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Isaac El Jinete

Hacía calor, mucho más de lo normal, y en el pueblo de Ventarrie aún no terminaba la temporada de recolección. Este pequeño pueblo, ubicado casi en el centro de la región boscosa de Vantaiveria, se conocía por la deliciosa miel que recolectaban previo al matador invierno. Esta recolección se daba durante tres meses y usualmente solo a los mayores de veinte años se les permitía aventurarse en el bosque. Lo hacían en grupos de cuatro, todos con un líder experimentado, y se consideraba un trabajo extremadamente peligroso. Al final de la recolección solían llenar carromatos con frascos de miel para llevarlos a la fortaleza de Migny, al sureste del pueblo, donde el señor de Vantaiveria se las intercambiaría por alimentos para sobrevivir el invierno y claro, unas cuantas monedas de oro, dependiendo de la cantidad de miel que llevaran.

Ya se acercaba el final de la temporada de recolección y lo que menos había era señas del invierno. Una tarde, el pequeño Isaac terminó su trabajo como ayudante en el almacén de miel. Agarró su bolsa, se cambió de camisa y salió con prisa hacia su casa, pues aún quedaban rayos de sol que lo acompañarían en su viaje de regreso. Pues Issac, con tan solo catorce años de edad, le daba miedo el camino dominado por la noche. — ¡Nos vemos mañana, pequeño!  — le gritó el viejo Bock, encargado del almacén. — y corre bien, que los lobos no descansan. — dijo bromeando.

Isaac llegó a casa, sudado, pero con una gran sonrisa en su rostro. — Ya vine mamá! — dijo mientras cerraba la puerta. No recibió ninguna respuesta. Subió a su habitación, se quedó en calzoncillos y salió al pozo a tomarse un baño para refrescarse. — ¡Isaac! La cena esta lista. Apresúrate y ven a comer antes que se enfríe. — le gritó su mama por la ventana. Isaac se secó y entró directo a la cocina. — Gracias por la comida mamá. Este estofado huele delicioso. — dijo al sentarse en la mesa. — Que lo disfrutes hijo, has trabajado duro otra vez, ¿verdad? — respondió la mama mientras se sentaba frente a Isaac. — Sí mamá, pero la temporada de recolección ya está terminando y podremos descansar durante todo el invierno. Además, alguien tiene que poner los alimentos en la mesa, ¿no? — añadió. La mamá, con mucha nostalgia, vio directo en los ojos de Isaac y vio a su difunto padre. —Ay dios, un niño de catorce años no debería de estar trabajando — se dijo a sí misma. Su corazón se llenó de lágrimas y recordó cómo los ancianos le prohibieron trabajar por ser mujer, incluso después de enviudar. Era una de las estúpidas reglas de Ventarrie. Las mujeres solo podían dedicarse a sembrar en las pequeñas parcelas de sus casas y a alimentar a las mulas de los establos. Solo los hombres podían ir a recolectar miel, pues creían que era un trabajo para los “seres con pelo en pecho”. Pero no siempre fue así… 

—¿Está todo bien mamá? —dijo Isaac, pues la vio perdida en sus pensamientos. — Si, solo que estas tardes de mucho calor me recuerdan a una historia que me contaba mi madre hace tiempo, cuando aún era una niña. ¿Te gustaría escucharla? — le dijo a Isaac mientras se llevaba un cucharón de estofado a la boca. — Tú sabes que amo las historias, madre. Cuéntala de principio a fin, toda mi atención será tuya, doy fe de ello. — respondió Isaac con una gran curiosidad en su rostro. — Está bien. Entonces, por la memoria de tu padre, presta mucha atención y escúchame bien.

