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Marsala, pizza y un callejón en Roma

Roma

Era una noche lluviosa, muy lluviosa. Las gotas caían, la gente corría y los faroles alumbraban aquellos oscuros y viejos callejones romanos. No me había percatado que siempre que llego a un nuevo destino, llego de noche, cuando el sol esta durmiendo. Me gusta pensar que es para no hacer ruido y así despedirme de la misma forma de aquellas personas que se vuelven tan importantes en tan poco tiempo. Dicen que la vida esta hecha de victorias, derrotas y amor, despedidas y alguna que otra canción. Espere bajo el techo de la estación Roma Termini con la esperanza de encontrar mi posada con facilidad y así descansar del largo trayecto que había realizado unos días antes. De los lugares a los que he ido, no ha existido ocasión en la que no me haya puesto nervioso al pisar el suelo que estoy a punto de explorar. Viajar solo significa que no tienes a nadie cuando llegas. Nadie a quien acudir, nadie con quien compartir tu preocupación de estar perdido, nadie que te acompañe entre andenes y callejones, nadie con quien buscar el mercado local o el lugar mas barato para comer; y ese peso queridos amigos, vale por dos. No podía darme el lujo de comprar una sombrilla ni una capa para la lluvia, así que decidí sentarme un rato a buscar la dirección a la antigua, con un mapa y un lapicero. “Si pude usar google maps pero al no tener SIM, tenia que pegarme a un punto Wifi y bajar mapas. Digamos que no tuve mucha suerte con encontrar wifi abierto”.

Via Marsala, Via Marsala. Esta vez tenia que ser fácil, la calle se encontraba justo frente a mi nariz. Oh Via Marsala, si tan solo no me hubiese confiado aquella noche…A eso de las 8:20p.m la lluvia había disminuido un poco, lo suficiente como para caminar sin empapar mi ropa y mi mochila. Salí de la estación con las direcciones en la mente: “4 cuadras a la izquierda de la estación, 1 giro a la derecha, 2 cuadras, 1 vuelta a la izquierda y allí tendría que estar el callejón con el 9-B del hostal”. Las primeras 4 cuadras fueron fáciles, nada del otro mundo. Giré a la derecha y todo seguía bien, tal y como lo había planeado. Caminé las dos cuadras en línea recta y cuando estaba a punto de girar a la izquierda me di cuenta que no había nada mas. Solo una antigua y desolada iglesia, a oscuras en aquel callejón. ¡¿Como podía ser posible?! ¡Repase las calles, los nombres, las distancias y sabía que este tenia que ser el camino! Regrese a la intersección, dos cuadras atrás, y la lluvia se dejo venir con aquella intensidad que no te imaginas, como si se burlase de mi, evitando a que llegase a mi destino. Corrí hacia la tienda mas cercana y me resguarde en la parte de afuera. No pasaron ni diez segundos cuando el dueño de la tienda salio a regañadientes a decirme que me largase de allí, o al menos eso entendí yo por el gesto de sus manos, pues de italiano no se nada. Me dirigí rápido hacia la próxima tienda que encontré, una de alfombras y telas y que al parecer el dueño era hindú. Al verme en la parte de afuera, el hindú salio rápidamente a decirme que le comprara una sombrilla. Al negarme, me grito que si no iba a comprar algo, que me fuera de allí inmediatamente.

Me considero muy positivo con la raza humana. Pienso que somos muy capaces y que cada vez mejoramos como especie. Pienso que nos espera un futuro inimaginable, y no de la forma negativa. No es utopía, aunque se inclina por esas vías. Lastimosamente estas situaciones, y las que estoy por contar, me hicieron odiar a aquellas personas en ese momento. Aun no entiendo como es posible que exista ese tipo de gente…

Intente regresar a la estación pero me di cuenta que ya me encontraba perdido, no reconocía el lugar y la lluvia no cesaba. Logre ver un edificio que se encontraba en mantenimiento y me escondí de la lluvia debajo de unas estructuras de madera que se encontraban al lado de la acera. No me cubrían del todo pero era mejor que estar deambulando bajo el aguacero. 3 minutos, no para. 8 minutos, pruebo mi celular aun sabiendo que no tiene SIM, necesitaba creer en algo. 15 minutos, me siento en el barandal. 43 minutos…, aun no para. Un policía paso a la par mía y le pedí ayuda, preguntándole en ingles y en español si me podía ayudar con la dirección. Con mala cara se acerco, le entregué el papel arrugado y mojado y con 2 segundos de “medio” ver el papel, me dijo:

