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Julka

Era tarde. El sol se ocultaba y Julka ya se encontraba caminando de regreso a su hogar. Ultimamente soñaba despierto. Se perdía en sus pensamientos mientras sus pies hacían el arduo trabajo de caminar. Claro, ya no estaba en sus veintes. El camino seguía siendo el mismo pero los sesenta y tres años que cargaba sobre sus hombros se hacían notar mucho, sobretodo en las noches de invierno.

Julka vive al final de La Villa del Sol, al borde del risco con el mar. La casa la heredó de su padre hace mas de un cuarto de siglo, después de la guerra por los 5 valles. Luego se casó y dedicó su vida a cultivar papa y a vender lana. Sin duda vivir en ese rincón de la tierra era de las cosas mas pacificas en estos tiempos. Sobretodo porque la nube negra se había quedado en el oeste y lleva años sin moverse. Cuentan que bajo esa nube, cosas terribles y crueles suceden.  Según el ultimo juglar que paso por la villa, la nube infecta le mente de las personas, quienes enloquecen y terminan acabando con su propia vida. 

En fin, solo los dioses sabrán.

Ya en su taller, Julka empieza a preparar abrigos de lana para el invierno. Sumido en sus pensamientos, viajó muchos años atrás, cuando su esposa aun seguía viva.  Recordaba muy bien cómo caminó por los confines del este, pues se había enamorado de una gitana, quien iba de pueblo en pueblo actuando con su familia. En esos tiempos Julka logró encontrar su rastro y la buscó. La buscó sin descanso por verla. 

Hoy su corazón esta roto y su alma destruida. El sentido de vivir se esfumó el día que su esposa murió. Los Villa Soleros pensaban que fue víctima de brujería pero Julka sabía la verdad. Había sido envenenada por su propia familia. 

Saliendo de su sueño, caminó hacia la ventana y observó el inmenso mar. 

-Daría todo por verla una vez más, tan solo por un minuto. O un segundo. Pensó en ese instante. Era un hombre esperando la muerte. Con el alma rota y el corazón destruido en miles de pedazos. Un hombre que murió en vida el día que su compañera dejo de respirar. 

Luego de estar hipnotizado por el mar, Julka regresó a la mesa llena de lana. 

— Un día a la vez, hasta el fin de mi existencia — Se dijo a sí mismo. Y con lagrimas en el interior, sus manos siguieron haciendo el mismo trabajo de toda la vida.  

Una Carta

Pensó que había muerto, que su viaje había acabado y destruido lo poco que quedaba de él. Pero no fue así. Llegó a un lugar donde el tiempo es de color, el sol una ilusión y la música el tapiz que adornaba su corazón. Sintió el sabor de la brisa y no dudo en subirse a la balsa dorada con destino a las nubes en forma de algodón. Durante el viaje por el río de luz, solo pensó:

¿A quién pertenecen los besos: a quien los roba y los desea tanto, o a quien los recibe y es cómplice del momento?

¿A quién pertenece un abrazo: a quien anhela que guarden su alma con los brazos, o a quien su cuerpo lo añora?

¿A quién pertenece una mirada: a quien canta poesía y se ve reflejado en sus ojos, o quien recibe esa caricia intangible?

¿A quién pertenece un “te quiero”: a quien lo busca y lo construye para dedicarlo o a quien lo espera en ausencias y confusión?

Después de navegar y naufragar en su sueño, despertó. Supo que ya iba siendo hora de marchar. Tomó un trozo de papel y escribió:

Te regalo un te quiero y un adiós. ¡Cuidate! Nos volveremos a ver. No llores por mi, estaré cerca de ti. ¡No tengas miedo! Si nuestros caminos se vuelven a cruzar, el dolor ya no existirá. Hasta pronto…

– M.S

Carta de Viajero a Sofía, la tabernera del granero que conoció en la noche sin estrellas. 

La Fogata

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Frío, hacia mucho frío. La helada noche le daba la bienvenida a las estrellas mientras viajero encendía una fogata. El viento era distinto, era salvaje, era hostil pero aun así viajero se las arreglo para prender el fuego y cocinar el conejo que había cazado unas horas atrás.

