación de sus soldados. Este accedió a sus peticiones, siempre y cuando le entregaran ofrendas de miel cada año. A cambio, él les daría provisiones para el invierno. Lo único que se sabe de la valiente mujer fue lo que encontraron en el diario de una de sus combatientes. Antes de partir al bosque, esto fue lo que escribió:

Surgió de la oscuridad cuando más lo necesitábamos. Tenía los ojos furiosos como un lobo y era justa como nadie más. Lejos de dejarnos morir, ella nos guiaría a vencer. 


Todos marcharíamos con ella hacia el bosque oscuro, donde su luz brillaría. Usaba una capa negra como la noche, hecha para una princesa de la oscuridad. Cuando entraba al bosque era como si la naturaleza estuviese de su lado.


Ella alejaría a los indeseados, ella destruiría esa oscuridad. Las oleadas de cuervos se irían volando lejos al norte, donde pertenecen. Y el bosque sería nuestro de nuevo. Su telar nos protegerá del gran señor, con su fuego profano, y si es necesario, marcharemos hasta la muerte en Migny.


Ella nos abrió los ojos para caminar sin cesar por el camino del soñador. Por un pueblo mejor, un pueblo libre.

— Y esa es la razón por la cual damos ofrenda todos los años. Después del invierno, La Jinete partió al oeste para comandar un grupo de guerra, pero murió en batalla. Desde esos tiempos, los linajes del gran señor han prohibido a las mujeres realizar cualquier tipo de trabajo físico. — Terminó la madre de Isaac. — Ahora levanta tus platos y vete a dormir. Mañana tienes que trabajar. — Dijo mientras se levantaba de la mesa. — Gracias mamá, te veo mañana. Y gracias por la historia. — Dijo Isaac con miles de preguntas en su cabeza.

Esa noche calurosa, Isaac se sumergió en un profundo sueño, donde él mismo marcho junto a La Jinete. Aquella oscuridad del norte se hizo luz y otra vez su pueblo podría añadir otro invierno a la lista. En su sueño, él fue Isaac, El Jinete.

Una Carta

Pensó que había muerto, que su viaje había acabado y destruido lo poco que quedaba de él. Pero no fue así. Llegó a un lugar donde el tiempo es de color, el sol una ilusión y la música el tapiz que adornaba su corazón. Sintió el sabor de la brisa y no dudo en subirse a la balsa dorada con destino a las nubes en forma de algodón. Durante el viaje por el río de luz, solo pensó:

¿A quién pertenecen los besos: a quien los roba y los desea tanto, o a quien los recibe y es cómplice del momento?

¿A quién pertenece un abrazo: a quien anhela que guarden su alma con los brazos, o a quien su cuerpo lo añora?

¿A quién pertenece una mirada: a quien canta poesía y se ve reflejado en sus ojos, o quien recibe esa caricia intangible?

¿A quién pertenece un “te quiero”: a quien lo busca y lo construye para dedicarlo o a quien lo espera en ausencias y confusión?

Después de navegar y naufragar en su sueño, despertó. Supo que ya iba siendo hora de marchar. Tomó un trozo de papel y escribió:

Te regalo un te quiero y un adiós. ¡Cuidate! Nos volveremos a ver. No llores por mi, estaré cerca de ti. ¡No tengas miedo! Si nuestros caminos se vuelven a cruzar, el dolor ya no existirá. Hasta pronto…

– M.S

Carta de Viajero a Sofía, la tabernera del granero que conoció en la noche sin estrellas. 

El deseo de la noche sin estrellas

Volcan de Agua

El tiempo estaba terrible. Viajero había logrado dormir dos noches en una vieja posada, de aquellas que reciben y despachan errantes al por mayor, pero esta vez se había quedado sin dinero y no tuvo otra opción que dormir a la luz de la luna sin brillo, pues era noche de luna nueva y las estrellas dominarían los cielos nocturnos. Después de pasar por una vieja aldea y de escuchar a unos niños cantar, recordó que esa noche era especial, era única. Cuenta la leyenda que una vez al año, entre julio y agosto, los dioses lloraban y sus lágrimas caían en la tierra en forma de luces flamantes y fugaces. Aquellos afortunados que veían las lágrimas de los dioses caer, les era concedido un único deseo si lo pedían a tiempo. Viajero había escuchado esa leyenda cuando era niño pero nunca logró ver aquellas luces extrañas. Lo único que recordaba era aquella canción que recitaban a los niños en su pueblo:

Hoy cantan los Dioses, cuentan historias bellas,

Nos invitan a salir, a ver todas las estrellas,

¡Presta atención! La luna esta nueva,

Pero nunca olvides ver más allá,

Lejos, donde brillan las estrellas.