– I’m sorry, i don’t know…

Y con la misma cara de amargura me entrego el papel y siguió su camino. No lo podía creer, esto iba de mal en peor y mis ánimos ya estaban por los suelos. La noche empezaba a darle la bienvenida a las 10 y yo seguía escondido debajo de un trozo de madera en una esquina que no conocía. Ya exhausto, sediento y hambriento, la lluvia dejo de ser mi enemiga. Decidí regresar a la callé principal y seguir buscando, aunque llegase empapado, no me podía dar por vencido. Luego de caminar veinte minutos encontré la estación. No me preocupe por entrar, decidí seguir con lo que ya había empezado. Seguí la calle y tomé el mismo recorrido, solo que esta vez me tomaba unos 3 minutos en cada semáforo para identificar algún punto por si me perdía, iba saber como regresar. Luego de cruzar por aquí y por allá, ¡llegue al bloque de números que necesitaba encontrar! Caminé colina arriba y encontré el famoso y pequeño hostal al que llamaría hogar por unas semanas. Entré empapado, me registre y mientras esperaba, un italiano me dice:

– Oye, ¿de donde eres?

– Buenas noches, soy de Guatemala…

– Ahh… ¿Mexico?

– No, Guatemala, abajo de Mexico.

– Ah, la misma mierda. 

No se que cara puse al escuchar ese comentario pero todo mi odio y cansancio estuvieron a punto de romperle algunos dientes y de restregar su calva y deforme cabeza en el pavimento. Me encontraba a punto de responder la estupidez que había salido de su boca hace unos segundos cuando se disculpo y se fue rápidamente sin decir nada. Me encanta mi país y aunque esta repleto de problemas, siempre he levantado y levantare su nombre en donde sea que me encuentre. No como algunos vende patrias que yo mismo me he topado en el extranjero, negando sus orígenes, fingiendo que son de países vecinos con tal de no aceptar que son de Guatemala. Si existiese algún infierno, ese tipo de personas tendrían guardado un lugar muy especial. El recepcionista me entrego las llaves de mi habitación, la cual iba a compartir con 7 personas mas, y se disculpó por la actitud del dueño, ese calvo de cabeza deforme que acababa de insultar a mi patria hace unos minutos atrás. Tomé mis llaves, me dirigí a la habitación y mientras guardaba mis cosas,del baño salió una mujer, que sin saber, se convertiría en una persona muy especial para mi. Pero esa historia es para otros tiempos. Esa noche la vida me enseño a que las cosas siempre pueden salir mal, por mas que uno quiera controlar la situación, a veces simplemente no se puede. Tenemos que aprender a adaptarnos y a ver las cosas de otra manera, con otra mascara, pues al final somos nosotros los héroes de las mil caras.

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Los buses de los símbolos extraños

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No recuerdo la fecha ni la hora, pero si el lugar. Recuerdo muy bien el avión que se encontraba a punto de aterrizar en aquel lugar desconocido, absorbido por la oscuridad de la noche y una cabina de pasajeros vacía. Recuerdo que eramos unas 30 personas en aquella bestia metálica, producto del gran ingenio humano. Salí del aeropuerto y un frío congelante me envolvió,  dándome la bienvenida a aquel país que desconocía. Pregunte a un taxi si me podía llevar al centro pero con los precios que andaba disparando, decidí tomar el bus, pues no podía darme el lujo de gastar dinero que no tenia. Entré de nuevo al aeropuerto “el cual no albergaba ni una sola alma ademas de los trabajadores”, y pregunte en información que me ayudaran con instrucciones de como tomar el bus. Si fuera maestro y la muchacha que me atendió fuera mi alumna, le pondría -100 en servicio al cliente, -50 en interés, -60 en simpatía y un gran 100 en mal servicio. Después de sacarle un poco de información con cuchara y de lograr que me diera un mapa, me dijo que tomara el bus en la parada de afuera y que luego de unos 30 minutos que me bajara a tomar el tren. ¿Suena fácil, no? Sales, tomas el bus, cuentas de minuto en minuto hasta llegar a 30 y te bajas a buscar un tren que supuestamente te llevara a tu destino. Si la vida fuese sencilla como a veces parece no existirían historias ni canciones ni éxitos que celebrar.