Hace muchos años, incluso mucho antes que naciera el padre de mi padre, Ventarrie era un pueblo más grande. Los caminos eran buenos y no tenían que intercambiar toda la miel por unas míseras provisiones de invierno. Era una época donde tanto hombre y mujer trabajaban codo a codo en los bosques. Durante la Guerra de los Cinco Valles,los visitantes empezaron a escasear. Ya nadie quería adentrarse a los bosques y las ventas de miel empezaron a caer. Unos meses después de iniciada la guerra, la oscuridad tomó la parte norte del bosque, en Vrigloy. Cuando el señor de Vantaiveria lo supo, mando un pequeño grupo de dieciséis asesinos a recuperar el bosque. El problema era que los asesinos tomaron nuestro pueblo como base. Dormían en el ayuntamiento durante el día, planeaban, comían y durante la noche se movilizaban al norte del bosque para asesinar todo lo que se encontrara frente ellos. Siempre y cuando nosotros no nos metiéramos en sus asuntos, ellos no se metían en los nuestros. Un día de esos, los asesinos recibieron una orden del gran señor. Este decía que los almacenes de miel estaban malditos por la oscuridad del norte y ordenó quemar absolutamente todo. Decretó toque de queda y prohibió la recolección de miel hasta que el asunto estuviese resuelto en el bosque. Ese mismo día, los asesinos quemaron los catorce almacenes de miel. Dejaron al pueblo sin nada para vender o intercambiar. En ese instante todos pensaron que solo iba a ser cuestión de tiempo para que murieran en el invierno, pues este si se acercaba con fuerza de mil caballos. Absolutamente nadie sabía que hacer. Pasaban en sus casas todo el día, rezándole a los Dioses que los ayudaran. 

Unos días después, un carromato lleno de comida y provisiones llego al pueblo. Los Caballeros de la Espada, quienes acompañaban el carromato, llamaron a los pueblerinos para que se reunieran en el parque frente al ayuntamiento durante la tarde. Todos acudieron y escucharon con atención. El gran señor les ofrecía provisiones con una condición. Pasado el invierno, tenían que comprometerse a enviar a todos los hombres mayores de edad a Migny, donde se les instruiría en el arte de la espada. La guerra estaba en curso y no podían darse el lujo de seguir perdiendo hombres.

Claro, los pueblerinos no aceptaron la oferta del gran señor. De hecho, se rebelaron. La cabeza de la rebelión fue una gran jinete, quien, con valentía, juntó a los mejores hombres y mujeres del pueblo. Una noche tomaron el carromato a la fuerza y encerraron a Los Caballeros de la Espada mientras los asesinos se encontraban en el bosque. En su regreso, les tendieron una trampa y terminaron quemando a los dieciséis hasta los huesos. Esta misma rebelión partió al norte, retomaron el bosque y luego negociaron con el gran señor la liberación de sus soldados. Este accedió a sus peticiones, siempre y cuando le entregaran ofrendas de miel cada año. A cambio, él les daría provisiones para el invierno. Lo único que se sabe de la valiente mujer fue lo que encontraron en el diario de una de sus combatientes. Antes de partir al bosque, esto fue lo que escribió:

Surgió de la oscuridad cuando más lo necesitábamos. Tenía los ojos furiosos como un lobo y era justa como nadie más. Lejos de dejarnos morir, ella nos guiaría a vencer. 


Todos marcharíamos con ella hacia el bosque oscuro, donde su luz brillaría. Usaba una capa negra como la noche, hecha para una princesa de la oscuridad. Cuando entraba al bosque era como si la naturaleza estuviese de su lado.


Ella alejaría a los indeseados, ella destruiría esa oscuridad. Las oleadas de cuervos se irían volando lejos al norte, donde pertenecen. Y el bosque sería nuestro de nuevo. Su telar nos protegerá del gran señor, con su fuego profano, y si es necesario, marcharemos hasta la muerte en Migny.


Ella nos abrió los ojos para caminar sin cesar por el camino del soñador. Por un pueblo mejor, un pueblo libre.