Viajero preparó su escaso equipaje y cruzo la pradera, rumbo al granero abandonado que había visto unos kilómetros atrás. Al llegar, comprobó que nadie se encontrara allí y decidió recostarse en el viejo catre que encontró al costado del granero. Cuando estuvo a punto de viajar al mundo de los sueños, recordó la canción de la noche sin luna y se levantó. Con paso lento, pero firme, subió al techo del granero y se recostó a esperar aquellas lágrimas, aquellos lamentos de los dioses, pero fue inútil. El cielo estaba bañado de gris y nada ni nadie haría que las nubes se fuesen de allí. Aun así, viajero quiso creer. En ese momento quiso tener ese don que muchos tienen pero que el carece, el don de la fe. Recuerda haberlo tenido pero su paso por el mundo había marchitado aquella flor con fuego ardiente, poco a poco, quemando hasta las más profundas raíces. Su deseo esta vez era fuerte, era de verdad, pero delicado a la vez. Como cuando agarras una mariposa, con seguridad para que no se escape pero no tan fuerte, para no matarla. En ese momento nada parecía imposible. Aun así, sin creer pero queriendo, viajero cerró sus ojos y buscó en lo más profundo de su corazón, y cuando lo sintió, lo pidió. Bajó del techo, se recostó de nuevo en el viejo catre y mientras la lluvia empezaba a caer, la imagen de ella se hacía más y más borrosa. El olvido se estaba apoderando de el nuevamente pero solo podía esperar. Esperar a que ese deseó se cumpliera, aquel deseo de la noche sin estrellas. 

El pueblo de Morth

Halo Lunar

El cielo no era el mismo de aquella noche. Hoy estaba gris y rugía con rabia mientras escupía relámpagos sobre el sucio pueblo de Morth. Cuentan las leyendas que antaño, Morth servia de paso para llegar a la vieja cuidad de Gril, y que allí se escondían los asesinos mas viles y despiadados. Sus habitantes se dedicaban a la venta de esclavos y de medicamento de segunda mano. Se dice que el hermano del rey Korr bajó al pueblo de Morth y contrató a los mercenarios élite del norte para que se encargasen de su hermano y así quedarse él con el trono del cono occidente. A cambio, le ofreció incontables riquezas al clan de asesinos. Esa misma noche, tres asesinos élite treparon hasta lo mas alto del castillo, buscando la habitación con la única luz prendida, pues el rey Korr nunca apagaba sus velas, no desde aquel día en el que fue maldecido por la dama de cristal. Lograron alcanzar la habitación y divisaron la sombra del rey, quien escribía tranquilo en su despacho, de espaldas a la ventana. Prepararon las famosas anclas de piedra, un instrumento asesino creado por los hombres del bosque que se activa con la sangre del portador, disparando un proyectil de piedra venenoso, pues si el portador logra un lazo de unión entre su sangre y la piedra de luna menor, esta se incrusta en su objetivo mientras desprende un poderoso veneno que ataca a el corazón en 10 segundos y corroe la piel. Mientras los tres preparaban sus armas, se vieron entre ellos, esperando el momento ideal. En un abrir y cerrar de ojos, crearon el lazo de unión a las anclas de piedra. Estas brillaban de un color morado oscuro, listas para destruir a su objetivo. Apuntaron a la silueta que se encontraba al otro lado de la ventana y activaron el ancla de piedra. El sonido fue ensordecedor y la reacción, fulminante. Entraron en la habitación por la ventana que acababan de destruir y lo vieron. El rey Korr yacía sobre el suelo, inerte sobre su propio charco de sangre. Se podía observar como el veneno succionaba cada centímetro de su piel, dejando en su camino solo los huesos del rey.

– Revisen la habitación. Tomen cualquier objeto de valor – dijo uno de los asesinos – pero rápido que la guardia real no tardara en venir.

– Hey, ¡Ven a ver esto! – dijo el segundo asesino, quien se encontraba revisando la túnica del rey – Su collar, ¡Mira su cuello!

El legendario collar del rey Korr temblaba sólo y brillaba rodeado de una luz blanca pálida, como cuando la luna es cubierta por una nube negra.

– Algo no esta bien aquí. Apresúrense y vayámonos, ¡PERO YA! – dijo el tercer asesino.

Los tres asesinos tomaron lo que pudieron y cuando se dirigían a la ventana, una silueta negra se levanto del suelo. El rey se encontraba de píe, sus ojos brillaban del mismo color que su collar mientras un ligero humo blanco corría sobre su boca. Con un delicado movimiento de su mano derecha, lanzo a los asesinos por los aires, al otro lado de la habitación.

-¡¿Quien los mando?! ¡Malditos hijos del mal! – dijo el rey Korr. – ¿Que acaso no saben que nadie puede matarme?

Uno de los asesinos podía sentir como el humo que desprendía el rey Korr se impregnaba en sus pulmones, causando un dolor inimaginable, como si mil agujas atravesaran su cuerpo al mismo tiempo. Estuvo a punto de desmayarse cuando pudo verlo, vio los ojos del rey en su mente. Los blancos ojos del rey desprendían un terror inigualable mientras escrutaban cada parte de su alma.

-Fue…. fue tu hermano…- dijo el agonizante asesino – Por favor…déjanos ir…

-¡MENTIRA! – dijo el rey – ¡DEMUÉSTRAMELO!

La mano del asesino se movió a voluntad del rey y ésta saco el pergamino de contrato, firmado con la sangre y huella de su hermano. El pergamino se desplazó por los aires hasta llegar al rey Korr, quien lo leyó con cautela. Mientras leía el contrato, su ira iba en aumento. El humo blanco que sostenía a los asesinos en el aire se puso mas denso y poco a poco fue destrozándoles los huesos mientras se retorcían de dolor y suplicaban al rey piedad. El rey, con la poca razón que le quedaba, se dirigió a la montaña que daba la cara al pueblo de Morth y desprendió su humo sobre todo el pueblo. Su voz se derramaba con el humo, así que todos podían escuchar sus palabras.

– Hermano mio, ¡me has traicionado! – dijo con furia – Se que te encuentras escondido aquí y por tu traición, el pueblo completo ha de pagar. Hoy contemplaran la maldición del rey, la maldición de la luna blanca.