Salí del aeropuerto, caminé hacia la parada y me senté a soportar los -6°C que acompañaban la noche. A lo lejos note el bus, pues su pantalla LED alumbraba mas que el sol en las mañanas. Me puse de pié, tome mis maletas y me prepare para subir. Estuve a punto de entrar cuando atrás vi otro bus pero con símbolos totalmente distintos en la pantalla LED. Luego vi otro mas atrás con símbolos distintos al segundo bus y supe de inmediato que no era solo una parada de bus de aeropuerto, de aquellos que te llevan siempre a la ciudad, esta era distinta pues cada bus tenia un destino distinto. Me senté de nuevo, tomé el mapa e intente memorizar los símbolos de aquel idioma extraño que jamas en mi vida había visto y que jamas entenderé. Primer bus: no, este no es. Segundo bus; no, este tampoco. Tercer bus: puede ser pero ese símbolo no se parece del todo a este. Cuarto bus: Mm… tiene una combinación del primero y el tercero, pero no es el que ando buscando. Cabe decir que ya llevaba unos 40 minutos sentado, viendo buses pasar sin saber cual tomar. La preocupación empezó a abrazarme y poco a poco fui teniendo un poco mas de miedo que el minuto anterior. Pasó por mi cabeza tomar cualquier bus pero no podía darme el lujo de perderme y tener que dormir en alguna banca a -6°C con todo mi equipaje. Luego de unos minutos mas, logre memorizar el nombre de la ciudad al 100%. Con eso en mente, logre distinguir el bus entre todos los que pasaban y lo tomé. Aun no entiendo porque pero una sensación de tristeza se apodero de mi ser. Para mi los buses siempre serán como ventanas temporales del alma, donde reflexionas y ves pasar recuerdos y anhelos frente a tu nariz, pegados en aquellas ventanas. El paisaje tampoco me ayudaba mucho, la sombra de la noche bañaba aquella arquitectura gótica del lugar, la gente parecía estar de mal humor, cansada de la rutina del día a día. No pude contenerlo y mis ojos se empañaron, sumergidos en recuerdos y en el presente al mismo tiempo.

Buenas noches, ¿Esta ocupado el asiento?

Hola… No, para nada. Puedes sentarte. – Quité la maleta para que se pudiese sentar.

Muchas gracias! No eres de aquí, ¿verdad? ¿de donde eres?

Soy de Guatemala. Vengo solo como turista. 

Guatemala ehh… Que exótico! Vienes de muy lejos! 

Jaja, si, mas o menos…

Por cierto, mi nombre es Clara. 

– Mucho gusto Clara, yo soy Rodrigo. 

– Encantada! Disculpa mi ingles pero hace mucho que no lo practico.

Jaja y tu disculpa el mío porque en mi país el ingles no lo hablamos mucho.

No, no para nada! Te entiendo de maravilla. Dime, a donde te diriges? 

Mm.. pues según la pagina de internet del hostal, tengo que llegar aquí. – Le muestro el papel que había impreso cuando reserve la habitación.

Ah, conozco el lugar. Esta cerca del centro. ¿Sabes como llegar? 

– Pues la verdad es que no. Solo se que tengo que tomar un tren en 10 minutos y buscar el centro. 

– No, no! te tienes que bajar en la siguiente estación, tomar el metro y cambiar de linea después de unas cuantas estaciones. 

– ¿Estas segura? Que ahorita mismo preparo mis cosas para bajarme.

– Si, pero no te preocupes, yo te llevo.

– ¡¿De verdad?!

– Jaja mira como te ha cambiado esa cara larga que traías hace un rato. Sera un placer llevarte a tu hostal! Tal vez pasamos a comer algo en el camino! 

– Claro! como no! No tienes idea de lo agradecido que estoy Clara. Muchas gracias!

Y así nos bajamos del bus y tomamos el primer metro con dirección a la ciudad. Cambiamos de linea, llegamos al centro y caminamos por la ciudad riendo y platicando como si fuésemos amigos de toda la vida. Pasamos a una pizzeria tradicional, pedimos una de la casa y pasamos el resto de la noche entre trozos de pizza, cerveza y agua mineral. Poco antes de la media noche seguimos cuesta arriba y llegamos a mi hostal. Intercambiamos contactos para quedar algún otro día para tomar un café o unos tragos y nos despedimos, sin saber que jamas nos volveríamos a ver. A unas cuadras de desaparecer, se volteó y con una sonrisa me gritó:

-¡Bienvenido a Praga!