Al terminar de comer se recostó sobre su vieja capa negra y contemplo las estrellas. La magnificencia del cielo nocturno le hacia pensar constantemente en su pasado, aquella oscura y vil niñez en la aldea de los asesinos de sangre. Pocas veces lograba dormir mas de 4 horas, pues aquellos recuerdos aun lo cazaban en sus sueños. Con su mente rebosada de pensamientos, preparó un té de hierbas y mientras contemplaba el fuego, de su boca salieron palabras hechas canción.

Cuando la noche te acompañe,

Cuando la soledad te aconseje,

Mira hacia arriba,

Y veras que el amanecer, cerca viene.

 

No la trates de olvidar,

No la alejes de ti,

Y cuando la recuerdes,

Veras que el amanecer, cerca viene.

 

Sigue tu camino,

Aunque todo te condene,

Canta esta canción,

Y veras que el amanecer, cerca viene.

Y así viajero fue transportado al mundo donde todo es posible, donde lo que no existe es real y lo real no existe. Al mundo donde todos podemos volar y escondemos nuestros mas grandes secretos. Aquel mundo en donde podemos ser Dios y hombre al mismo tiempo. Aquel mundo en donde el sabor del mar se esconde en una gota y el olor de una flor vuela por los aires. Aquel mundo en donde viajero puede estar en paz.

Marsala, pizza y un callejón en Roma

Roma

Era una noche lluviosa, muy lluviosa. Las gotas caían, la gente corría y los faroles alumbraban aquellos oscuros y viejos callejones romanos. No me había percatado que siempre que llego a un nuevo destino, llego de noche, cuando el sol esta durmiendo. Me gusta pensar que es para no hacer ruido y así despedirme de la misma forma de aquellas personas que se vuelven tan importantes en tan poco tiempo. Dicen que la vida esta hecha de victorias, derrotas y amor, despedidas y alguna que otra canción. Espere bajo el techo de la estación Roma Termini con la esperanza de encontrar mi posada con facilidad y así descansar del largo trayecto que había realizado unos días antes. De los lugares a los que he ido, no ha existido ocasión en la que no me haya puesto nervioso al pisar el suelo que estoy a punto de explorar. Viajar solo significa que no tienes a nadie cuando llegas. Nadie a quien acudir, nadie con quien compartir tu preocupación de estar perdido, nadie que te acompañe entre andenes y callejones, nadie con quien buscar el mercado local o el lugar mas barato para comer; y ese peso queridos amigos, vale por dos. No podía darme el lujo de comprar una sombrilla ni una capa para la lluvia, así que decidí sentarme un rato a buscar la dirección a la antigua, con un mapa y un lapicero. “Si pude usar google maps pero al no tener SIM, tenia que pegarme a un punto Wifi y bajar mapas. Digamos que no tuve mucha suerte con encontrar wifi abierto”.

Via Marsala, Via Marsala. Esta vez tenia que ser fácil, la calle se encontraba justo frente a mi nariz. Oh Via Marsala, si tan solo no me hubiese confiado aquella noche…A eso de las 8:20p.m la lluvia había disminuido un poco, lo suficiente como para caminar sin empapar mi ropa y mi mochila. Salí de la estación con las direcciones en la mente: “4 cuadras a la izquierda de la estación, 1 giro a la derecha, 2 cuadras, 1 vuelta a la izquierda y allí tendría que estar el callejón con el 9-B del hostal”. Las primeras 4 cuadras fueron fáciles, nada del otro mundo. Giré a la derecha y todo seguía bien, tal y como lo había planeado. Caminé las dos cuadras en línea recta y cuando estaba a punto de girar a la izquierda me di cuenta que no había nada mas. Solo una antigua y desolada iglesia, a oscuras en aquel callejón. ¡¿Como podía ser posible?! ¡Repase las calles, los nombres, las distancias y sabía que este tenia que ser el camino! Regrese a la intersección, dos cuadras atrás, y la lluvia se dejo venir con aquella intensidad que no te imaginas, como si se burlase de mi, evitando a que llegase a mi destino. Corrí hacia la tienda mas cercana y me resguarde en la parte de afuera. No pasaron ni diez segundos cuando el dueño de la tienda salio a regañadientes a decirme que me largase de allí, o al menos eso entendí yo por el gesto de sus manos, pues de italiano no se nada. Me dirigí rápido hacia la próxima tienda que encontré, una de alfombras y telas y que al parecer el dueño era hindú. Al verme en la parte de afuera, el hindú salio rápidamente a decirme que le comprara una sombrilla. Al negarme, me grito que si no iba a comprar algo, que me fuera de allí inmediatamente.