El humo cubrió cada centímetro de la ciudad y poco a poco fue destruyendo los huesos de todos los habitantes, como si una roca gigante cayese lentamente sobre el cuerpo de cada persona. Pero el rey no se salió con la suya. La dama de cristal lo vigilaba siempre, y esa noche, observo su crueldad desde los cielos. Lo que no sabia el rey era que su hermano, Danis, ya no se encontraba en Morth, pues había zarpado hacia el sur unas horas atrás.

-Algún día la gente sabrá tu verdad, hermano. – dijo Danis mientras observaba desde el barco la ciudad de Morth, impregnada en humo blanco – Y cuando llegue ese día, allí estere yo, listo para destruirte.

Desde ese día, miles de almas rondan el pueblo de Morth. Cuentan que aún se puede sentir el humo blanco del rey, destrozando cada uno los huesos de las personas que osan pasar por allí. Pero eso no fue ningún impedimento para Viajero, pues el conocía todas las historias del mundo, y aunque toda leyenda tiene en sus raíces algo de verdad, el no les temía, pues ha caminado sobre la tierra por tantos años que ni el mismo puede contar. No sabia que iba a encontrar en la ciudad de Gril pero desde aquel sueño, sabia que tenia que llegar de una u otra forma. La dama de cristal lo llamo en sus sueños y después de tantos años, sentía dentro de si mismo que la volvería a ver. Mucho tiempo ha pasado desde que la vio, desde que la dama de cristal lo maldijo para siempre. Con su ropa sucia, una capa y un puñado de raíces en su bolsa, Viajero se adentro en el maldito pueblo de Morth…

Marsala, pizza y un callejón en Roma

Roma

Era una noche lluviosa, muy lluviosa. Las gotas caían, la gente corría y los faroles alumbraban aquellos oscuros y viejos callejones romanos. No me había percatado que siempre que llego a un nuevo destino, llego de noche, cuando el sol esta durmiendo. Me gusta pensar que es para no hacer ruido y así despedirme de la misma forma de aquellas personas que se vuelven tan importantes en tan poco tiempo. Dicen que la vida esta hecha de victorias, derrotas y amor, despedidas y alguna que otra canción. Espere bajo el techo de la estación Roma Termini con la esperanza de encontrar mi posada con facilidad y así descansar del largo trayecto que había realizado unos días antes. De los lugares a los que he ido, no ha existido ocasión en la que no me haya puesto nervioso al pisar el suelo que estoy a punto de explorar. Viajar solo significa que no tienes a nadie cuando llegas. Nadie a quien acudir, nadie con quien compartir tu preocupación de estar perdido, nadie que te acompañe entre andenes y callejones, nadie con quien buscar el mercado local o el lugar mas barato para comer; y ese peso queridos amigos, vale por dos. No podía darme el lujo de comprar una sombrilla ni una capa para la lluvia, así que decidí sentarme un rato a buscar la dirección a la antigua, con un mapa y un lapicero. “Si pude usar google maps pero al no tener SIM, tenia que pegarme a un punto Wifi y bajar mapas. Digamos que no tuve mucha suerte con encontrar wifi abierto”.

Via Marsala, Via Marsala. Esta vez tenia que ser fácil, la calle se encontraba justo frente a mi nariz. Oh Via Marsala, si tan solo no me hubiese confiado aquella noche…A eso de las 8:20p.m la lluvia había disminuido un poco, lo suficiente como para caminar sin empapar mi ropa y mi mochila. Salí de la estación con las direcciones en la mente: “4 cuadras a la izquierda de la estación, 1 giro a la derecha, 2 cuadras, 1 vuelta a la izquierda y allí tendría que estar el callejón con el 9-B del hostal”. Las primeras 4 cuadras fueron fáciles, nada del otro mundo. Giré a la derecha y todo seguía bien, tal y como lo había planeado. Caminé las dos cuadras en línea recta y cuando estaba a punto de girar a la izquierda me di cuenta que no había nada mas. Solo una antigua y desolada iglesia, a oscuras en aquel callejón. ¡¿Como podía ser posible?! ¡Repase las calles, los nombres, las distancias y sabía que este tenia que ser el camino! Regrese a la intersección, dos cuadras atrás, y la lluvia se dejo venir con aquella intensidad que no te imaginas, como si se burlase de mi, evitando a que llegase a mi destino. Corrí hacia la tienda mas cercana y me resguarde en la parte de afuera. No pasaron ni diez segundos cuando el dueño de la tienda salio a regañadientes a decirme que me largase de allí, o al menos eso entendí yo por el gesto de sus manos, pues de italiano no se nada. Me dirigí rápido hacia la próxima tienda que encontré, una de alfombras y telas y que al parecer el dueño era hindú. Al verme en la parte de afuera, el hindú salio rápidamente a decirme que le comprara una sombrilla. Al negarme, me grito que si no iba a comprar algo, que me fuera de allí inmediatamente.