 

 

 

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En busca del helado divino

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Era una lluviosa mañana en la que antaño fue la gran ciudad politeísta, hogar de héroes, científicos y filósofos, origen de leyendas, historias y canciones. Era Atenas, la ciudad de los dioses. Allí me encontraba, perdido en las calles de Makrigianni con el museo de la Acrópolis en mi horizonte, sin saber leer ni hablar griego, en búsqueda del templo de Zeus Olímpico, pues de allí se suponía que saldría el tour gratuito para el Partenón, emblemático templo dórico que se ha conservado a lo largo de tantos años, desde el 432 A.C y que se distingue fácilmente entre la bulliciosa y urbanizada ciudad de Atenas.

Jadeante, logre unirme al grupo del tour exactamente cuando estaba a punto de comenzar. El guía, a quien desafortunadamente no le recuerdo el nombre, era un historiador espartano con mucha energía y pasión al contar el pasado de su país. Nos dio un recorrido por las atracciones principales de la ciudad, pasando por el teatro de Dioniso, el templo de Atenea Niké , la acrópolis de Atenas, el templo de Hefestión para concluir en el mercado aledaño, repleto de gente, restaurantes y tiendas. Después de comer un par de auténticos Gyros en una calle en la que apenas cabía gente, decidimos regresar al hostal. Para ese entonces, ya habíamos armado un grupo con gente dispuesta a salir a conocer las calles de Atenas. En la vida siempre se encuentra uno con personas con quienes nos llevamos mejor que con otras, con las que hacemos “click”, como si el momento estuviese escrito en algún libro divino para que sucediese en el momento correcto. El grupo era así: Una neozelandesa, dos rusos, una suiza, un camboyano y yo.

Al llegar al hostal, platicamos un rato con el historiador para que nos recomendara lugares para visitar, de aquellos que tienes que ir de turista, los que no te puedes perder y que supuestamente quedaran guardados en tu mente por toda la eternidad.

– Si quieren una autentica aventura, alquilen un carro y busquen a Marcello, en la ciudad de Nauplia (Nafplio), y probaran el mejor helado artesanal que jamas hayan probado. La ciudad esta a unas 2 horas y pueden visitar muchos lugares mas en el camino. Cuando vengan de regreso, pueden aprovechar a visitar uno de los teatros mas antiguos de Grecia (Saca un papel y empieza a escribír los nombres de los lugares a los que tenemos que ir).

La combinación de helado, teatro y carro enganchó a los demás casi de inmediato. Sin dudarlo, fuimos a la tienda de alquiler mas cercana y apartamos el carro para el día siguiente. Ya que eramos 6 no salio muy caro, aunque yo hubiese preferido viajar en bus, claro. La mañana siguiente allí estábamos, listos para emprender nuestro viaje por carreteras que no conocíamos, con GPS en los celulares, ya que el carro no tenia, y el nombre “Marcello” apuntado en un papel. Yo maneje los primeros 40 minutos hasta que llegamos a la primera salida. Paramos a comprar provisiones y luego me dedique a platicar y a disfrutar el viaje en la parte de atrás del carro. Eso de manejar en Atenas es muy similar a Guatemala, la gente hace lo que se le da la gana con tal de avanzar primero, los motoristas conducen como se les da la gana y todos bocinan al son del trafico, como si eso fuese a mover los carros por arte de magia.

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Después de pasar por varios lugares turísticos, llegamos a las antiguas murallas de uno de los castillos mas importantes de Grecia, Acrocorinto. El castillo se encuentra en la cima de una montaña con vista al golfo de Corinto y con un templo dedicado a Afrodita en el lugar mas alto.  Según la leyenda, esta montaña pertenecía a Helios, quien después de una disputa con Poseidón tomó la parte elevada, según el veredicto de Hecatonquiro Briareo.

Decidimos subir hasta el templo de Afrodita, lo cual nos tomo mas o menos 40 minutos. No había absolutamente nadie, solo nosotros admirando la belleza del templo y del golfo de Corinto en el horizonte, imaginando como fueron las incontables batallas que se dieron en el lugar. Después de un tiempo en Acrocorinto, sabíamos que era hora de completar nuestra misión, ¡Encontrar a Marcello!