Me considero muy positivo con la raza humana. Pienso que somos muy capaces y que cada vez mejoramos como especie. Pienso que nos espera un futuro inimaginable, y no de la forma negativa. No es utopía, aunque se inclina por esas vías. Lastimosamente estas situaciones, y las que estoy por contar, me hicieron odiar a aquellas personas en ese momento. Aun no entiendo como es posible que exista ese tipo de gente…

Intente regresar a la estación pero me di cuenta que ya me encontraba perdido, no reconocía el lugar y la lluvia no cesaba. Logre ver un edificio que se encontraba en mantenimiento y me escondí de la lluvia debajo de unas estructuras de madera que se encontraban al lado de la acera. No me cubrían del todo pero era mejor que estar deambulando bajo el aguacero. 3 minutos, no para. 8 minutos, pruebo mi celular aun sabiendo que no tiene SIM, necesitaba creer en algo. 15 minutos, me siento en el barandal. 43 minutos…, aun no para. Un policía paso a la par mía y le pedí ayuda, preguntándole en ingles y en español si me podía ayudar con la dirección. Con mala cara se acerco, le entregué el papel arrugado y mojado y con 2 segundos de “medio” ver el papel, me dijo:

– I’m sorry, i don’t know…

Y con la misma cara de amargura me entrego el papel y siguió su camino. No lo podía creer, esto iba de mal en peor y mis ánimos ya estaban por los suelos. La noche empezaba a darle la bienvenida a las 10 y yo seguía escondido debajo de un trozo de madera en una esquina que no conocía. Ya exhausto, sediento y hambriento, la lluvia dejo de ser mi enemiga. Decidí regresar a la callé principal y seguir buscando, aunque llegase empapado, no me podía dar por vencido. Luego de caminar veinte minutos encontré la estación. No me preocupe por entrar, decidí seguir con lo que ya había empezado. Seguí la calle y tomé el mismo recorrido, solo que esta vez me tomaba unos 3 minutos en cada semáforo para identificar algún punto por si me perdía, iba saber como regresar. Luego de cruzar por aquí y por allá, ¡llegue al bloque de números que necesitaba encontrar! Caminé colina arriba y encontré el famoso y pequeño hostal al que llamaría hogar por unas semanas. Entré empapado, me registre y mientras esperaba, un italiano me dice:

– Oye, ¿de donde eres?

– Buenas noches, soy de Guatemala…

– Ahh… ¿Mexico?

– No, Guatemala, abajo de Mexico.

– Ah, la misma mierda. 

No se que cara puse al escuchar ese comentario pero todo mi odio y cansancio estuvieron a punto de romperle algunos dientes y de restregar su calva y deforme cabeza en el pavimento. Me encontraba a punto de responder la estupidez que había salido de su boca hace unos segundos cuando se disculpo y se fue rápidamente sin decir nada. Me encanta mi país y aunque esta repleto de problemas, siempre he levantado y levantare su nombre en donde sea que me encuentre. No como algunos vende patrias que yo mismo me he topado en el extranjero, negando sus orígenes, fingiendo que son de países vecinos con tal de no aceptar que son de Guatemala. Si existiese algún infierno, ese tipo de personas tendrían guardado un lugar muy especial. El recepcionista me entrego las llaves de mi habitación, la cual iba a compartir con 7 personas mas, y se disculpó por la actitud del dueño, ese calvo de cabeza deforme que acababa de insultar a mi patria hace unos minutos atrás. Tomé mis llaves, me dirigí a la habitación y mientras guardaba mis cosas,del baño salió una mujer, que sin saber, se convertiría en una persona muy especial para mi. Pero esa historia es para otros tiempos. Esa noche la vida me enseño a que las cosas siempre pueden salir mal, por mas que uno quiera controlar la situación, a veces simplemente no se puede. Tenemos que aprender a adaptarnos y a ver las cosas de otra manera, con otra mascara, pues al final somos nosotros los héroes de las mil caras.