Me considero muy positivo con la raza humana. Pienso que somos muy capaces y que cada vez mejoramos como especie. Pienso que nos espera un futuro inimaginable, y no de la forma negativa. No es utopía, aunque se inclina por esas vías. Lastimosamente estas situaciones, y las que estoy por contar, me hicieron odiar a aquellas personas en ese momento. Aun no entiendo como es posible que exista ese tipo de gente…

Intente regresar a la estación pero me di cuenta que ya me encontraba perdido, no reconocía el lugar y la lluvia no cesaba. Logre ver un edificio que se encontraba en mantenimiento y me escondí de la lluvia debajo de unas estructuras de madera que se encontraban al lado de la acera. No me cubrían del todo pero era mejor que estar deambulando bajo el aguacero. 3 minutos, no para. 8 minutos, pruebo mi celular aun sabiendo que no tiene SIM, necesitaba creer en algo. 15 minutos, me siento en el barandal. 43 minutos…, aun no para. Un policía paso a la par mía y le pedí ayuda, preguntándole en ingles y en español si me podía ayudar con la dirección. Con mala cara se acerco, le entregué el papel arrugado y mojado y con 2 segundos de “medio” ver el papel, me dijo:

– I’m sorry, i don’t know…

Y con la misma cara de amargura me entrego el papel y siguió su camino. No lo podía creer, esto iba de mal en peor y mis ánimos ya estaban por los suelos. La noche empezaba a darle la bienvenida a las 10 y yo seguía escondido debajo de un trozo de madera en una esquina que no conocía. Ya exhausto, sediento y hambriento, la lluvia dejo de ser mi enemiga. Decidí regresar a la callé principal y seguir buscando, aunque llegase empapado, no me podía dar por vencido. Luego de caminar veinte minutos encontré la estación. No me preocupe por entrar, decidí seguir con lo que ya había empezado. Seguí la calle y tomé el mismo recorrido, solo que esta vez me tomaba unos 3 minutos en cada semáforo para identificar algún punto por si me perdía, iba saber como regresar. Luego de cruzar por aquí y por allá, ¡llegue al bloque de números que necesitaba encontrar! Caminé colina arriba y encontré el famoso y pequeño hostal al que llamaría hogar por unas semanas. Entré empapado, me registre y mientras esperaba, un italiano me dice:

– Oye, ¿de donde eres?

– Buenas noches, soy de Guatemala…

– Ahh… ¿Mexico?

– No, Guatemala, abajo de Mexico.

– Ah, la misma mierda. 

No se que cara puse al escuchar ese comentario pero todo mi odio y cansancio estuvieron a punto de romperle algunos dientes y de restregar su calva y deforme cabeza en el pavimento. Me encontraba a punto de responder la estupidez que había salido de su boca hace unos segundos cuando se disculpo y se fue rápidamente sin decir nada. Me encanta mi país y aunque esta repleto de problemas, siempre he levantado y levantare su nombre en donde sea que me encuentre. No como algunos vende patrias que yo mismo me he topado en el extranjero, negando sus orígenes, fingiendo que son de países vecinos con tal de no aceptar que son de Guatemala. Si existiese algún infierno, ese tipo de personas tendrían guardado un lugar muy especial. El recepcionista me entrego las llaves de mi habitación, la cual iba a compartir con 7 personas mas, y se disculpó por la actitud del dueño, ese calvo de cabeza deforme que acababa de insultar a mi patria hace unos minutos atrás. Tomé mis llaves, me dirigí a la habitación y mientras guardaba mis cosas,del baño salió una mujer, que sin saber, se convertiría en una persona muy especial para mi. Pero esa historia es para otros tiempos. Esa noche la vida me enseño a que las cosas siempre pueden salir mal, por mas que uno quiera controlar la situación, a veces simplemente no se puede. Tenemos que aprender a adaptarnos y a ver las cosas de otra manera, con otra mascara, pues al final somos nosotros los héroes de las mil caras.

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Los buses de los símbolos extraños

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No recuerdo la fecha ni la hora, pero si el lugar. Recuerdo muy bien el avión que se encontraba a punto de aterrizar en aquel lugar desconocido, absorbido por la oscuridad de la noche y una cabina de pasajeros vacía. Recuerdo que eramos unas 30 personas en aquella bestia metálica, producto del gran ingenio humano. Salí del aeropuerto y un frío congelante me envolvió,  dándome la bienvenida a aquel país que desconocía. Pregunte a un taxi si me podía llevar al centro pero con los precios que andaba disparando, decidí tomar el bus, pues no podía darme el lujo de gastar dinero que no tenia. Entré de nuevo al aeropuerto “el cual no albergaba ni una sola alma ademas de los trabajadores”, y pregunte en información que me ayudaran con instrucciones de como tomar el bus. Si fuera maestro y la muchacha que me atendió fuera mi alumna, le pondría -100 en servicio al cliente, -50 en interés, -60 en simpatía y un gran 100 en mal servicio. Después de sacarle un poco de información con cuchara y de lograr que me diera un mapa, me dijo que tomara el bus en la parada de afuera y que luego de unos 30 minutos que me bajara a tomar el tren. ¿Suena fácil, no? Sales, tomas el bus, cuentas de minuto en minuto hasta llegar a 30 y te bajas a buscar un tren que supuestamente te llevara a tu destino. Si la vida fuese sencilla como a veces parece no existirían historias ni canciones ni éxitos que celebrar.