— Y esa es la razón por la cual damos ofrenda todos los años. Después del invierno, La Jinete partió al oeste para comandar un grupo de guerra, pero murió en batalla. Desde esos tiempos, los linajes del gran señor han prohibido a las mujeres realizar cualquier tipo de trabajo físico. — Terminó la madre de Isaac. — Ahora levanta tus platos y vete a dormir. Mañana tienes que trabajar. — Dijo mientras se levantaba de la mesa. — Gracias mamá, te veo mañana. Y gracias por la historia. — Dijo Isaac con miles de preguntas en su cabeza.

Esa noche calurosa, Isaac se sumergió en un profundo sueño, donde él mismo marcho junto a La Jinete. Aquella oscuridad del norte se hizo luz y otra vez su pueblo podría añadir otro invierno a la lista. En su sueño, él fue Isaac, El Jinete.

El deseo de la noche sin estrellas

Volcan de Agua

El tiempo estaba terrible. Viajero había logrado dormir dos noches en una vieja posada, de aquellas que reciben y despachan errantes al por mayor, pero esta vez se había quedado sin dinero y no tuvo otra opción que dormir a la luz de la luna sin brillo, pues era noche de luna nueva y las estrellas dominarían los cielos nocturnos. Después de pasar por una vieja aldea y de escuchar a unos niños cantar, recordó que esa noche era especial, era única. Cuenta la leyenda que una vez al año, entre julio y agosto, los dioses lloraban y sus lágrimas caían en la tierra en forma de luces flamantes y fugaces. Aquellos afortunados que veían las lágrimas de los dioses caer, les era concedido un único deseo si lo pedían a tiempo. Viajero había escuchado esa leyenda cuando era niño pero nunca logró ver aquellas luces extrañas. Lo único que recordaba era aquella canción que recitaban a los niños en su pueblo:

Hoy cantan los Dioses, cuentan historias bellas,

Nos invitan a salir, a ver todas las estrellas,

¡Presta atención! La luna esta nueva,

Pero nunca olvides ver más allá,

Lejos, donde brillan las estrellas.

Viajero preparó su escaso equipaje y cruzo la pradera, rumbo al granero abandonado que había visto unos kilómetros atrás. Al llegar, comprobó que nadie se encontrara allí y decidió recostarse en el viejo catre que encontró al costado del granero. Cuando estuvo a punto de viajar al mundo de los sueños, recordó la canción de la noche sin luna y se levantó. Con paso lento, pero firme, subió al techo del granero y se recostó a esperar aquellas lágrimas, aquellos lamentos de los dioses, pero fue inútil. El cielo estaba bañado de gris y nada ni nadie haría que las nubes se fuesen de allí. Aun así, viajero quiso creer. En ese momento quiso tener ese don que muchos tienen pero que el carece, el don de la fe. Recuerda haberlo tenido pero su paso por el mundo había marchitado aquella flor con fuego ardiente, poco a poco, quemando hasta las más profundas raíces. Su deseo esta vez era fuerte, era de verdad, pero delicado a la vez. Como cuando agarras una mariposa, con seguridad para que no se escape pero no tan fuerte, para no matarla. En ese momento nada parecía imposible. Aun así, sin creer pero queriendo, viajero cerró sus ojos y buscó en lo más profundo de su corazón, y cuando lo sintió, lo pidió. Bajó del techo, se recostó de nuevo en el viejo catre y mientras la lluvia empezaba a caer, la imagen de ella se hacía más y más borrosa. El olvido se estaba apoderando de el nuevamente pero solo podía esperar. Esperar a que ese deseó se cumpliera, aquel deseo de la noche sin estrellas. 