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Nauplia, ciudad originalmente egipcia, conquistada por Argos y con mas de 2000 años de antigüedad. Se encuentra en el golfo Argólico y su nombre deriva del hijo de Poseidón y Amimone, Nauplio. Al llegar a la pequeña ciudad lo primero que noté fue un castillo prominente en la parte elevada de la misma, rodeado de una gran muralla, como si gritase al mar que allí estaba el para proteger su tierra de aquellos que se atreviesen a entrar sin permiso. A eso del medio día, el calor y la brisa del mar nos invitaban a descansar frente al castillo, bajo la sombra de aquel sin numero de árboles de naranjo, pero no llegamos a descansar, llegamos a encontrar a Marcello, el famoso heladero. Aparcamos el carro en las diminutas calles de Nauplia y empezamos la búsqueda. Nos dirigimos al puerto principal y empezamos a preguntarle a la gente por Marcello. Todos lo conocían pero nos daban direcciones “dediles”, por lo que siempre parábamos en lugares escondidos de la ciudad, sin encontrar a Marcello. Después de 1 hora de constante búsqueda, encontramos a un local que hablaba ingles. Luego de contarle nuestra historia, decidió llevarnos él mismo a la famosa heladería de Marcello. Allí se encontraba, una pequeña tienda con colores peculiares sin ningún cartel en la parte de afuera que indicase que allí dentro vendían el helado hecho por los mismos dioses griegos. Entramos y en la cocina “que estaba a la vista de todos”, se encontraba un señor que ya rascaba los 60 años, moldeando y trabajando helado con una concentración que solo le pudo dar la diosa Hestia cuando emprendió su profesión de heladero. Concentrado en su trabajo, no dijo ni una sola palabra hasta haber terminado.

– Saludos mis amigos, ¿En que les puedo ayudar?

¡Buenas! Disculpa pero, ¿acaso tu eres Marcello?

– Ese mismo, pero ya no el de antes. Los años pegan, quiera uno recibir o no el golpe Jaja ¿Que los trae a la pequeña ciudad de Nauplia? 

– Bueno, como te lo decimos… Allá en Atenas nos recomendaron viajar hasta acá con tal de probar tu helado. Dicen que es digno de historias y canciones. Quien nos recomendo venir fue: (El nombre del historiador que no recuerdo).

– Jaja venga que no es para tanto. Nací en Italia y llevo mas de 45 años haciendo helado. Viaje por muchos países para tratar de dominar el arte y decidí quedarme en esta bella ciudad. Todos los ingredientes los compro yo mismo en el mercado y mi única ayuda es mi aprendiz, quien se encuentra ahora mismo en la parte de atrás. Por cierto, me alegra escuchar que él espartano se encuentra bien.

– Wow, ¿45 años haciendo helado? Disculpe don Marcello pero yo creo que mejor empiezo a probar todos los sabores que usted tiene aquí. 

– Jaja, ¡Vengan! Pasen y prueben todos los sabores, para que después puedan decidirse por uno en especial. 

Y así nos adentramos en su pequeña tienda, llena de bolsas e ingredientes, desordenada y con aquel aire nostálgico de un verdadero inventor. Nos dio de probar cada uno de los sabores que tenía, incluso su mas famoso: “Frutas del Mar”, que era una combinación de frutas cítricas con un toque de zarzamora de montaña y té verde que el mismo inventó. El sabor era indescriptible, la mezcla de ingredientes era perfecta y para un simple mortal como yo, era lo mas delicioso que había probado jamas en mi vida. Solo con ver el color del helado se me hacia agua la boca, por lo que decidí comprar el vaso mas grande y mezcle mas de 4 sabores a mi gusto. Con los helados en la mano, nos despedimos de Marcello, quien nos dio la bendición de los dioses, justo antes de seguir con su trabajo. Terminamos de comer nuestro helado en silencio, admirando el mar, las murallas del castillo y la belleza de la pequeña ciudad de Nauplia.

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Huevos ilimitados en 돈사마

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Hace poco tuve la oportunidad de visitar el restaurante 돈사마 (Don Sa Ma) , allí por Sincheon, en donde básicamente si ordenas algo en el menú, ¡puedes comer huevos ilimitados! Nosotros pedimos una sopa para acompañar y carne de cerdo, que si no mal recuerdo era lomo.

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Si tienes pensado venir a Corea y no te gustan las sopas, creo que vas a pasar un mal tiempo. No es que no puedas evitar la sopa pero casi el 80% de las veces que he comido, siempre, SIEMPRE se toma sopa. Así que a preparar el estomago para comer mucho vegetal y comida con toque picante. Sigo insistiendo que exageran un poco con lo de la comida picante… ¡No es tan picante como te lo pintan! Creo que comemos igual en Guatemala.