Salí del aeropuerto, caminé hacia la parada y me senté a soportar los -6°C que acompañaban la noche. A lo lejos note el bus, pues su pantalla LED alumbraba mas que el sol en las mañanas. Me puse de pié, tome mis maletas y me prepare para subir. Estuve a punto de entrar cuando atrás vi otro bus pero con símbolos totalmente distintos en la pantalla LED. Luego vi otro mas atrás con símbolos distintos al segundo bus y supe de inmediato que no era solo una parada de bus de aeropuerto, de aquellos que te llevan siempre a la ciudad, esta era distinta pues cada bus tenia un destino distinto. Me senté de nuevo, tomé el mapa e intente memorizar los símbolos de aquel idioma extraño que jamas en mi vida había visto y que jamas entenderé. Primer bus: no, este no es. Segundo bus; no, este tampoco. Tercer bus: puede ser pero ese símbolo no se parece del todo a este. Cuarto bus: Mm… tiene una combinación del primero y el tercero, pero no es el que ando buscando. Cabe decir que ya llevaba unos 40 minutos sentado, viendo buses pasar sin saber cual tomar. La preocupación empezó a abrazarme y poco a poco fui teniendo un poco mas de miedo que el minuto anterior. Pasó por mi cabeza tomar cualquier bus pero no podía darme el lujo de perderme y tener que dormir en alguna banca a -6°C con todo mi equipaje. Luego de unos minutos mas, logre memorizar el nombre de la ciudad al 100%. Con eso en mente, logre distinguir el bus entre todos los que pasaban y lo tomé. Aun no entiendo porque pero una sensación de tristeza se apodero de mi ser. Para mi los buses siempre serán como ventanas temporales del alma, donde reflexionas y ves pasar recuerdos y anhelos frente a tu nariz, pegados en aquellas ventanas. El paisaje tampoco me ayudaba mucho, la sombra de la noche bañaba aquella arquitectura gótica del lugar, la gente parecía estar de mal humor, cansada de la rutina del día a día. No pude contenerlo y mis ojos se empañaron, sumergidos en recuerdos y en el presente al mismo tiempo.

Buenas noches, ¿Esta ocupado el asiento?

Hola… No, para nada. Puedes sentarte. – Quité la maleta para que se pudiese sentar.

Muchas gracias! No eres de aquí, ¿verdad? ¿de donde eres?

Soy de Guatemala. Vengo solo como turista. 

Guatemala ehh… Que exótico! Vienes de muy lejos! 

Jaja, si, mas o menos…

Por cierto, mi nombre es Clara. 

– Mucho gusto Clara, yo soy Rodrigo. 

– Encantada! Disculpa mi ingles pero hace mucho que no lo practico.

Jaja y tu disculpa el mío porque en mi país el ingles no lo hablamos mucho.

No, no para nada! Te entiendo de maravilla. Dime, a donde te diriges? 

Mm.. pues según la pagina de internet del hostal, tengo que llegar aquí. – Le muestro el papel que había impreso cuando reserve la habitación.

Ah, conozco el lugar. Esta cerca del centro. ¿Sabes como llegar? 

– Pues la verdad es que no. Solo se que tengo que tomar un tren en 10 minutos y buscar el centro. 

– No, no! te tienes que bajar en la siguiente estación, tomar el metro y cambiar de linea después de unas cuantas estaciones. 

– ¿Estas segura? Que ahorita mismo preparo mis cosas para bajarme.

– Si, pero no te preocupes, yo te llevo.

– ¡¿De verdad?!

– Jaja mira como te ha cambiado esa cara larga que traías hace un rato. Sera un placer llevarte a tu hostal! Tal vez pasamos a comer algo en el camino! 

– Claro! como no! No tienes idea de lo agradecido que estoy Clara. Muchas gracias!

Y así nos bajamos del bus y tomamos el primer metro con dirección a la ciudad. Cambiamos de linea, llegamos al centro y caminamos por la ciudad riendo y platicando como si fuésemos amigos de toda la vida. Pasamos a una pizzeria tradicional, pedimos una de la casa y pasamos el resto de la noche entre trozos de pizza, cerveza y agua mineral. Poco antes de la media noche seguimos cuesta arriba y llegamos a mi hostal. Intercambiamos contactos para quedar algún otro día para tomar un café o unos tragos y nos despedimos, sin saber que jamas nos volveríamos a ver. A unas cuadras de desaparecer, se volteó y con una sonrisa me gritó:

-¡Bienvenido a Praga!

 

 

 

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Como luz de inverno

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Estas últimas semanas han sido muy peculiares. He conocido a muchas personas, he hecho lo que más disfruto frente a multitudes, he construido, he convivido, explorado y he vivido sin tomarle importancia al ayer o al mañana.

La vi entre la multitud, como estrella reflejada sobre el mar. Sus rizos bañados en oro y verla sonreír me iluminaron con su luz.

Últimamente he sentido la necesidad de viajar y de explorar de nuevo, de conocer gente y de perderme en lugares desconocidos. Dicen por allí que una vez vives fuera de tu realidad, nunca vuelves a la normalidad. Las ideas y las experiencias estiran la mente y esta jamás vuelve a su estado original.

Me intente resistir a su calor pero fue imposible, su intensa luz encandilaba mi razón. Me gustaría que otra vez la ilusión rozara su corazón.

Peleo con la adaptación hedónica todos los días. Trato de combatir la rutina y las familiaridades del día con actividades que me hagan crecer. Estudio coreano al menos 1 hora al día, avanzo en los libros que actualmente estoy leyendo, sigo el curso de enseñanza del idioma español en Coursera, me pongo al día en temas científicos, escribo canciones, escribo en el blog…etc. No me gusta sentir que hoy se absolutamente lo mismo que ayer. ¡Tengo que avanzar!

Mírame y la alborada de mañana sera tuya. Con tus cabellos grabaré en dorado nuestros nombres, fijos en el resplandor del amanecer.