El pueblo de Morth

Halo Lunar

El cielo no era el mismo de aquella noche. Hoy estaba gris y rugía con rabia mientras escupía relámpagos sobre el sucio pueblo de Morth. Cuentan las leyendas que antaño, Morth servia de paso para llegar a la vieja cuidad de Gril, y que allí se escondían los asesinos mas viles y despiadados. Sus habitantes se dedicaban a la venta de esclavos y de medicamento de segunda mano. Se dice que el hermano del rey Korr bajó al pueblo de Morth y contrató a los mercenarios élite del norte para que se encargasen de su hermano y así quedarse él con el trono del cono occidente. A cambio, le ofreció incontables riquezas al clan de asesinos. Esa misma noche, tres asesinos élite treparon hasta lo mas alto del castillo, buscando la habitación con la única luz prendida, pues el rey Korr nunca apagaba sus velas, no desde aquel día en el que fue maldecido por la dama de cristal. Lograron alcanzar la habitación y divisaron la sombra del rey, quien escribía tranquilo en su despacho, de espaldas a la ventana. Prepararon las famosas anclas de piedra, un instrumento asesino creado por los hombres del bosque que se activa con la sangre del portador, disparando un proyectil de piedra venenoso, pues si el portador logra un lazo de unión entre su sangre y la piedra de luna menor, esta se incrusta en su objetivo mientras desprende un poderoso veneno que ataca a el corazón en 10 segundos y corroe la piel. Mientras los tres preparaban sus armas, se vieron entre ellos, esperando el momento ideal. En un abrir y cerrar de ojos, crearon el lazo de unión a las anclas de piedra. Estas brillaban de un color morado oscuro, listas para destruir a su objetivo. Apuntaron a la silueta que se encontraba al otro lado de la ventana y activaron el ancla de piedra. El sonido fue ensordecedor y la reacción, fulminante. Entraron en la habitación por la ventana que acababan de destruir y lo vieron. El rey Korr yacía sobre el suelo, inerte sobre su propio charco de sangre. Se podía observar como el veneno succionaba cada centímetro de su piel, dejando en su camino solo los huesos del rey.

– Revisen la habitación. Tomen cualquier objeto de valor – dijo uno de los asesinos – pero rápido que la guardia real no tardara en venir.

– Hey, ¡Ven a ver esto! – dijo el segundo asesino, quien se encontraba revisando la túnica del rey – Su collar, ¡Mira su cuello!

El legendario collar del rey Korr temblaba sólo y brillaba rodeado de una luz blanca pálida, como cuando la luna es cubierta por una nube negra.

– Algo no esta bien aquí. Apresúrense y vayámonos, ¡PERO YA! – dijo el tercer asesino.

Los tres asesinos tomaron lo que pudieron y cuando se dirigían a la ventana, una silueta negra se levanto del suelo. El rey se encontraba de píe, sus ojos brillaban del mismo color que su collar mientras un ligero humo blanco corría sobre su boca. Con un delicado movimiento de su mano derecha, lanzo a los asesinos por los aires, al otro lado de la habitación.

-¡¿Quien los mando?! ¡Malditos hijos del mal! – dijo el rey Korr. – ¿Que acaso no saben que nadie puede matarme?

Uno de los asesinos podía sentir como el humo que desprendía el rey Korr se impregnaba en sus pulmones, causando un dolor inimaginable, como si mil agujas atravesaran su cuerpo al mismo tiempo. Estuvo a punto de desmayarse cuando pudo verlo, vio los ojos del rey en su mente. Los blancos ojos del rey desprendían un terror inigualable mientras escrutaban cada parte de su alma.

-Fue…. fue tu hermano…- dijo el agonizante asesino – Por favor…déjanos ir…

-¡MENTIRA! – dijo el rey – ¡DEMUÉSTRAMELO!

La mano del asesino se movió a voluntad del rey y ésta saco el pergamino de contrato, firmado con la sangre y huella de su hermano. El pergamino se desplazó por los aires hasta llegar al rey Korr, quien lo leyó con cautela. Mientras leía el contrato, su ira iba en aumento. El humo blanco que sostenía a los asesinos en el aire se puso mas denso y poco a poco fue destrozándoles los huesos mientras se retorcían de dolor y suplicaban al rey piedad. El rey, con la poca razón que le quedaba, se dirigió a la montaña que daba la cara al pueblo de Morth y desprendió su humo sobre todo el pueblo. Su voz se derramaba con el humo, así que todos podían escuchar sus palabras.