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Una salida, una carta y un adiós

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Fue un viernes de invierno, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. El viento helado nos daba los buenos días acompañado de un cielo despejado y un sol que ya se había cansado de calentar, pero que estaba allí por compromiso. Allí iba yo, caminando hacia la estación 신기역 “Singiyeok” como lo hacía cada mañana, solo que esta vez sabía que era diferente. Era mi ultimo viernes con el equipo completo de la universidad y la escuela. Aunque no era mi ultima clase, pues aun faltaban 2 semanas adicionales, algunos amigos de mi equipo tenían pensado viajar indefinidamente y no les iba a ser posible acompañarme en el ultimo tramo del intercambio.

안녕하세요! Annyeonghaseyo!

– ¡Buenos días! 

– Oh, ¿hablas coreano? ¿De donde eres?

– No, no, para nada. Solo se un par de cosas básicas. Soy de Guatemala, por cierto. 

¿Guatemala? Ohh! Mayas y café! Dicen que el clima es bueno por allá! 

Jaja sí, el café es igual de bueno que el clima. 

– ¿Y que te trae por acá? ¿Quieres una brocheta? ¿Has probado los 꼬치 어묵 “Kkochi Eomuk”? Mira que las estoy empezando a preparar.

Wow, ¡son muchas preguntas! jaja Bueno, dame 3 que casi no he desayunado. Estoy aquí por un intercambio. Vivo a unas cuadras de aquí. 

¿Intercambio? ¿Vas a la universidad entonces? Casi no veo extranjeros por esta parte de Daegu. Sabes, ¡hace muchos años viaje con mi esposa a muchos países! Pensé en quedarme en Japón pero decidí regresar… Ohh como extraño esos tiempos. 

Si, voy a KNU y doy clases de cultura latinoamericana en una escuela por las tardes. ¿Y que países visitaste en esos años? 

“Y-O SE UUN PO-CO D-E ESPAÑOOL”, ¿Que tal? ¿Lo dije bien? jaja visite México hace 15 años. Luego viaje por Europa y el continente asiático y en el 2008 decidí abrir mi negocio, aquí en corea. ¿Te gusta el picante? Toma, ¡aquí hay salsa! 

– Jaja ¡Lo hablas perfecto! 감사합니다 por las brochetas, estaban muy ricas. Aquí esta lo de las 3 brochetas. 

¿Ya te vas? Bueno, antes te recomendaría que te llevaras este té especial. Lo he preparado yo y es tradicional de corea. ¡Se que te va a encantar!  

Mmm… Bueno, por que no. Dame uno. 

– ¡Cuidado que esta caliente! Que tengas un buen día y espero que pases de nuevo por aquí a comer mas brochetas.

 감사합니다! ¡Hasta pronto y gracias de nuevo! 

Después de haber llenado el estomago con 3 brochetas de pescado remojadas en sopa, seguí mi camino a la estación. De vez en cuando suele suceder que algunas personas tratan de entablar una conversación conmigo, ya sea en el tren o en alguna tienda. Cuando son jóvenes pienso que es para practicar su ingles, y cuando son mayores creo que es solo por mera curiosidad. En fin, nos reunimos de nuevo en el mismo lugar, a la misma hora para tomar el mismo tren y así llegar a la escuela. La nostalgia era palpable en el ambiente. Las miradas fijas al suelo y las sonrisas forzadas me recordaban que el final estaba cerca. Fue la clase mas larga que jamas he dado. Lo único que quería era salir y poder compartir una vez mas con aquellas personas que facilitaron mi vida en aquel mundo extraño, aquellos que se volvieron mi familia, y sobretodo, quería volver a ver aquella sonrisa de la mujer con labios sabor a miel.

A eso de las 6, el sol terminaba de bañar con sus rayos la famosa torre de Daegu, inconfundible desde la lejanía de mi ventana del 5to piso de aquel salón que fue mi hogar por un tiempo. La peculiar canción “¡Si! Canción y no timbre”, retumbo por los salones a las 6:00p.m indicando la hora de salida. La cena indicada para la noche era 족발 (Jokbal), que consiste en pata de cerdo cocinada en salsa de soja, acompañada de otros platillos coreanos tradicionales. Caminamos hacia el restaurante, dejando la melancolía atrás, pues esta noche no estaba invitada a cenar. Era la primera vez que probaba 족발 ¡y lo disfrute mucho! Acompañamos la noche con un poco de Soju, opiniones e ideas de como mejorar el programa. Ya pasadas las 9, sabiendo que iba a ser la ultima noche juntos, decidimos ir a un bar a seguir platicando. Encontramos uno en internet y nos dirigimos con determinación a cerrar con broche de oro la noche del viernes.