“Lo convoco y así aparece. Como lo imagino, así se vuelve”. Al fin pude entender esa frase. El poder de nuestra mente y deseo de realizar algo es mas poderoso de lo que creemos. Siempre he dicho, haz lo que amas, nunca dejes nada a medias y lo demás vendrá detrás, sin necesidad de que lo esperes. Recuerda, la caída libre aguarda a los valientes.

¡Ven! Montemos las nubes juntos mientras la oscuridad desaparece. Encuéntrame en aquel lugar donde el mar saluda a la tierra y tendrás tu canción, aquella que te prometí cantar…

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Huevos ilimitados en 돈사마

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Hace poco tuve la oportunidad de visitar el restaurante 돈사마 (Don Sa Ma) , allí por Sincheon, en donde básicamente si ordenas algo en el menú, ¡puedes comer huevos ilimitados! Nosotros pedimos una sopa para acompañar y carne de cerdo, que si no mal recuerdo era lomo.

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Si tienes pensado venir a Corea y no te gustan las sopas, creo que vas a pasar un mal tiempo. No es que no puedas evitar la sopa pero casi el 80% de las veces que he comido, siempre, SIEMPRE se toma sopa. Así que a preparar el estomago para comer mucho vegetal y comida con toque picante. Sigo insistiendo que exageran un poco con lo de la comida picante… ¡No es tan picante como te lo pintan! Creo que comemos igual en Guatemala.

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Y para acompañar la comida, no podia faltar la famosa combinación de soju y cerveza, SoMac (소맥), jaja.

 

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¡Feliz Año Nuevo!

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La cosas aquí del otro lado del charco estuvieron fantásticas. Primero quedamos con las demás estudiantes de intercambio para cenar y esperar hasta la media noche para realizar la cuenta regresiva y así recibir el 2015 de la manera mas alegre posible, pues todos nos encontramos lejos de casa y un poco de calor humano, aunque sea en multitud, nunca esta de mas.

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Ademas de mis compañeras extranjeras, se nos unieron unas amigas coreanas que no tenían planes para el año nuevo, y bajo su recomendación, decidimos cenar pollo con un par de cervezas. ¡Nada mal! En mi caso pues pedí especialmente el pollo con salsa garlic, que hasta el momento ha sido el que mas me ha gustado. Al terminar, aun faltaba bastante para la media noche por lo que decidimos ir al karaoke a pasar los últimos minutos.

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Fuimos al parque donde se haría el conteo, “diabla, ¡no recuerdo el nombre del lugar!”, y vimos los bailes y demás cosas antes de que dieran las 12. A eso de la media noche empezó el conteo, una multitud de gente contando en coreano para finalizar con un Happy New Year mientras soltaban globos en el escenario y media hora después, “no se porque se tardaron tanto”, concluyeron con la quema de fuegos artificiales. Al finalizar el conteo, ¡empezó a nevar! En mi país no tenemos nieve por lo que me emociona cuando nieva.

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Decidimos terminar la noche con una taza de café para luego agarrar el ultimo tren a nuestras casas a eso de la 1:30am.

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¡Feliz año nuevo a todos! Que este 2015 sea fructífero y si en el 2014 no lograste avanzar porque tus piernas y tu corazón ya no podían mas, recuerda que a veces es necesario dar un paso atrás para poder avanzar. ¡Mis mejores deseos para ti!

 

 

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Cuando las estrellas vuelvan a brillar

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Es el mismo cielo, estoy seguro. Recuerdo haberle visto por mucho tiempo pero hasta el momento sigo sin reconocerlo…Pero Estoy seguro que es el mismo. Todo es distinto, absolutamente todo. El viento, la lluvia, el paisaje, la gente, la comida, el vivir… Nada es igual que allá, solo el cielo, estoy seguro que es el mismo, aunque a veces no tanto pero es cuando alguna u otra melodía me recuerda aquel que un día fui. No me mira de la misma forma, no, para nada, y menos esa noche, porque traicione a la luna por ella. Su sonrisa llenaba la oscuridad y aunque ninguno de los 2 podía expresarse bien, las palabras no fueron necesarias, porque el lazo existía, todo existía, menos el cielo, que esa noche no le reconocía, y la luna, celosa, vigilaba siempre de lejos. Sabia que no la volvería a ver jamás, pero no importaba, esa noche solo quería estar con ella. El resto es secreto, como todas las noches después de las 11:00. Siempre la recordare. Un beso, un adiós y hasta que nos volvamos a encontrar. Si me quieres recordar, solo mira al cielo, porque será el mismo donde sea que tu y yo estemos. Y si no lo reconoces, como yo ahora, muy dentro de ti sabrás que es el mismo de aquella noche, aquel que nos vigilo y nos guardo bajo las estrellas.

Si, ya lo recuerdo… es el mismo cielo…

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A Seoul en el KTX

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Hoy había quedado con una amiga de hace muchos años para vernos en Seoul y pasar el día. Había pensado en usar el bus desde Daegu hasta Seoul pero sabía que iba a tomar unas 4 horas mas o menos, por lo que decidí utilizar la línea de alta velocidad, KTX. El boleto de ida me costo 37,500 Won y pues obviamente el de regreso me costo lo mismo.

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Llegué a Seoul a eso de las 10 de la mañana y decidimos ir a comer algo antes de empezar nuestro recorrido. Esta vez tenia planeado conocer el famoso “Han River”, unos parques por allí cerca y ademas visitar el museo del rey Sejong, ya que la vez pasada ni siquiera tuve tiempo de ver las estatuas o de entrar al museo.