– Hermano mio, ¡me has traicionado! – dijo con furia – Se que te encuentras escondido aquí y por tu traición, el pueblo completo ha de pagar. Hoy contemplaran la maldición del rey, la maldición de la luna blanca.

El humo cubrió cada centímetro de la ciudad y poco a poco fue destruyendo los huesos de todos los habitantes, como si una roca gigante cayese lentamente sobre el cuerpo de cada persona. Pero el rey no se salió con la suya. La dama de cristal lo vigilaba siempre, y esa noche, observo su crueldad desde los cielos. Lo que no sabia el rey era que su hermano, Danis, ya no se encontraba en Morth, pues había zarpado hacia el sur unas horas atrás.

-Algún día la gente sabrá tu verdad, hermano. – dijo Danis mientras observaba desde el barco la ciudad de Morth, impregnada en humo blanco – Y cuando llegue ese día, allí estere yo, listo para destruirte.

Desde ese día, miles de almas rondan el pueblo de Morth. Cuentan que aún se puede sentir el humo blanco del rey, destrozando cada uno los huesos de las personas que osan pasar por allí. Pero eso no fue ningún impedimento para Viajero, pues el conocía todas las historias del mundo, y aunque toda leyenda tiene en sus raíces algo de verdad, el no les temía, pues ha caminado sobre la tierra por tantos años que ni el mismo puede contar. No sabia que iba a encontrar en la ciudad de Gril pero desde aquel sueño, sabia que tenia que llegar de una u otra forma. La dama de cristal lo llamo en sus sueños y después de tantos años, sentía dentro de si mismo que la volvería a ver. Mucho tiempo ha pasado desde que la vio, desde que la dama de cristal lo maldijo para siempre. Con su ropa sucia, una capa y un puñado de raíces en su bolsa, Viajero se adentro en el maldito pueblo de Morth…

Los buses de los símbolos extraños

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No recuerdo la fecha ni la hora, pero si el lugar. Recuerdo muy bien el avión que se encontraba a punto de aterrizar en aquel lugar desconocido, absorbido por la oscuridad de la noche y una cabina de pasajeros vacía. Recuerdo que eramos unas 30 personas en aquella bestia metálica, producto del gran ingenio humano. Salí del aeropuerto y un frío congelante me envolvió,  dándome la bienvenida a aquel país que desconocía. Pregunte a un taxi si me podía llevar al centro pero con los precios que andaba disparando, decidí tomar el bus, pues no podía darme el lujo de gastar dinero que no tenia. Entré de nuevo al aeropuerto “el cual no albergaba ni una sola alma ademas de los trabajadores”, y pregunte en información que me ayudaran con instrucciones de como tomar el bus. Si fuera maestro y la muchacha que me atendió fuera mi alumna, le pondría -100 en servicio al cliente, -50 en interés, -60 en simpatía y un gran 100 en mal servicio. Después de sacarle un poco de información con cuchara y de lograr que me diera un mapa, me dijo que tomara el bus en la parada de afuera y que luego de unos 30 minutos que me bajara a tomar el tren. ¿Suena fácil, no? Sales, tomas el bus, cuentas de minuto en minuto hasta llegar a 30 y te bajas a buscar un tren que supuestamente te llevara a tu destino. Si la vida fuese sencilla como a veces parece no existirían historias ni canciones ni éxitos que celebrar.