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Y para acompañar la comida, no podia faltar la famosa combinación de soju y cerveza, SoMac (소맥), jaja.

 

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Apsan y navidad sabor a té verde

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En corea, la navidad no es una tradición que se celebra en familia. Mas bien, es una fecha que se celebra en pareja. A donde sea que vayas, calles, restaurantes, sitios turísticos, lo que mas se ve son parejas. No solo es mi percepción si no que todos los amigos que conozco me han dicho lo mismo, la navidad es para parejas y los que no la tienen normalmente se la pasan quejando por eso, ¡y no solo los hombres! También las mujeres se quejan por no tener pareja en navidad. ¡Venga que yo estoy disponible! haha

El 24 de diciembre la muchacha encargada de mi proyecto decidió organizar una subida a la montaña Apsan y pasar un rato en el Parque Apsan de Daegu (대구앞산공원) y en la cima ver el atardecer y la ciudad bañada en luces de neón. La montaña es relativamente pequeña si la comparo con la subida al Volcán de Agua en Guatemala. Esta montaña solo mide 600 metros y se puede subir en teleférico. Quedamos de juntarnos con todos los estudiantes de intercambio en el centro y luego tomar un bus hacia Apsan, tomar el teleférico y bajar a pie al anochecer. Subir en teleférico cuesta 7000.00 Won “solo ida”, y se toma aproximadamente 10 minutos en llegar a la estación.

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Al llegar a la estación caminamos unos 200 metros hacia el mirador, que es una plataforma de madera en el filo de la montaña en donde puedes observar la ciudad. El clima no estaba muy bueno y casi no se podía ver debido a la neblina pero de igual forma decidimos ir a la cafetería que se encuentra arriba a esperar el anochecer.

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Además del café, probamos un como pincho de algún marisco que no recuerdo “lo siento, a veces se me olvidan los nombres”. Recuerdo que era de marisco por el sabor de la sopa. Después de que el sol se despidiera con sus últimos rayos sobre el horizonte, salimos de nuevo a la plataforma a ver la ciudad. Sin duda una vista excepcional. Para nuestra suerte ya se había despejado el cielo y el frío estaba soportable.

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Luego de bajar decidimos pasar a tomar algo caliente y a comer algo. Pasamos por una calle famosa por sus tiendas de café conceptuales y luego de ver algunas decidimos entrar a una con cierto toque elegante y pasteles algo extravagantes.

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Y así después de un trozo de pastel con sabor a té verde, a eso de las 10 de la noche decidimos partir hacia nuestras casas. Sigo sorprendido lo fácil que es transportarte aquí en Corea. Eso de tomar un tren algo tarde, 30 minutos después llegar a la estación y tener que caminar 15 minutos para llegar a casa sin tener que estar preocupado todo el tiempo por ladrones, asesinos y secuestradores es algo que no tiene precio en esta vida. No digo que en Corea no exista el crimen porque se que todo país lo tiene pero créame, después de vivir en Guatemala con la paranoia de que a cualquier hora del día te pueden quitar la vida por algo material, esto de caminar tranquilo es el cielo. Si tuviese la oportunidad, me vendría sin pensarlo a este país o a cualquier otro en donde se que si respetan el derecho a la vida.

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Así fue mi navidad del 2014. Una excelente experiencia con excelentes personas y un recuerdo que jamás se borrara.

¡Feliz navidad! Sobretodo a mi familia y a mis amigos que probablemente leerán esto y se seguirán preguntando el porque me encuentro tan lejos. Un abrazo y que estén muy bien.

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Shabu Shabu y viaje a Daegu

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¡Sigo vivo! El ultimo dia que estuve en Seoul mis amigos me llevaron a comer Shabu Shabu version Coreana, que según me explicaron es una receta japonesa adaptada a su gusto. Consta de un recipiente que contiene una sopa que se cocina en la mesa, agregando vegetales y carne con un corte delgado. Acompañado siempre de muchísimos platos que aun no se identificar. El nombre del restaurante es Mori Shabu y es un buffet completo, por lo que puedes servirte todo lo que quieras a un precio razonable.

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Luego de almorzar, era tiempo de ir al lugar de mi intercambio y conocer a mi familia coreana. Pensaba tomar un tren para Daegu pero uno de mis amigos tenia que viajar allí para ver a su familia, así que me ofreció llevarme en carro hasta mi destino. Tomo aproximadamente unas 4 horas pero el paisaje fue excepcional. Muchas montañas blancas y praderas bañadas del color del lomo de un armiño. Algo interesante es que hay paradas de descanso para bajar a estirar las piernas y tomarse un café.