Después de acabar con el plato de cortesía y de la primera botella de Ron Zacapa Centenario, no me pregunten como pero lo conseguí jaja, una mesera se acerco a nuestra mesa y… ¡Empezó a hablar en español!  Llevaba 1 mes sin escuchar ni utilizar mi querido y adorado idioma. Cuando la escuche fue tan sorprendente que me lleno de regocijo. Era estudiante de español y llevaba 2 años estudiándolo en la universidad. Después de intercambiar contactos para quedar otro día y así ayudarla a practicar, mi equipo decidió ir por la segunda botella. Podrán empezar a imaginar esa mezcolanza de cerveza, soju, ron y tequila. Todo esto siempre acompañado de un par de piezas de pollo para picar. El reloj ya anunciaba la media noche y las historias seguían, de aquellas secretas que solo se cuentan a ciertas personas y se guardan para uno mismo. El ultimo tren de la noche ya había pasado así que no teníamos prisa de irnos, por lo que mi equipo decidió comprar una de Jack Daniels para finalizar. A este punto el mundo ya se movía como si estuviese sobre un trompo que se encuentra a punto de caer. Cuando la razón decidió se esfumo en ciertos amigos, supe que era suficiente. Tomamos nuestras cosas y salimos a buscar los taxis de regreso. La amiga con la que tome el taxi se bajo al cabo de 10 minutos, mientras que yo tuve que esperar un poco mas para llegar a mi casa.

Me baje con el mundo girando a toda velocidad y me dirigí al 7 Eleven mas cercano en búsqueda de cafe, pensando que me iba a ayudar con los síntomas del buen festejar. Con cafe en mano, supe que no podía llegar a mi casa en ese estado. Busque la banca mas cercana envuelto entre los -5ºC que hacia esa noche, me senté a beber mi cafe mientras me perdía en mis pensamientos, pues con el solo hecho de abrir los ojos mi mundo se derrumbaba en tambaleos y terremotos. Allí estaba, acostado en una banca con frío en un pueblo que se encontraba a miles de kilometros de mi país y lo único que tenia en mente era a ella, la mujer con labios sabor a miel. Sabía que ese día ella se iba y que jamas la volvería a ver. Desanimado y con un par de lagrimas en los ojos, me puse de pie y tome el camino final para ir a casa.

– 안녕하세요?

– Buenas noches…..

– Wow! donde estabas? Son las 3 de la mañana… Imagine que te fuiste de fiesta.

-Pues algo así…

– Haha ¡¿estas borracho?!

– Nah, ¡para nada!

– Ja, a mi no me engañas. Vamos por un cafe mejor! 

– De tomar uno vengo y no creo que me haya hecho algún bien. 

– Venga, igual salgamos un rato así se te pasa. 

– OK! 

Esa noche mi hermano Coreano había salido de fiesta así que cuando regrese, el estaba entrando también. Al ver mi aspecto creo que pudo suponer parte de lo que había pasado, pues después de tantas semanas de vivir allí, lo consideraba mi hermano, de aquellos de verdad que casi nunca, o nunca, se pueden encontrar. Salimos por otro cafe y le conté todo. En la misma banca donde me quebré esa noche, me dijo que le enviara un mensaje a ella, que tenia que hacer hasta lo imposible con tal de verla una vez mas. Desesperanzado, le envié medio testamento por mensaje “que por cierto, no me gusta escribir mucho por Whastapp o Line”, y nos sentamos a beber cafe y a esperar. A eso de las 4:30am decidimos volver y en el camino, mi celular brillo con la notificación que esperaba ver. Fue como si toda la energía regresase a mi en un instante y la tristeza se borrara en un abrir y cerrar de ojos. Su avión salía pasado el medio día así que tenia unas horas para descansar e ir a verla a la estación de tren, por ultima vez. Regresamos a la casa y lo primero que hice fue tomar una hoja de papel y mis manos y mi corazón hicieron el resto. Escribía y escribía y el tiempo se detenía pues tenia que ser perfecta porque era la única y la ultima carta, la que esperaba que pudiera recordar siempre.