Salí del aeropuerto, caminé hacia la parada y me senté a soportar los -6°C que acompañaban la noche. A lo lejos note el bus, pues su pantalla LED alumbraba mas que el sol en las mañanas. Me puse de pié, tome mis maletas y me prepare para subir. Estuve a punto de entrar cuando atrás vi otro bus pero con símbolos totalmente distintos en la pantalla LED. Luego vi otro mas atrás con símbolos distintos al segundo bus y supe de inmediato que no era solo una parada de bus de aeropuerto, de aquellos que te llevan siempre a la ciudad, esta era distinta pues cada bus tenia un destino distinto. Me senté de nuevo, tomé el mapa e intente memorizar los símbolos de aquel idioma extraño que jamas en mi vida había visto y que jamas entenderé. Primer bus: no, este no es. Segundo bus; no, este tampoco. Tercer bus: puede ser pero ese símbolo no se parece del todo a este. Cuarto bus: Mm… tiene una combinación del primero y el tercero, pero no es el que ando buscando. Cabe decir que ya llevaba unos 40 minutos sentado, viendo buses pasar sin saber cual tomar. La preocupación empezó a abrazarme y poco a poco fui teniendo un poco mas de miedo que el minuto anterior. Pasó por mi cabeza tomar cualquier bus pero no podía darme el lujo de perderme y tener que dormir en alguna banca a -6°C con todo mi equipaje. Luego de unos minutos mas, logre memorizar el nombre de la ciudad al 100%. Con eso en mente, logre distinguir el bus entre todos los que pasaban y lo tomé. Aun no entiendo porque pero una sensación de tristeza se apodero de mi ser. Para mi los buses siempre serán como ventanas temporales del alma, donde reflexionas y ves pasar recuerdos y anhelos frente a tu nariz, pegados en aquellas ventanas. El paisaje tampoco me ayudaba mucho, la sombra de la noche bañaba aquella arquitectura gótica del lugar, la gente parecía estar de mal humor, cansada de la rutina del día a día. No pude contenerlo y mis ojos se empañaron, sumergidos en recuerdos y en el presente al mismo tiempo.

Buenas noches, ¿Esta ocupado el asiento?

Hola… No, para nada. Puedes sentarte. – Quité la maleta para que se pudiese sentar.

Muchas gracias! No eres de aquí, ¿verdad? ¿de donde eres?

Soy de Guatemala. Vengo solo como turista. 

Guatemala ehh… Que exótico! Vienes de muy lejos! 

Jaja, si, mas o menos…

Por cierto, mi nombre es Clara. 

– Mucho gusto Clara, yo soy Rodrigo. 

– Encantada! Disculpa mi ingles pero hace mucho que no lo practico.

Jaja y tu disculpa el mío porque en mi país el ingles no lo hablamos mucho.

No, no para nada! Te entiendo de maravilla. Dime, a donde te diriges? 

Mm.. pues según la pagina de internet del hostal, tengo que llegar aquí. – Le muestro el papel que había impreso cuando reserve la habitación.

Ah, conozco el lugar. Esta cerca del centro. ¿Sabes como llegar? 

– Pues la verdad es que no. Solo se que tengo que tomar un tren en 10 minutos y buscar el centro. 

– No, no! te tienes que bajar en la siguiente estación, tomar el metro y cambiar de linea después de unas cuantas estaciones. 

– ¿Estas segura? Que ahorita mismo preparo mis cosas para bajarme.

– Si, pero no te preocupes, yo te llevo.

– ¡¿De verdad?!

– Jaja mira como te ha cambiado esa cara larga que traías hace un rato. Sera un placer llevarte a tu hostal! Tal vez pasamos a comer algo en el camino! 

– Claro! como no! No tienes idea de lo agradecido que estoy Clara. Muchas gracias!

Y así nos bajamos del bus y tomamos el primer metro con dirección a la ciudad. Cambiamos de linea, llegamos al centro y caminamos por la ciudad riendo y platicando como si fuésemos amigos de toda la vida. Pasamos a una pizzeria tradicional, pedimos una de la casa y pasamos el resto de la noche entre trozos de pizza, cerveza y agua mineral. Poco antes de la media noche seguimos cuesta arriba y llegamos a mi hostal. Intercambiamos contactos para quedar algún otro día para tomar un café o unos tragos y nos despedimos, sin saber que jamas nos volveríamos a ver. A unas cuadras de desaparecer, se volteó y con una sonrisa me gritó:

-¡Bienvenido a Praga!