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Se puede entrar de distintas formas al museo. Yo entre por la parte de atrás de la estatua del Rey Sejong, no tiene ningún costo y es mucho mas grande de lo que se piensa. Si te gusta leer como a mi puede que te tardes aproximadamente 1 hora en recorrerlo y verlo todo o un poco menos si eres de esos que solo le toman fotos a las cosas y se van.

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Ademas de ver el museo, tuve la oportunidad de ver el cambio de guardia en el palacio Gyeongbokgung a eso de las 3 de la tarde y de firmar una lista para que se de la investigación de la muerte de unos jóvenes coreanos que se encontraban abordo de un barco. Siento que no sepa mas de esto pero no entendí nada de lo que decía el panfleto, solo entendí por fotos.

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Pasada la tarde regrese a la estación de Seoul, donde tenía que tomar el tren KTX de regreso a eso de las 5:45pm. ¡Casi no llego a tiempo! Me perdí en unas estaciones y después de pedir instrucciones varias veces “¡venga que al menos ya reconozco algo de coreano!, ¿Algo tiene que valer, no?”, llegue apenas con 5 minutos de antelación. Esta semana toca preparar el programa de la semana entrante por lo que creo que voy a estar un poco ocupado. En fin, a seguir conociendo.

Recuerda que puedes ver todas las demás fotografías AQUI

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Viviendo entre trenes y canciones

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3 días por semana salgo de la casa, camino 10 minutos a la estación de metro y siempre me encuentro a las mismas señoras ofreciendo café en la calle. “Keopi! Keopi!” me dicen mientras les respondo que no con una sonrisa. Solo yo, mi música y 35 minutos de reflexión. A veces me observan pero pienso que es normal. En Corea no hay muchos extranjeros, y mucho menos en la parte de la ciudad donde yo vivo. En lo poco que llevo, 6 veces me han preguntado de donde soy, tratan de entablar una conversación y ya se pueden imaginar, yo con mi inexistente habilidad de hablar coreano y ellos con su limitado ingles, pero alegra que traten. Llego a la estación destino, camino a la parada de bus y 15 minutos después me encuentro a solo a 20 minutos a pie de la escuela.

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El regreso es lo mismo pero a veces quedamos con algunos amigos a comer y a tomar en el centro de la ciudad. No se si es normal aquí en Corea o solo he tenido suerte pero en lo poco que llevo, 3 amigos me han presentado a su familia y me han invitado a sus casas, como si fuese uno de ellos, sabiendo que soy infinitamente diferente en todos los sentidos. Me sigue pareciendo una cultura interesante, diferente e intrigante. Claro, es normal que existan ciertas cosas que no me gustan pero no soy nadie para venir a quejarme a un país al cual no pertenezco. Simplemente trato de aprender y de ver las cosas que considero “malas” desde otro punto de vista.

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Llego a casa y salen todos a recibirme, siempre. Luego comemos y trato de aplicar las palabras o frases en coreano que aprendí en el día. Siempre me corrigen y me enseñan aun mas. Creo que les preocupa que no me guste la comida pero no se imaginan que si a alguien le gusta probar y comer cosas nuevas, es a mi. Cae la noche y aquí me encuentro, viviendo y aprendiendo de una cultura milenaria.

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Apsan y navidad sabor a té verde

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En corea, la navidad no es una tradición que se celebra en familia. Mas bien, es una fecha que se celebra en pareja. A donde sea que vayas, calles, restaurantes, sitios turísticos, lo que mas se ve son parejas. No solo es mi percepción si no que todos los amigos que conozco me han dicho lo mismo, la navidad es para parejas y los que no la tienen normalmente se la pasan quejando por eso, ¡y no solo los hombres! También las mujeres se quejan por no tener pareja en navidad. ¡Venga que yo estoy disponible! haha

El 24 de diciembre la muchacha encargada de mi proyecto decidió organizar una subida a la montaña Apsan y pasar un rato en el Parque Apsan de Daegu (대구앞산공원) y en la cima ver el atardecer y la ciudad bañada en luces de neón. La montaña es relativamente pequeña si la comparo con la subida al Volcán de Agua en Guatemala. Esta montaña solo mide 600 metros y se puede subir en teleférico. Quedamos de juntarnos con todos los estudiantes de intercambio en el centro y luego tomar un bus hacia Apsan, tomar el teleférico y bajar a pie al anochecer. Subir en teleférico cuesta 7000.00 Won “solo ida”, y se toma aproximadamente 10 minutos en llegar a la estación.

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Al llegar a la estación caminamos unos 200 metros hacia el mirador, que es una plataforma de madera en el filo de la montaña en donde puedes observar la ciudad. El clima no estaba muy bueno y casi no se podía ver debido a la neblina pero de igual forma decidimos ir a la cafetería que se encuentra arriba a esperar el anochecer.

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Además del café, probamos un como pincho de algún marisco que no recuerdo “lo siento, a veces se me olvidan los nombres”. Recuerdo que era de marisco por el sabor de la sopa. Después de que el sol se despidiera con sus últimos rayos sobre el horizonte, salimos de nuevo a la plataforma a ver la ciudad. Sin duda una vista excepcional. Para nuestra suerte ya se había despejado el cielo y el frío estaba soportable.