3 horas después ya me encontraba de pie, tomando un baño con el mundo aun girando pero a menor velocidad. Tome el tren y con el corazón palpitando a mil por hora, pase los próximos 50 minutos pensando y reflexionando en lo que iba a decir. Pues esto es lo malo de viajar. Conoces gente con la que te encariñas y te identificas pero sabes que de la noche a la mañana te tienes que ir y probablemente jamas los volverás a ver. Ese sentimiento de alegría, nostalgia y tristeza es de las cosas que me hacen sentir humano. Llegue a la estación y la vi. Sus tibias manos y su sonrisa me transportaron de nuevo hacia aquel lugar en el que quería estar. Toda tristeza que se había apoderado de cada rincón de mi ser había desaparecido. Solo éramos ella, yo en el anden, escondiendo lagrimas tras sonrisas pues ambos sabíamos que iba a ser la ultima vez que nos íbamos a ver. Después de los 30 minutos dilatados por la poesía del momento, sonó la voz que no queríamos que sonase. La notificación que el tren estaba proximo a llegar. Con los ojos empañados nos despedimos, le di su carta y prometimos volvernos a ver, sabiendo los dos que jamas iba suceder pero lo queríamos creer, al menos en ese momento.

Y así fue como regrese de nuevo a casa para incorporarme a las ultimas semanas de trabajo. Esta vez fue distinto, pues en lugar de sentirme triste y destruido, iba feliz… Pues logre ver esos ojos y sonrisa sincera una vez mas, un recuerdo que guardare siempre, por toda la eternidad.

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De peligros a sueños por conseguir

Noche de tormenta

Después de una semana llena de trabajo, exámenes finales en la universidad y trivialidades de la vida cotidiana, llegó el tan esperado domingo. Llevaba buscándolo desde hace unos días para poder refugiarme un rato del movimiento semanal, aquel que no nos deja en paz y nos recuerda que somos parte de un sistema que nunca duerme.

Así pues desde mi entrevista con la gente de AIESEC y estando por culminar el 8vo semestre de ingeniería (ojo que me faltan varios cursos para cerrar), he estado reflexionando sobre lo que voy a hacer el año entrante, oportunidades que debo de aprovechar, tanto laborales como personales, y sobretodo esperando a que esta transición en la que me encuentro ahora me ayude a cumplir todo lo que se me ocurre hacer. Esto de cambiar de trabajo y negociar lo estoy perfeccionando como si de tocar guitarra se tratase, jaja.

En fin, para no cansarte mi estimado lector, aunque no debería de preocuparme ya que por egoísta que suene, escribo para mi, para escapar un rato de la realidad, tratare de hacer el relato lo mas breve posible, especialmente para ti.

Ya llevo unos días planeando como mejorar mis rutinas en general. Como por ejemplo: dormir mas tiempo, comer mejor, retomar el ejercicio y no desperdiciar mi tiempo en actividades que de verdad no son productivas. Hoy domingo por ejemplo, aproveche la mañana para terminar el libro “Afinando un sueño“, escrito por el bloguero Oskar Díaz. Actualmente me encuentro leyendo 3 libros distintos pero este “que le llevo siguiendo la pista desde que fue lanzado”, me lo baje ayer en versión PDF, aquella versión que el mismo Oskar ofrece en su web, y simplemente no pude parar.

Nota: Llevo leyendo el blog de Oskar desde hace ya unos años “5 para ser exactos” y su forma de escribir siempre me ha gustado. Aunque me considero un lector de blogs silencioso, de aquellos que esperan un par de semanas, a veces meses, para leer las entradas de corrido, sonriendo, llorando, imaginando y aprendiendo con cada palabra que deja alguno de esos escritores que se encuentran a un mar de por medio. No acostumbro a dejar comentarios pero allí me encuentro en silencio, esperando siempre a leer mas.

Después de disfrutar cada uno de los capítulos supe de inmediato que el dia había estado bien. Nada como pasar un buen domingo leyendo un buen libro con el delicioso clima que nos ofrece noviembre.

A eso de las 7:00pm, ya con las estrellas de pie en lo mas alto del cielo despejado, decidí salir a correr. Normalmente salgo en bicicleta o a correr al medio día en los días que no me toca ir a la oficina, pero con tal de respirar un poco de aire fresco decidí tomar el riesgo, y digo riesgo porque salir a correr aquí en Guatemala a esas horas en un lugar que NO es residencial es como salir a buscar a que te asalten y te quiten hasta los calcetines. Salí de mi casa con mi celular para robos, (aquel que cargo por si me asaltan, aunque yo le llamo “La Carnada”), Q5.00 para comprar una botella de agua cuando viniese de regreso y con ganas de pensar, porque cuando camino o salgo, pienso mucho sobre muchas cosas y eso me gusta mucho.