 

 

 

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Escapando de la realidad

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Hay días que me escapo a pensar. Después de hablar ingles todos los días y de tratar de seguir aprendiendo coreano, a veces necesito un par de horas para pensar en mi idioma natal. A veces agarro el tren y me bajo en cualquier estación que se encuentre cerca del centro, busco un cafe y me siento a escribir, como hago ahora mismo, mientras escucho a Saurom y me hablo a mi mismo para calmar un poco la locura. Cada día que paso sin hablar español, mas me gusta mi idioma natal. Juro que intentare sacar un DELE o algo parecido para enseñar español, y sobretodo, para conocer mas sobre mi lengua materna.

Me pregunto cuantas historias y canciones han nacido en este tipo de lugares…

 

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Un hasta pronto escondido entre las faldas de un adiós

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Te conocí una noche de diciembre y así como vine a tu vida, hoy me despido, me voy. Quisiera ver junto a ti un nuevo amanecer y encontrar esa canción que te prometí, aquella que juramos cantar juntos los 2. Quisiera poder robarle unos minutos mas al tiempo, solo para sentir la ilusión de eternidad una vez mas. Espero que algún día la ilusión roce tu corazón, ya sea conmigo o sin mi, y yo contigo o sin ti.

Si te sientes sola, solo recuérdame, que aunque no te pueda ver, siempre estaré allí. ¡Gracias! un adios, te quiero, hasta pronto…

P.D: Ya escribí sobre esto pero lo voy a volver a decir. Viajar y vivir no siempre es color rosa, a veces se torna gris, del gris mas oscuro, casi negro. Algunos se desahogan en un bar, otros con amigos, y algunos otros, como yo, escribiendo. Decir adiós nunca es fácil y me temo que el mas difícil de todos esta por venir. Así es la vida, llena de felicidad y melancolía, amores, desgracias, historias, amigos, despedidas y alguna que otra canción.

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Quizás en otra vida…

Halo Lunar

Mas de 3 lunas habían pasado desde aquella vez que la vio. El recuerdo se encontraba al borde del risco, listo para saltar y ser recordado solo cuando el corazón quisiese torturarse, pero no fue así. Cansado de las trivialidades y rutinas de la vida decidió viajar a otro reino, fuera de su mente, pues dentro de ella aun se encontraba aquella mujer que le quito el aliento en tiempos inoportunos. Poco a poco lo fue logrando pero al mismo tiempo se lamentaba de aquella noche, alumbrada por velas, colores y gente… Esa noche se dio cuenta que el sol, la luna y las estrellas conspiraban en contra de ellos, pero el lo sabia, sabia que el tiempo no era el correcto.

Quizás en otra vida… – Pensaba a menudo. Hasta que ahogo su imagen en el olvido, guardando solo aquello que le hizo feliz,  muy profundo dentro de su ser.

De vuelta a la rutina, rodeado de gente que lucha contra el tiempo cuando el sol esta por levantarse, o de ordenes, de esas que dan aquellos dueños de personas por 8 horas al día a cambio de recibir una cantidad de esos papeles mágicos que mueven sociedades enteras. Si, se encontraba de vuelta en el engranaje y lo sabia muy bien, solo había escapado de aquel mundo con ayuda de aquella mujer por un tiempo, y se había acabado mas rápido de lo que nunca imaginó. Ya no recordaba cuantas lunas habían pasado, ya le había dejado de importar pero como si de una conspiración se tratase, aquella tarde, la vio. Su sonrisa ya no eran un disfraz, lo notó inmediatamente al ver el brillo en sus ojos, iluminados bajo la luz artificial del farol. El no podía equivocarse, la tristeza que una vez invadió aquel ángel hecho mujer ha desaparecido totalmente. Se sintió feliz de verla así, y el momento se convirtió en eternidad hasta que el “adiós” cayo de nuevo, guardando el momento en recuerdo. Quizo engañarse pensando que el tiempo ya era el correcto pero lo único que vino a su mente fue: “Quizás en otra vida…”

 

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