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Luego de bajar decidimos pasar a tomar algo caliente y a comer algo. Pasamos por una calle famosa por sus tiendas de café conceptuales y luego de ver algunas decidimos entrar a una con cierto toque elegante y pasteles algo extravagantes.

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Y así después de un trozo de pastel con sabor a té verde, a eso de las 10 de la noche decidimos partir hacia nuestras casas. Sigo sorprendido lo fácil que es transportarte aquí en Corea. Eso de tomar un tren algo tarde, 30 minutos después llegar a la estación y tener que caminar 15 minutos para llegar a casa sin tener que estar preocupado todo el tiempo por ladrones, asesinos y secuestradores es algo que no tiene precio en esta vida. No digo que en Corea no exista el crimen porque se que todo país lo tiene pero créame, después de vivir en Guatemala con la paranoia de que a cualquier hora del día te pueden quitar la vida por algo material, esto de caminar tranquilo es el cielo. Si tuviese la oportunidad, me vendría sin pensarlo a este país o a cualquier otro en donde se que si respetan el derecho a la vida.

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Así fue mi navidad del 2014. Una excelente experiencia con excelentes personas y un recuerdo que jamás se borrara.

¡Feliz navidad! Sobretodo a mi familia y a mis amigos que probablemente leerán esto y se seguirán preguntando el porque me encuentro tan lejos. Un abrazo y que estén muy bien.

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Una vuelta por Myeong-dong (명동) e Insa-dong (인사동)

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Luego de haber tenido un pequeño problema en el metro en donde mi tarjeta no funcionaba “me daba un error en las máquinas y con mi súper entendimiento de coreano, no tenia ni idea de que estaba pasando”, logre llegar a Myeong-dong, uno de los distritos comerciales principales en Seoul. Es como el paseo la 6ta pero mucho mas grande, seguro y con una cantidad de cafeterías tremenda. Si algo me he dado cuenta es que los Coreanos toman mucho café. Puedes encontrar cafeterías en cualquier lugar y no solo de un par de cadenas, como pasa en Guatemala, si no que la mayoría son distintas.

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Lo que mas se ve en esta calle llena de tiendas son: Ventas de ropa, zapatos, accesorios, maquillaje…etc. También se encuentran marcas de renombre y restaurantes de comida japonesa, coreana, y comida occidental. Claro, apuesto a que hay mas cosas pero al ser mi primera visita, posiblemente no me haya percatado de mas.

Luego del paseo por Myeong-dong, di una vuelta por Insa-dong que por cierto, para llegar allí me baje en la estación Anguk, salida 5. Insa-dong es un lugar donde se pueden encontrar cosas mas tradicionales y muchísimas galerías. Tiene muchos callejones que valen la pena explorar y ventas de comida, restaurantes tradicionales y cafeterías.

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Con el frío de la temporada aproveche a tomar un té de esos que tienen en los puestos callejeros y un pincho de pulpo y demás mariscos. Para mi sorpresa, el señor que atendía el puesto me pregunto el porque estaba en Corea. Luego de explicarle la historia que ya he contado en este blog “en ingles” y contarle que soy de Guatemala, ¡empezó a hablar español! Me contó que vivió en México mas de 7 años y que apenas había regresado a Corea.

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Así después de una pequeña platica, me dijo que en 1 año el calculaba que podía aprender Coreano. Si supiera que hasta el momento pienso que es un idioma súper difícil de comprender. De igual forma, a cierto punto, te motivan a seguir intentando. Prometo que el año entrante me meteré a clases porque esto de aprender como Tom Cruise aprendió Japonés en el ultimo samurai si esta complicado.

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 ¡Mas fotos aqui!

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Visitando el palacio Gyeongbokgung

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El palacio de Gyeongbokgung es uno de los sitios que no puedes perderte al visitar Corea del Sur. Es el palacio mas grande de los 5 que hay y aunque fue destruido durante la invasion japonesa, fue reconstruido unos siglos después.

Llegar a Gyeongbokgung es sumamente sencillo ya que hay una parada del metro con el mismo nombre. Una vez allí, de seguro que lo encontraras. No se como sera en verano u en las otras estaciones pero en invierno no hay mucha gente y no tienes que hacer colas para nada. Entrar cuesta 3,000 wones que son aproximadamente 20 quetzales y puedes ingresar a todo el palacio, incluyendo el Museo Folclórico Nacional de Corea.

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Algo que me intereso mucho fue los inicios de la cultura Coreana. Creo que en occidente la mayoría llegamos a saber que la cultura china es milenaria y que los Japoneses tienen relación con los samurai. Si te gusta leer y aprender, no puedes perderte la entrada a este museo, aquí te explican de forma resumida e interesante los inicios, progresos, caídas y mucho mas de la cultura Coreana.

El palacio es muy grande, tiene aproximadamente 40 hectáreas y esta lleno de jardines, estanques, y otras construcciones tradicionales.

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En la entrada se encuentran los guardias reales de la dinastía Joseon, los cuales realizan un cambio de guardia 3 veces al día. A las 10:00am, a la 1:00pm y a las 3:00pm. Entre esos horarios, es posible entrar y probarse los trajes que utilizaban los antiguos guardias de la realeza sin ningún costo.

En definitiva un lugar excelente para visitar. Toma tiempo, a mi me llevo aproximadamente unas 6 horas “ojo que a mi me gusta leer todo lo que veo en los museos”. Dentro del museo hay una tienda donde puedes comprar cafe o alguna otra bebida y por supuesto, una tienda de recuerdos.

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