El primer kilometro estuvo bien, un poco difícil porque no hay alumbrado en la mayor parte de la carretera principal y yo iba en la parte de abajo donde no hay asfalto, por lo que casi me tropiezo por culpa de muchas piedras que no pude ver. Luego de llegar a la gasolinera y cruzar una cuadra abajo para regresar al residencial donde me encuentro, supe que las cosas no estaban bien. Me encontraba a mas o menos 2 kilómetros y las 6 cuadras de esa calle son de tierra, por lo que seguí corriendo con cautela, ya que no podía ver mucho que digamos. No había llegado ni a la 4ta cuadra cuando escuche los primeros balazos mas adelante. Me detuve, con temor, y me puse atrás de un árbol que se encontraba al limite del lado derecho. Espere y sin haber pasado 2 minutos, escuche la otra ronda unas cuadras mas adelante. Creo que nosotros los que vivimos en ciertas zonas que han sido olvidadas hasta por Dios, sabemos reconocer muy bien la diferencia entre un balazo y un juego pirotécnico o un cohete, “mejor conocidos como cuetes por aquí”. Pensé en regresar pero me encontraba a unos cuantos metros de una calle que regresaba a la carretera principal, por lo que decidí arriesgarme y subir por allí. Antes de meterme en la calle, pude ver 6 personas en la esquina siguiente, sentadas, sospechosas. Aunque aquí con el miedo y paranoia que nos acecha todos los días, cualquiera es sospechoso. Es gracioso como mi mente dudo un momento y pensó en seguir el rumbo inicialmente planeado, pero al ver a esas personas decidí correr hacia la carretera, sin parar y con todas mis fuerzas.

Llegue al camino principal y emprendí de nuevo el rumbo hacia mi casa, pues ya había perdido el deseo de seguir. Llegando a la entrada de mi colonia, 2 hombres en una parada de bus que ni siquiera se usa, se encuentran allí parados, viendo como me acerco cada vez mas. Juro por mi vida que pensé que me iban a asaltar “ya se pueden imaginar las pintas”, y aunque no suelo juzgar por como la gente viste y se ve, estos amigos míos si parecían ladrones, y eso de seguir las corazonadas ya me ha salvado un par de veces. Desgraciadamente ya me encontraba demasiado cerca como para regresar por donde vine. Así que con los huevos bien puestos, aparentemente porque por dentro rezaba a los 1000 y un Dioses que pudieran existir a que lanzaran un rayo o lo que sea, pase justo a un lado de ellos. Por cortesía solté un:

– Que tal, buenas noches.

-Buenas noches joven, que le vaya bien.

Y así me observaron hasta que desaparecí en la cuadra que lleva a mi residencial. Finalmente me tope a otra persona de aspecto no muy decente que digamos, tirando a asaltante en moto con un par de cervezas encima y Don Omar en su celular en una cuadra sin faroles y sin asfaltar. A este si que no le dije nada, solo pase caminando como si no existiese y el solo me observo, como cuando un Leon observa a su presa. Al final llegue sano y salvo a mi destino, y supe que esta travesía de no mas de 1 hora la tenia que escribir.

Finalizando me gustaría comentar que me preocupa mucho la situación en la que vivimos. Se que todos escriben esta misma oración en Facebook, Twitter, y otros medios y redes sociales pero de verdad, no concibo la idea que no podamos salir ni a la esquina sin tener ese miedo a ser asesinados, asaltados, secuestrados y quien sabe que mas. Hemos llegado a un nivel mas que preocupante y ese nivel sigue en incremento. Se que los problemas de un país sub-desarrollado no se resuelven de la noche a la mañana pero tampoco pueden pasar siglos. ¿Lo peor? La gente joven, quienes serán los que tomen el timón del país en un par de décadas, no les importa ni un comino lo que esta sucediendo. Muchos con que tengan para chupar los viernes en las noches y salir a parrandear, son felices. Nadie se interesa en la política, economía, ¡ni en estudiar si quiera! Se que suena pesimista pero al menos yo no creo que logre vivir lo suficiente para ver un cambio positivo en mi país. Espero que al menos mis nietos logren ver algo, algún día.