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Después de 4 horas, allí me encontraba, en una estación de metro esperando a que llegara a traerme la familia que me estaría dando hospedaje y comida por mas de 6 semanas. Luego de un par de minutos se apareció a quien voy a llamar aquí mi “hermano coreano” y con mucha alegría me llevo hasta el apartamento de su familia. ¡Al entrar se encontraban todos esperándome!, y eso que iba ya algo nervioso. Mi familia temporal es de 6 miembros, 3 hermanas, 1 hermano, papa y mama. Ademas la noche de mi llegada invitaron al tío y al primo. ¡De verdad que querían conocerme!

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¿Podrían imaginarse llegar a una casa con esa cantidad de personas y que ninguno de ellos hable ingles, y tu no hables su idioma? Bueno, no es tan grave como suena. Todos se portaron muy amables conmigo y con ayuda de google translator y Naver, ciertas barreras se pudieron romper. Por el momento ya conocí a mis compañeras de intercambio, soy el único hombre y también el único que tuvo la suerte de encontrar una familia coreana. La otra semana empiezo clases de coreano los sábados y domingos así que creo que voy a estar ocupado un buen tiempo.

Finalmente conocí la Kyungpook National University, mejor conocida como KNU, donde fui invitado para el programa de intercambio y donde recibiré las clases de Coreano. Ademas conocí a la persona que me eligió entre todos los participantes y que ademas se ha portado super amable y atenta todo el tiempo.

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¡Hasta pronto!

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Una vuelta por Myeong-dong (명동) e Insa-dong (인사동)

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Luego de haber tenido un pequeño problema en el metro en donde mi tarjeta no funcionaba “me daba un error en las máquinas y con mi súper entendimiento de coreano, no tenia ni idea de que estaba pasando”, logre llegar a Myeong-dong, uno de los distritos comerciales principales en Seoul. Es como el paseo la 6ta pero mucho mas grande, seguro y con una cantidad de cafeterías tremenda. Si algo me he dado cuenta es que los Coreanos toman mucho café. Puedes encontrar cafeterías en cualquier lugar y no solo de un par de cadenas, como pasa en Guatemala, si no que la mayoría son distintas.

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Lo que mas se ve en esta calle llena de tiendas son: Ventas de ropa, zapatos, accesorios, maquillaje…etc. También se encuentran marcas de renombre y restaurantes de comida japonesa, coreana, y comida occidental. Claro, apuesto a que hay mas cosas pero al ser mi primera visita, posiblemente no me haya percatado de mas.

Luego del paseo por Myeong-dong, di una vuelta por Insa-dong que por cierto, para llegar allí me baje en la estación Anguk, salida 5. Insa-dong es un lugar donde se pueden encontrar cosas mas tradicionales y muchísimas galerías. Tiene muchos callejones que valen la pena explorar y ventas de comida, restaurantes tradicionales y cafeterías.

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Con el frío de la temporada aproveche a tomar un té de esos que tienen en los puestos callejeros y un pincho de pulpo y demás mariscos. Para mi sorpresa, el señor que atendía el puesto me pregunto el porque estaba en Corea. Luego de explicarle la historia que ya he contado en este blog “en ingles” y contarle que soy de Guatemala, ¡empezó a hablar español! Me contó que vivió en México mas de 7 años y que apenas había regresado a Corea.

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Así después de una pequeña platica, me dijo que en 1 año el calculaba que podía aprender Coreano. Si supiera que hasta el momento pienso que es un idioma súper difícil de comprender. De igual forma, a cierto punto, te motivan a seguir intentando. Prometo que el año entrante me meteré a clases porque esto de aprender como Tom Cruise aprendió Japonés en el ultimo samurai si esta complicado.

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 ¡Mas fotos aqui!

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Visitando el palacio Gyeongbokgung

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El palacio de Gyeongbokgung es uno de los sitios que no puedes perderte al visitar Corea del Sur. Es el palacio mas grande de los 5 que hay y aunque fue destruido durante la invasion japonesa, fue reconstruido unos siglos después.

Llegar a Gyeongbokgung es sumamente sencillo ya que hay una parada del metro con el mismo nombre. Una vez allí, de seguro que lo encontraras. No se como sera en verano u en las otras estaciones pero en invierno no hay mucha gente y no tienes que hacer colas para nada. Entrar cuesta 3,000 wones que son aproximadamente 20 quetzales y puedes ingresar a todo el palacio, incluyendo el Museo Folclórico Nacional de Corea.

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Algo que me intereso mucho fue los inicios de la cultura Coreana. Creo que en occidente la mayoría llegamos a saber que la cultura china es milenaria y que los Japoneses tienen relación con los samurai. Si te gusta leer y aprender, no puedes perderte la entrada a este museo, aquí te explican de forma resumida e interesante los inicios, progresos, caídas y mucho mas de la cultura Coreana.

El palacio es muy grande, tiene aproximadamente 40 hectáreas y esta lleno de jardines, estanques, y otras construcciones tradicionales.

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En la entrada se encuentran los guardias reales de la dinastía Joseon, los cuales realizan un cambio de guardia 3 veces al día. A las 10:00am, a la 1:00pm y a las 3:00pm. Entre esos horarios, es posible entrar y probarse los trajes que utilizaban los antiguos guardias de la realeza sin ningún costo.

En definitiva un lugar excelente para visitar. Toma tiempo, a mi me llevo aproximadamente unas 6 horas “ojo que a mi me gusta leer todo lo que veo en los museos”. Dentro del museo hay una tienda donde puedes comprar cafe o alguna otra bebida y por supuesto, una tienda de recuerdos.

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De Guatemala a Corea

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Como algunos ya sabrán, me encuentro en Corea del Sur realizando un intercambio cultural en la ciudad de Daegu. Ya que la diferencia de horarios entre Guatemala y Corea es abismal y hablar con la familia y amigos es mas complicado de lo que pensé, he decidido relatar aquí en el blog mis experiencias y vivencias durante mi estadía en el país asiático.

Todo empezó gracias a una oportunidad que surgió en AIESEC “en otra entrada hablare mas sobre esto”. La oportunidad era en Corea del Sur así que aplique, pase un par de entrevistas y finalmente fui seleccionado para realizar el intercambio cultural. Quien iba a imaginar que en menos de 3 semanas ya estaría listo para subirme a un avión y volar a lo mas lejos que jamas he ido. Claro, mi ruta no fue la mejor pero fue lo mas barato que pude encontrar. Primero viajaría de Guatemala a Panama. Luego esperaría aproximadamente 10 horas en el aeropuerto de Panama para tomar un vuelo de Panama a Francia, con 6 horas de espera en Charles de Gaulle para finalmente tomar un avión desde París hasta Corea del Sur, el cual se llevaría otras 10 horas en llegar. Créanme, ha sido de las peores experiencias que he tenido.

Lo único bueno fue que logre conseguir un pase VIP de Copa Airlines en Panama en donde hay snacks ilimitados, duchas y sillones “mas o menos” cómodos.

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Luego de sobrevivir a la tortura de aeropuertos y aviones, llegue a mi destino. Cabe mencionar que en cada uno de los aeropuertos me preguntaban y verificaban la carta de invitación del programa de intercambio. Mas sin embargo, una vez llegue a migración en Corea, ni me preguntaron, ni hicieron caras con respecto a mi entrada. ¡Pase Adelante!

El programa empieza exactamente el 20 de Diciembre por lo que tuve 3 días para conocer Seoul. Tuve la suerte de contactar a un amigo que conocí en Praga el año pasado y me comento que tenia un cuarto disponible para que pasara los 3 días. Ademas que me enseñaría lo mas que fuese posible en ese período de tiempo.

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Una vez instalado, Han, la persona que me dio estadía, tenia planeado con otros amigos el llevarme a una BBQ Coreana como muestra de bienvenida.

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La barbacoa consiste en una mesa con una parrilla en el centro en la cual tu cocinas tu propia comida. Claro, no podia faltar el Kimchi ni el Soju. Este ultimo es una especie de licor hecho con arroz con un sabor similar al vodka. La carne que preparamos era Bulgogi acompañada de una sopa de espinaca, arroz, y lechuga. ¡Todo estuvo muy bueno!

Al finalizar me toco ir al Dongdaemun Shopping Heaven a comprar un abrigo, ya que no traía ninguno conmigo y el frío estaba que congelaba hasta las llamas del infierno. Luego de conseguir uno a buen precio, pasamos todos por un cafe y luego pues a descansar y a recuperarme de esas infernales 30+ horas de sufrimiento.

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